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10 preguntas para pensar tu felicidad y conectar con lo que realmente te hace bien

Entre la rutina, las exigencias y el ritmo acelerado, a veces cuesta frenar y preguntarnos qué nos hace felices. Una guía de preguntas íntimas para reflexionar sobre bienestar, vínculos, límites y propósito.


mujer descansando

Ideas reales para reconectar con vos, sin presiones. - Créditos: Getty



Un atardecer soñado, alguna delicia recién salida del horno, el abrazo de alguien que queremos, la sonrisa inocente de nuestros hijos... ¿Será como dicen, que la felicidad está realmente en lo pequeño y cotidiano, o, por el contrario, deberíamos ser un poco más ambiciosas e ir cada vez por más? ¿Por una salud sólida, por no tener preocupaciones económicas o por haber encontrado en esta vida nuestro verdadero propósito y vocación? 

Es un tema muy complejo y profundo a la vez. Aquello tan ansiado que llamamos felicidad es algo que todas buscamos, aunque, en el fondo, quizá no siempre tengamos en claro qué es. A veces parece estar en cosas simples como un encuentro con amigos o un momento de descanso, pero muchas otras la imaginamos como una meta grande, lejana e imposible de alcanzar.

La realidad es que, sumidas en nuestras rutinas, exigencias y el ritmo acelerado en que vivimos, detenernos a pensar en qué es lo que nos hace felices puede parecer un lujo. Sí. Pero quizá, sobre todo en este momento de sobrecarga de estímulos, sea muy necesario. 

Esta nota, entonces, es una invitación a frenar un ratito y explorar mediante algunas preguntas íntimas qué es realmente lo que significa ser felices hoy.

1 - ¿Estoy en paz con mi vida en este momento?

Por supuesto, entendemos que la paz absoluta y sostenida quizá sea algo utópico en el mundo actual, pero, tomando como parámetro aquellas cuestiones que para cada una de nosotras sean realmente importantes: ¿podemos decir que el cuadro general de nuestra vida nos transmite tranquilidad o se parece más a una montaña rusa llena de altibajos y estrés? Cuando abrimos los ojos todas las mañanas, ¿qué sentimos? 

Mas allá de los momentos puntuales en los que haya cosas incómodas por resolver, ¿podemos disfrutar el día, el trabajo, el intercambio con la gente que nos rodea o estamos mirando el reloj esperando que pasen las horas? La vida como carrera de postas o estructura de checklist es algo en lo que tendemos a caer con muchísima facilidad... sin darnos cuenta de que, mientras tanto, los años pasan, nuestros hijos crecen y todo es tan dinámico que corremos el riesgo de perdernos. Perder momentos, conexiones y situaciones repletas de instantes que son únicos y no van a volver nunca más.  

2 - ¿Cuán comprometida estoy con mi proceso de bienestar?

El concepto de felicidad es algo etéreo, y hasta momentáneo. Sí, casi como una emoción. Una emoción que se trabaja y cultiva con foco y dedicación. Entonces, ¿es posible construir una vida alineada hacia ese estado que queremos sentir? Claro que sí, pero es una tarea que nos interpela día a día en la cual se involucran todas las áreas. Porque... ¿cuánto y en qué medida nos adueñamos de nuestro propio, único e intransferible proceso de bienestar? ¿Cuán conscientes somos de las pequeñas decisiones que tomamos día a día que tendrán, sin duda, repercusión en este camino? 

Todas tenemos mochilas que traemos por historia, elecciones pasadas, genética o tradición, todas cargamos con heridas y áreas a trabajar. Y aquí lo importante es justamente no negarlo, sino, por el contrario, integrar. Y ser ambiciosas. Pero sobre todo, estar enfocadas y comprometidas con el proceso que sintamos que nos lleva hacia nuestra propia felicidad.

3 - ¿Mi entorno me permite ser yo misma?

Esta pregunta muchas veces puede ser incómoda, pero a la vez muy necesaria, ya que es clave que hagamos el ejercicio de saber si el entorno en que vivimos realmente nos permite ser quienes somos en nuestra esencia o si nos empuja y obliga a interpretar otras versiones para cumplir con las expectativas de los demás: la madre que nunca se cansa, la profesional que está para todo o quizá la femme fatale que nuestras parejas esperan encontrar cuando llega la noche o el fin de semana. 

Muchas veces, por experiencias pasadas, inercia o exceso de autoexigencia, terminamos viviendo una vida que dista bastante de sernos afín; y no porque la gente, lugares, trabajo o colegio que hayamos elegido estén mal. Tampoco porque nos hayamos equivocado. La cosa es mucho más simple: una encuentra el bienestar rodeándose de su tribu. Por eso, te proponemos un ejercicio interesante y revelador. Cerrá los ojos, hacé silencio y preguntate: ¿cuáles son las personas que me hacen bien?, ¿cuánto tiempo priorizo para estar con ellas? Y algo que siempre es oro: ¿cómo responde mi cuerpo a situaciones similares, pero con entornos de diferente afinidad?

4 -¿Trabajo o estudio en algo que me expande?

No todas tenemos la suerte de nacer con una vocación que podamos desarrollar con verdadera pasión. Pero aun así, y a pesar de esto, nuestras actividades diarias deberían al menos representar desafíos interesantes, momentos de creatividad y, sobre todo, expandirnos. ¿Qué más estimulante que sentir esas cosquillas provocadas por un estrés saludable que nos haga crecer y sacuda nuestras zonas de confort? 

Una presentación en otro idioma, un viaje de trabajo sorpresivo, un examen difícil pero sobre una materia que nos encanta... La vida, como la naturaleza, opera de acuerdo con leyes que expanden o contraen. Sintámoslo físicamente. ¿Cómo es en cada caso? Y si todo nos resulta rutinario y aburrido, entonces, ¿qué podríamos hacer para cambiar?

5 -¿Tengo tiempo para hacer cosas que me gustan?

Sí, claro, porque no todo se trata de tareas y obligaciones. El placer y el tiempo para cosas que nos hacen bien es tan o más importante, pero... ¿estamos dedicándole el espacio en nuestra agenda que realmente se merece? Amamos la juntada semanal con amigas, pero el cansancio postrabajo nos gana. Logramos anotarnos en aquel curso de pintura que buscábamos, pero, llenas de excusas, terminamos sin asistir. Sabemos que el gym nos hace bien y revitaliza, pero no conseguimos organizarnos para sostenerlo. ¿Y entonces? Entonces se nos pasan los días y las semanas tachando pendientes y añorando una escapada a la Luna o vender nuestra alma por un día de spa.   

Empecemos por lo simple. Puede ser salir a caminar, intentar ese cambio de alimentación que necesitamos, guardarnos un ratito para encontrarnos con una amiga o sorprender con algún plan distinto a nuestras parejas. Vayamos por lo mínimo, fácil y accesible, por la compañía de la gente que queremos y esas cosas chiquitas que, sabemos, nos hacen tanto bien.  

6 - ¿Cómo me trato: exigencia constante o con amabilidad?

Muchas veces nos hablamos desde un lugar estricto, como si solo a través de la autoexigencia pudiéramos avanzar. ¿Son formas aprendidas? Quién sabe, pero la realidad es que la mayoría de nosotras padece a esa vocecita que marca errores con rapidez, minimiza logros y empuja siempre a hacer más. Casi como si nunca fuera suficiente, como si tuviéramos que cumplir con algo que muchas veces no tenemos idea de qué es. 

El trato amoroso y empático con nosotras mismas quizá sea uno de los pilares más importantes en la búsqueda de lo que llamamos felicidad. Entendernos, aceptarnos, y hasta reírnos de nuestros propios errores como lo haríamos con aquellas personas con las que más paciencia tenemos. Ser nuestras propias cómplices y mejores amigas.

7 - ¿Cómo es mi relación con los límites?

Los límites, siempre, son una forma de cuidado, y en nuestra vida cotidiana funcionan como una guía que define y enmarca: hasta dónde doy, qué acepto, qué cosas necesito y cuáles otras no me hacen bien. Sin ellos, es fácil caer en el desgaste: decir que sí cuando, en el fondo, la respuesta es no, priorizar a otros dejándonos para después o tolerar situaciones que nos resultan incómodas. Y atenti, porque poner límites no es volverse distante ni egoísta. Todo lo contrario: es reconocer que nuestro tiempo, nuestra energía y nuestras emociones tienen valor. 

Es aprender a escucharnos y a actuar en coherencia. Muchas veces, esto implica incomodar al otro, y ahí aparece el desafío de lograr sostener el límite más allá de eso y sin culpa, entendiendo que cuidarnos es también una responsabilidad porque, finalmente, los límites no alejan lo valioso, sino que, al contrario, lo ordenan y hacen más sano.  

Por eso, te proponemos pensar: ¿en qué áreas de tu vida sentís que necesitás poner un poco más de límites? ¿O qué límites creés que tenés que sostener con vos misma? ¿Estás dispuesta a priorizarte a través de ellos?

8 - ¿Estoy en paz con mi vida en este momento?

La salud es la base de todo bienestar, y si ella falta, todo lo demás pierde importancia. Pero, sin ir tan profundo ni pensar en cuestiones graves, el bienestar físico juega un rol fundamental, ya que el cuerpo y las emociones no van por caminos separados. Es por eso que cuando descanso bien, me alimento de forma consciente, me muevo y no tengo dolores crónicos ni molestias permanentes, cambian mi energía, mi estado de ánimo y mi claridad mental. 

Cuidar el cuerpo es una forma concreta de autocuidado personal. Y no se trata de estética, mandatos sociales o exigencias, sino del simple hecho de estar conectadas y escuchar lo que necesita. A veces será una pausa; otras, más movimiento, descanso o un cambio en la nutrición. Solemos buscar la felicidad en grandes transformaciones o logros y pasamos por alto el impacto constante y silencioso que tiene en nuestra vida el hecho de, simplemente, sentirnos bien.

9 - ¿Estoy agradecida por la vida que tengo?

En la vorágine, es fácil quedar atrapadas en lo que falta: objetivos no alcanzados, cosas que no salieron como queríamos o comparaciones con los demás. La gratitud actúa como un cambio de lente: dirige la atención hacia lo que sí hay. Hacia lo que está presente, hacia lo que ya logramos. Y esto, claro, tiene un efecto directo y efectivo en nuestro bienestar emocional. 

No es negación, es equilibrar la mirada para nutrirnos de lo que tenemos y poner el foco en el vaso medio lleno. Podemos hacerlo como ejercicio todas las mañanas anotando 4 o 5 cosas por las que estemos agradecidas, apenas nos despertamos, en un papel. Es un hábito sencillo, que no lleva tiempo y tiene un enorme efecto.

10 - ¿Qué y cuánto tengo pendiente?

La lista de pendientes que tenemos suele tener kilómetros, pero lo más curioso es que, en la mayoría de los casos, nos llenamos de excusas para que siga siendo así. Porque no es el mejor momento, porque “¿te parece, justo ahora?”, porque “quizás el año que viene estoy con más tiempo”... La mala noticia es que nada suele resolverse por sí mismo. 

La buena es que casi siempre estamos a tiempo de poner el cuerpo y actuar. Y hacer ese viaje soñado, aunque signifique usar ahorros; y tener esa conversación incómoda que seguramente va a traer consecuencias, pero nos va a liberar; y cambiar de trabajo a pesar del vértigo y la incertidumbre. Porque vivir con la mochila llena de temas no resueltos no solo intoxica, sino que, además, ocupa lugar y energía. 

PARA LEER: La hipótesis de la felicidad, de Jonathan Haidt (Planeta)

PARA LEER: La hipótesis de la felicidad, de Jonathan Haidt (Planeta)

La hipótesis de la felicidad, de Jonathan Haidt (Planeta) - Créditos: Prensa

¿Cómo vivir una vida plena? ¿Cómo dar sentido a la existencia? ¿Cómo alcanzar la felicidad? Desde los albores de la filosofía y la religión, las grandes preguntas han sido siempre las mismas. Durante siglos, pensadores de Oriente y Occidente han ofrecido respuestas diversas, desde los textos sagrados de la India y China hasta los filósofos griegos, los profetas bíblicos y el legado islámico. Jonathan Haidt propone en este libro un método singular: leer la sabiduría de la tradición a la luz de la investigación científica más reciente. El resultado es una guía fresca y rigurosa que revela cómo esas filosofías milenarias siguen siendo válidas para orientar nuestra vida, combinándolas con las evidencias de la ciencia actual.
 

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