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Cuidarte no es lo mismo que consentirte (y entenderlo puede cambiarlo todo)

Aprender a diferenciar entre alivio inmediato y autocuidado real es clave para sentirte mejor de forma sostenida y construir hábitos que te acerquen a tu bienestar.


mujer hace pilates

Cuidarte no es lo mismo que consentirte (y entenderlo puede cambiarlo todo) - Créditos: Getty



Es una característica muy humana querer sentirnos mejor… ya.

Un día largo.
Una emoción incómoda.
Cansancio.
Ansiedad.

Y entonces aparece el impulso:
“Me merezco esto.”
“Necesito desconectar.”
“Hoy hago lo que sea para sentirme mejor.”

Y muchas veces, eso que elegís, aunque se siente como cuidado, no siempre lo es.

El problema no es lo que hacés. Es desde dónde lo hacés.

Consentirte no está mal.
El problema es cuando lo confundís con cuidarte.

Porque no son lo mismo.

Consentirte suele responder a un impulso.
Cuidarte responde a una necesidad.

Y esa diferencia cambia todo.

 

Impulso no es necesidad

El impulso busca alivio inmediato.
Es rápido.
Es automático.
Es reactivo.

Dormir una hora más… y no ir a pilates, cuando sabés que moverte te iba a hacer bien.
Abrir la heladera por aburrimiento y comerte ese pedazo que sobró del día anterior, sin hambre, obvio.
Quedarte scrolleando en el celular sin dimensionar el paso de las horas… aunque estabas agotada y necesitabas dormir.
Decir “mañana empiezo”… una y otra y otra vez.

¿Sabés qué? No es falta de voluntad.
Es que, en ese momento, tu sistema quiere salir de lo que siente. Es un mecanismo que te sirve para evitar una emoción, un pensamiento o una situación determinada.

La necesidad, en cambio, es más honesta.
Aunque no siempre sea la más fácil.

Ir a pilates, aunque te cueste salir de la cama.
Elegir qué comer, en lugar de comer en automático.
Dejar el celular y dormir.

Hacer algo chiquito, pero sostenerlo.

Eso es cuidado.

 

Alivio no es lo mismo que cuidado

Hay cosas que alivian… pero no cuidan.
Y ahí suele haber mucha confusión.

Abrir la heladera puede parecer disfrute…
pero muchas veces es aburrimiento, cansancio o ansiedad disfrazada.

Quedarte en la cama puede parecer descanso…
pero a veces es evitar arrancar.

No ir a entrenar puede parecer que te estás escuchando…
pero también puede ser seguir desconectada.

La acción es la misma.
Lo que cambia es desde dónde la hacés.

El alivio te saca del malestar un rato.
El cuidado te deja mejor después.

 

El autoengaño más común

Decirte que te estás cuidando… cuando en realidad te estás evitando.

Porque suena más amable.
Porque es más cómodo.
Porque nadie te enseñó a distinguirlo.

Pero, cuando lo empezás a ver, no podés dejar de verlo.

Entonces, ¿cómo empezás a cambiar esto?

No con más exigencia.
Sino con más claridad.

Antes de elegir, probá esto:
¿Esto que estoy por hacer me alivia… o me cuida?
¿Es un impulso o una necesidad?
¿Cómo me voy a sentir después?

No para retarte.
Para empezar a elegirte mejor.

No se trata de dejar de consentirte

Se trata de no usarlo como reemplazo del cuidado.

Porque, cuando empezás a cuidarte de verdad:
tenés más energía,
te sentís más estable,
dejás de empezar y abandonar todo el tiempo.

Y algo clave:
ya no necesitás escaparte de vos.

Una pregunta

¿Y si lo que te incomoda no es falta de motivación…
sino dejar de disfrazar de cuidado cosas que, en el fondo, te están alejando de cómo querés sentirte?

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