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“Me da fiaca leer”: estrategias para que los chicos se reconecten con los libros en la era de las pantallas

En un contexto donde las pantallas compiten por la atención, la pedagoga María Victoria Alfieri propone claves para transformar la lectura en una experiencia compartida, significativa y atractiva para chicos.


chicos leen en el colegio

Estrategias para que los chicos y jóvenes vuelvan a los libros. - Créditos: Getty



En el Mes del Libro, una escena se repite en muchas casas y aulas: chicos que, frente a la propuesta de leer, responden con desinterés. En un contexto atravesado por estímulos constantes y pantallas que ofrecen gratificación inmediata, el desafío es claro: ¿cómo volver a hacer de la lectura una experiencia atractiva y significativa?

Para la referente en educación María Victoria Alfieri, la clave está en cambiar el enfoque. “La tecnología ofrece una recompensa inmediata con el mínimo esfuerzo cognitivo. Leer, en cambio, requiere un tiempo de espera y una construcción de imágenes mentales que no vienen dadas”, explica. Y suma: “Muchas veces la lectura se presenta como una tarea solitaria y silenciosa, lo que la vuelve menos atractiva para los chicos”.

La lectura como territorio vivo

María Victoria Alfieri, referente regional de la pedagogía Reggio Emilia.

María Victoria Alfieri, referente regional de la pedagogía Reggio Emilia. - Créditos: Prensa

Desde su mirada, inspirada en la pedagogía Reggio Emilia, es fundamental transformar la lectura en una experiencia compartida. “La biblioteca no debería ser solo un espacio donde se guardan libros, sino un territorio narrativo donde habitan historias, preguntas y encuentros”, señala.

Esto implica repensar tanto los espacios como las dinámicas: abrir la lectura al juego, a la conversación y a la participación activa.

Estrategias para transformar la “fiaca” en interés

Para que los chicos dejen de ser receptores pasivos y se conviertan en protagonistas, Alfieri propone distintas estrategias que pueden aplicarse tanto en la escuela como en casa:

  • Que los chicos gestionen su propia biblioteca: involucrarlos en la organización, clasificación y recomendación de libros genera sentido de pertenencia. Desde decidir qué títulos incluir hasta armar una “biblioteca ambulante”, el libro deja de ser un objeto impuesto y pasa a ser parte de una red de descubrimientos.
     
  • Convertir la lectura en un hecho social: romper con la idea del silencio absoluto. Leer en voz alta, compartir opiniones y hacer circular los libros entre compañeros o familiares ayuda a construir una experiencia colectiva.
     
  • Narrar para conectar: la narración oral —en distintos idiomas incluso— permite que los chicos se expresen, escuchen y resignifiquen historias. Es una herramienta potente para acercarse a la lectura desde otro lugar.
     
  • Sumar a las familias: “El hábito lector también se construye en casa”, sostiene Alfieri. Generar espacios de encuentro, charlas y reflexión sobre el valor de leer fortalece ese vínculo y acompaña el proceso.

Un cambio de mirada

Lejos de competir directamente con las pantallas, la propuesta es ofrecer algo distinto: una experiencia que invite a imaginar, crear y compartir. En ese sentido, iniciativas como el libro Travesías que transforman, que se presentará en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, buscan visibilizar nuevas formas de habitar la lectura y la escuela.

El punto de partida no es forzar el hábito, sino resignificarlo. Porque cuando la lectura deja de ser una obligación y se convierte en experiencia, el vínculo con los libros puede cambiar para siempre.

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