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5 motivos por los que caminar es mejor que correr: ¿cuál es la hora ideal para hacerlo?

En tiempos en los que más rápido es mejor, el running creció exponencialmente, pero tanta prisa puede pasar por alto las ventajas de una actividad tan placentera como intrínseca el ser humano, caminar. ¿A qué hora es mejor hacerlo?


Caminar: ¿por qué es mejor que correr?

Caminar: ¿por qué es mejor que correr? - Créditos: Getty



Se corre en las plazas, se corre en los parques, se corre en los gimnasios. Antes de ir a trabajar, en el descanso, al finalizar el día o antes de dormir. Se corre para estar en forma, para superarse, para desestresarse. La vida va cada vez va más rápido y cada vez más gente corre detrás. Ese ritmo frenético pasa por alto que, tal vez, correr no sea lo mejor, porque los premios de bienestar y superación que prometen correr pueden estar más cerca de lo pensado tan solo con caminar.

Cuando menos es más, caminar esconde beneficios que correr oculta. ¿A qué hora conviene hacerlo? Un estudio de investigadores de la Universidad de Limerick de Irlanda y luego publicado en el National Library of Medicine (NIH) mostró cuándo es más propicio salir a caminar, como un elemento clave para mantener una rutina de ejercicios consistente y efectiva.

El estudio reveló que la mejor hora para salir a caminar siempre será luego de ingerir alimentos. Independientemente del momento del día del que se trate: hacer la digestión mientras se camina favorecerá el proceso y, además, disminuirá el riesgo de malestar estomacal.

A continuación te presentamos 5 miradas sobre las diferencias entre correr y caminar. Cada quien luego, descubrirá cuáles responden mejor al latir de su propio cuerpo.

1 - Requiere menos esfuerzo

Parece una obviedad, pero hay algo más profundo detrás. Cualquier actividad, correr, caminar, saltar la soga o bailar flamenco, aumenta su valor en la continuidad. Es decir, los beneficios se ven realmente a largo plazo, cuando se puede sostener en el tiempo y genera un aporte a lo largo de años. Ineludiblemente correr requiere un esfuerzo mayor al de caminar, no solo físico, sino ­(principalmente) mental. Sostener ese esfuerzo en una actividad cíclica es todo un desafío, que, al principio puede ser visto como un reto a la mente, pero luego tal vez sea una carga. A veces, no llega más lejos quien va más rápido, sino quien va más tiempo.

2 - Genera menos posibilidades de lesión

La contracara que oculta correr son las lesiones. Una actividad que puede iniciar casi cualquier persona, en cualquier momento de su vida, con casi cualquier estado físico no siempre es una buena noticia. Muchas veces, se empieza a correr sin estar preparado, tapado por generar entusiasmo, bienestar, hasta euforia. Pero las articulaciones, los tendones y los músculos no siempre comparten esa alegría. A veces, el cuerpo llega a adaptarse al nuevo requerimiento; otras veces, no. Y se lesiona. Estudios en miles de corredores indican que el 50% sufre al menos algún tipo de lesión al año. Caminando este riesgo es casi inexistente. Más allá de tropezarse con una baldosa rota, caminar es una actividad de ínfimo peligro, mucho más amigable con el cuerpo que correr.

3 - Se puede practicar en más lugares

Casi por cualquier lugar se puede caminar, no así correr. A veces, las plazas o los parques quedan lejos y no es cómodo andar corriendo por veredas transitadas. En cambio, el caminar se puede hacer en cualquier superficie más o menos horizontal. Traspasar la puerta del hogar es iniciar la caminata: se puede salir para cualquier lado, por lugares familiares o descubrir nuevos rumbos. Incluso para quienes quieren evidenciar progresos, generar cambios medibles hay varias aplicaciones de celular o relojes que cuentan los pasos, para sumar pisadas en cualquier rincón.

Casi cualquier lugar de la ciudad permite caminar.

Casi cualquier lugar de la ciudad permite caminar.

4 - Es más versátil

Correr demanda un inicio y un final estipulado, en un circuito para tal fin. En cambio, se puede caminar rumbo al trabajo, de pasada hacer un par de mandados, o bien de regreso a casa. Bajarse un par de paradas antes del colectivo o del subte y simplemente caminar. Corriendo ya es más complicado. Caminar permite mezclarse con el resto de obligaciones cotidianas hasta casi pasar inadvertida, pero permeando los beneficios de la actividad. No solo a nivel físico, también dando una pausa entre el sedentarismo y el estrés, para reencontrarse con el cuerpo caminando.

5 - Se necesita menos preparación física

La realidad es que muchas menos personas de lo que creen están preparadas para correr. Y esto se ve plasmado en las lesiones. En cambio, casi cualquier persona sin entrenamiento puede caminar, por supuesto que cada una lo hará a su ritmo. Esto no quiere decir que sea una actividad sin efectos en el cuerpo. Al contrario, caminar puede consumir grasas almacenadas, ayuda a que el sistema cardiovascular se active y fortifique, como así también colabora a eliminar el colesterol perjudicial para el organismo. También fortalece huesos y articulaciones, fundamental para las mujeres que ingresan a la menopausia. 

Caminar y correr no son actividades opuestas e incluso es muy sano integrarlas. A veces, el que camina piensa que no puede correr. A veces, el que corre cree que no debe caminar. Más allá de creencias, la realidad es que el cuerpo tiene tiempos propios. No es cierto que la mente todo lo pueda, al menos no de forma instantánea. Los músculos, articulaciones y tendones necesitan una progresión para adaptarse. Ese camino siempre es más accesible caminando. Ya luego los pasos terminarán adonde quieran, pero mientras disfrutarán el camino.

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