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Del estrés adolescente al burnout adulto: por qué es clave intervenir antes de la crisis

Especialistas advierten que muchos trastornos comienzan antes de los 25 años y pueden derivar en estrés crónico y burnout en la adultez si no se detectan a tiempo. Claves para intervenir desde la prevención y el autocuidado.


Del estrés adolescente al burnout adulto: por qué es clave intervenir antes de la crisis

Del estrés adolescente al burnout adulto: por qué es clave intervenir antes de la crisis - Créditos: Getty



Cada 2 de marzo se conmemora el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, una fecha que invita a poner el foco en la salud emocional en una etapa atravesada por profundos cambios físicos, sociales e identitarios. Es un mes oportuno para reflexionar sobre este tema.

Los especialistas advierten que los desafíos no se limitan a la adolescencia: muchos trastornos comienzan antes de los 25 años y pueden extenderse a la adultez si no se detectan y abordan a tiempo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 5 adolescentes presenta un trastorno mental antes de los 18 años. UNICEF señala que el 9% de los jóvenes de entre 13 y 17 años reporta sentirse deprimido y el 13% angustiado.

En paralelo, un estudio reciente de Bumeran indica que 9 de cada 10 trabajadores argentinos manifiestan algún síntoma de estrés laboral, especialmente entre los 26 y 50 años. Allí, el 47% afirma que el estrés es la principal causa de deterioro de su bienestar emocional.

Adolescencia: una etapa crítica

“La adolescencia es un período crítico. No solo por los cambios propios de la edad, sino porque hoy los jóvenes enfrentan factores de estrés más intensos, constantes y difíciles de gestionar”, explica el Lic. Emiliano Ghietto (MP 2962), psicólogo de Prevención Salud.

A la presión académica y social se suma la hiperconectividad. “Vivimos en una era de inmediatez, donde la comparación permanente y la exposición pública se amplifican a través de las redes sociales, lo que incrementa la vulnerabilidad emocional”, agrega.

Aunque los cambios de humor forman parte del crecimiento, cuando ciertas conductas se sostienen en el tiempo pueden ser señales de alerta.

Señales a tener en cuenta en adolescentes:

  • Alteraciones persistentes del sueño
  • Irritabilidad frecuente
  • Aislamiento social
  • Bajo rendimiento escolar
  • Pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban

Generar espacios de diálogo donde el joven se sienta escuchado sin juicios es un primer paso. Si los cambios afectan su vida cotidiana y se prolongan, es momento de consultar con un profesional.

Cuando el estrés se vuelve crónico en la adultez

La presión constante no desaparece con el paso de los años. En muchos casos, se transforma. Según datos recientes, el 24% de los adultos siente que la mayoría de los días no puede relajarse después del trabajo y que le cuesta cada vez más iniciar una nueva jornada laboral.

“El burnout suele manifestarse con agotamiento físico y emocional constante, sensación de ineficacia, dificultad para desconectarse del trabajo e irritabilidad. Identificar estas señales tempranamente permite intervenir antes de que el impacto sea mayor”, señala Heacleff Gutierrez, Director de Asuntos Médicos en Opella.

Estudios de la Universidad Siglo 21 muestran que los niveles más bajos de burnout se registran entre jóvenes de 18 a 29 años, mientras que el grupo de 30 a 49 años presenta los descensos más marcados en bienestar.

La hiperconectividad también juega un rol central. La jornada laboral ya no termina al salir de la oficina: los mensajes, notificaciones y pendientes invaden el tiempo de descanso. “Hay una naturalización del estrés. Muchas personas viven en modo alerta permanente”, advierte Ghietto.

Autocuidado y prevención: intervenir antes de la crisis

Los especialistas coinciden en que la clave está en actuar antes de que el malestar escale. El autocuidado no es un lujo, sino una herramienta preventiva.

Algunas recomendaciones:

  • Fomentar espacios de escucha activa sin minimizar el malestar.
  • Evitar naturalizar el estrés constante.
  • Promover hábitos saludables: sueño adecuado, actividad física y tiempos de descanso.
  • Establecer límites saludables en el uso de dispositivos digitales.
  • Registrar señales corporales y emocionales.
  • Consultar con un profesional ante los primeros signos de alerta.
  • Hacer pausas breves cada dos o tres horas, moverse durante la jornada, mantener una hidratación adecuada, no saltear comidas y respetar horarios de descanso son pilares de un bienestar sostenible.

“Tomar las riendas de la propia salud mental implica registrar lo que sucede a nivel emocional y físico, establecer límites y pedir ayuda cuando es necesario”, destacan los especialistas.

En un contexto donde la exigencia parece permanente, hablar de prevención es fundamental. Intervenir a tiempo —en la adolescencia o en la adultez— no solo evita crisis mayores: también permite construir una relación más saludable con el trabajo, el rendimiento y las propias expectativas.
 

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