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El ocio como resistencia: por qué desconectar es clave para el bienestar hoy

En una cultura obsesionada con la productividad, recuperar el ocio y desconectar se vuelve un acto de resistencia que mejora el bienestar y la conexión personal.


mujer en el parque descansando

El ocio como resistencia: por qué desconectar es clave para el bienestar hoy - Créditos: Getty



Vivimos en un monumento a la productividad. Pareciera que, si no estamos “haciendo algo útil”, estamos perdiendo el tiempo. Convertimos el descanso en un déficit, un hueco que hay que llenar, optimizar o, peor aún, justificar. Nos acostumbramos a pensar que trabajar se opone a disfrutar, cuando, en realidad, el ocio genuino es la única forma de volver a conectar con lo que de verdad deseamos.

Hoy, el tiempo libre ya no es un espacio de libertad. Como dice Zygmunt Bauman, nos convertimos en consumidores antes que en personas. Si nuestro descanso no es una experiencia que se pueda comprar, fotografiar y subir a redes, nos da angustia de vacío. Ya no nos preguntamos “¿qué quiero hacer?”, sino “¿qué debería estar haciendo para no quedar afuera?”.

A esto se suma la trampa de estar siempre disponibles. Al acelerarse todo, la expectativa de respuesta es inmediata. Como explica Hartmut Rosa, la digitalización borró los límites entre lo público y lo privado. Las pantallas y el scroll infinito absorben nuestra atención en una exigencia de “productividad estética” constante que nos impide pausar. Sin ese silencio del sistema, perdemos la capacidad de conectar profundamente con nosotros mismos y con los demás.

 

Esta conexión permanente nos está dejando solos, incluso cuando estamos acompañados. Por eso, recuperar el ocio es un acto de resistencia. Frente a la saturación virtual, el deseo real surge en el contacto cara a cara, en la calidez de la presencia que no está mediada por un algoritmo.

Freud ya nos advertía que el malestar en la cultura surge de las renuncias que hacemos para convivir. Hoy, el malestar no es la represión, sino la prohibición de desconectarnos. El síntoma actual es el agotamiento: estamos asfixiados por la obligación de rendir sin interrupciones. El verdadero bienestar no se encuentra en acumular logros, sino en habitar esos espacios de “no hacer”, donde finalmente nos reencontramos y, desde el encuentro humano auténtico, volvemos a desear.

¿Estamos eligiendo cómo vivir nuestro tiempo o simplemente estamos gestionando nuestro cansancio? Si pudieras detener el reloj por una hora hoy, sin culpa y sin celular, ¿qué es lo primero que harías? Si esta temática te resuena, ya es un comienzo para empezar a hacerse cargo.

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