
Manifestar para volver a vos: cómo reconectar con tu poder personal en tiempos de cansancio
Entre el agotamiento, la sobrecarga mental y el piloto automático, muchas sentimos que nos perdimos de vista. La manifestación, lejos de ser magia, aparece como una herramienta interna para alinear pensamiento, emoción y acción y crear una vida más auténtica.
20 de enero de 2026

Manifestá tu poder - Créditos: Getty
En un contexto de agotamiento, sobrecarga mental e incertidumbre, muchas sentimos que funcionamos en piloto automático, reaccionando más que eligiendo. Entre la multitarea, las demandas y la falta de pausas reales, recuperar el centro se volvió urgente. Y ahí aparece la manifestación, no como una fórmula mágica para “atraer” cosas, sino como un camino para volver a una misma.
En esta nota retomamos los conceptos de Manifiesta tu poder, de Alison Davies, quien propone entender la manifestación como un proceso interno de coherencia y conexión con tu propósito. Implica hacer silencio y reconectarnos con el poder personal: ese espacio interno desde el que podemos crear, decidir y dirigir nuestra vida con más claridad. La manifestación te da una brújula interna: un modo de alinear pensamiento, emoción y acción para darle forma a una vida más auténtica. Porque incluso en medio del caos, siempre podemos volver a empezar.
¿Cómo funciona?
Aunque el arte de la manifestación se popularizó después del éxito de El secreto, de Rhonda Byrne, sus raíces son mucho más antiguas. Surgió formalmente dentro de la filosofía del Nuevo Pensamiento, un movimiento espiritual del siglo XIX en Estados Unidos, pero muchos de sus principios ya estaban presentes en tradiciones ancestrales como el hinduismo y el chamanismo.
Según Alison Davies, “la manifestación consiste en transformar tus sueños en realidad cambiando tu mentalidad y utilizando el poder del pensamiento positivo”. Es un proceso profundo que requiere compromiso, acción y una coherencia entre mente, cuerpo y hábitos. Muchas veces afirmamos que queremos algo, pero en el fondo deseamos otra cosa; por eso, parte del trabajo es identificar qué es auténtico y qué es externo.
No es magia
Puede parecer que basta con escribir un deseo en un papel, prender una vela o armar un vision board para que las cosas sucedan. Pero la manifestación no funciona así. No es magia ni pensamiento ilusorio: es un camino interno de claridad, intuición y foco. Tal como plantea Davies, manifestar significa colaborar con el universo para cocrear la vida que deseás. Requiere estar atenta a las oportunidades, abrirte a lo inesperado y confiar en tus procesos, aun cuando aparezcan obstáculos.
En un mundo hiperestimulante, mantener la atención es un desafío. Vivimos buscando el “gran logro”, cuando, en realidad, la manifestación se construye con pequeñas acciones consistentes que le dan energía y dirección a lo que queremos. Es sostener una intención clara y nutrirla con paciencia, sin dejarnos llevar por la urgencia.
La motivación
No se trata solo de “lograr cosas”, sino de entender por qué deseamos lo que deseamos. ¿Dónde te imaginás en cinco años? ¿Qué pasos concretos podés dar hoy para acercarte a esa visión? No hay nada malo en querer abundancia económica (¡todas quisiéramos!), pero nada va a cambiar si esperamos que el dinero caiga del cielo.
Primero, es importante indagar en el motivo: ¿querés mudarte?, ¿viajar?, ¿sentirte menos estresada? Cuanto más clara sea tu motivación, más fácil será avanzar. El universo responde cuando alineamos pensamientos, emociones y acciones. Si querés mejorar tu economía pero no tenés hábitos financieros sólidos, podés empezar por aprender sobre finanzas personales, ordenar tus cuentas y, en paralelo, aplicar técnicas de manifestación para abrirte a nuevas oportunidades.
“Así enviás un mensaje poderoso de que sos una persona preparada para recibir más”, explica Davies. Manifestar es elegir con intención y sostener ese deseo con acciones.
Pequeños desafíos
La manifestación solo funciona cuando realmente creés en lo que estás haciendo. Por eso, es muy importante construir autoconfianza y establecer metas pequeñas y alcanzables. Es como cuando empezás una carrera o un nuevo trabajo, no vas a saber ni poder hacer todo en el primer día. Por eso, ponerte pequeños objetivos (que puede ser sonreírles a todas las personas que te cruces hoy, hacer 15 minutos de yoga en tu día o enviar ese mail que venís postergando) te ayuda a fortalecer la confianza en vos y en tu capacidad de manifestar.
Herramientas hay un montón, desde armar un vision board hasta hacer afirmaciones positivas, llevar un diario de gratitud, visualizar, meditar, escribir un guión o un story board. Pero lo importante es avanzar paso a paso y saber que cada uno te va a llevar a tu visión. Pequeños cambios diarios pueden transformar tu energía y, con el tiempo, tu vida entera.
Reconocé tu valor
Para sostener esa confianza, es importante validar tus logros, incluso los más mínimos. Celebrar cada pequeño éxito fortalece tu autoestima y eso hace que, cuando algo no salga como esperabas, puedas revisar qué funcionó y qué no, para ajustar el rumbo sin frustrarte.
Llevar un diario de progresos es una herramienta poderosa: te ayuda a reconocer pequeñas victorias, enfocarte en lo positivo, elevar tu vibración y abrir espacio para nuevas ideas. Anotar lo que vas logrando te permite ver tu crecimiento con perspectiva. Abrazá tus dones y date crédito: también eso es manifestar.
Silenciá a tu crítica interna
A veces, por más afirmaciones frente al espejo o vision boards en el escritorio, las cosas no fluyen. ¿Por qué? Porque ciertos bloqueos pueden interferir con el proceso: creencias limitantes, autocrítica constante, impaciencia, autoexigencia o miedo.
Cada uno de estos obstáculos señala un aspecto interno a trabajar. Si aparece el miedo a perder eso que deseás incluso antes de conseguirlo, es momento de revisar tu autoestima y cultivar amor propio. Si quedás atrapada en pensamientos negativos y juicios hacia vos misma, necesitás aprender a silenciar a esa crítica interna que solo siembra dudas. Manifestar también es transformar la manera en que te hablás y te acompañás.
El verdadero poder
Manifestar es una herramienta poderosa, pero también profundamente sencilla. A veces, lo que cambia no es el mundo externo, sino la manera en que te hablás a vos misma. “Desde hacer afirmaciones al universo sobre tu vida y lo que quieres hasta dar las gracias por todo lo que ya tienes no solo puede cambiar las cosas, sino también hacer la vida más agradable”, afirma Alison Davies.
Las afirmaciones —esas frases positivas en presente que repetimos para anclar un nuevo pensamiento— ayudan a reforzar tu intención. Podés probar con algo tan simple como: “Estoy acá y disponible para que esto llegue a mi vida”. Cuando las combinás con la gratitud por lo que ya tenés, entrás en el flujo de la abundancia: tu energía se eleva, tu mirada se expande y empezás a percibir oportunidades donde antes solo veías limitaciones. El nivel de estrés baja y, con él, la sensación de que cualquier obstáculo puede tirarte abajo. Porque el poder personal no tiene que ver con la fuerza, sino con la presencia.
Escribí tu propia historia
Somos seres hechos de historias: así aprendimos a entender el mundo y a entendernos entre nosotras. Pero muchas veces, la narrativa interna que repetimos funciona como un ancla. “Soy malísima con los números”, “nadie me quiere”, “siempre me sale mal”. Esas frases que parecen tan inofensivas moldean nuestra realidad cotidiana. Y lo que empieza con un “siempre” o un “nunca” suele ser una señal de que estamos mirando todo en blanco y negro, sin matices ni posibilidades de cambio.
Si querés transformar tu vida, primero tenés que transformar la historia que te contás. Una herramienta útil es escribir un guión detallado de eso que deseás manifestar, imaginando que ya está sucediendo. Visualizate viviendo esa vida, sintiendo esa alegría, transitando ese logro. Cuando dejás de enfocarte en la “necesidad” —esa sensación de carencia que crea distancia con lo que querés—, la ansiedad baja y tu vibración se eleva.
Escribí en presente, usá los sentidos, conectate con cómo te haría sentir. Y si te cuesta imaginar algo que nunca viviste, informate, buscá referencias, permitite soñar en grande. Cambiar tu narrativa interna es el primer paso para acercarte a la vida que deseás. Repetilo como un mantra: “Creo mi propia vida”.
Visualizá tu objetivo
Una herramienta muy conocida de la manifestación es el vision board, pero hay otra no tan explorada, que es el story board. Este combina palabras, imágenes y símbolos para contar una historia y ayudarte a manifestar tus objetivos con mayor precisión.
¿Cómo hacerlo?
1. Dibujá tres recuadros. Poné la hoja en horizontal y hacé tres grandes cuadrados, uno al lado del otro. No hace falta que dibujes bien para que funcionen. Solo tenés que tener clara tu intención. Por ejemplo, una intención puede ser “obtener un nuevo trabajo”.
2. Dibujá o escribí en cada uno. Imaginá que es un cómic, donde hay un inicio, un desarrollo y un final. El primer recuadro es el comienzo de tu historia. Por ejemplo, dónde querés trabajar, podés hacer una lista o dibujar el frente con el cartel adelante.
3. Incluí diálogos entre los personajes. Cuanto más detallada sea tu visión, mejor será. Dibujate en el segundo recuadro, trabajando, interactuando con tus compañeros, y en el último, podés dibujarte recibiendo el mail de admisión a ese trabajo.
4. Repasalo mentalmente. Mirá tu historia y preguntate: ¿cómo te hace sentir? Podés agregar las palabras de las emociones que aparezcan.
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