
San Valentín también habla de amor propio: qué dice la psiquiatría
Lejos del mandato romántico, el amor propio no se trata de sentirse bien todo el tiempo. La psiquiatra Pia Lobo explica por qué cuidarse de verdad implica poner límites, tolerar el malestar y dejar de lastimarse para evitar la angustia.
3 de febrero de 2026 • 14:48

San Valentín también habla de amor propio: qué dice la psiquiatría - Créditos: Getty
Cada 14 de febrero, el amor parece tener una sola forma: la de la pareja ideal, los gestos románticos y la validación del otro. Sin embargo, desde la clínica psiquiátrica, el amor propio es un concepto mucho más profundo —y mucho menos marketinero— de lo que solemos ver en estas fechas.
“La idea de amor propio no aparece en la consulta como sentirse bien todo el tiempo o hacerse rituales estéticos de autocuidado”, explica Pia Lobo, médica especialista en psiquiatría infantojuvenil. “Más bien se manifiesta en decisiones incómodas: poner límites, sostener un tratamiento, animarse a decir que no o alejarse de vínculos que generan sufrimiento”.
Cuando cuidarse no se siente lindo

San Valentín también habla de amor propio. - Créditos: Getty
En el consultorio, Lobo observa algo que se repite con frecuencia: muchas personas creen que se cuidan, pero toleran destratos, se adaptan en exceso o se callan para no incomodar. “Incluso quienes se perciben fuertes o independientes pueden sostener relaciones que las desgastan emocionalmente”, señala.
Desde la psiquiatría, esto se entiende como el resultado de aprendizajes vinculares tempranos. “La forma en que nos vinculamos se aprende desde los primeros años de vida. Si el amor estuvo asociado al esfuerzo constante, a la autoexigencia o al miedo a perder al otro, es probable que de adultas repitamos esos patrones de manera automática”, explica.
Y aclara algo clave: no se trata de una falla personal. “Son historias vinculares que se pueden revisar y trabajar. Cuando los vínculos tempranos fueron inestables o impredecibles, muchas personas crecen asociando el amor con sufrimiento”.
El amor propio no es un estado, es una capacidad
Para Lobo, el amor propio no es un estado emocional estable. “No es algo que se ‘siente’ todo el tiempo. Es una capacidad psíquica: poder cuidarse incluso cuando una no se siente bien”, afirma.
En momentos de angustia, ansiedad o tristeza —emociones que forman parte de la experiencia humana— el amor propio no se expresa en frases positivas forzadas. “Se expresa en conductas concretas: pedir ayuda, frenar, dormir, alimentarse, tomar la medicación indicada, sostener espacios terapéuticos”, enumera.
Desde la salud mental, también se vincula con cómo nos relacionamos. “Las personas con vínculos inseguros suelen confundir amor con intensidad, urgencia o fusión. Y ahí el sufrimiento empieza a parecer normal”, advierte. Trabajar el amor propio no es “elegirse primero” desde un lugar individualista, sino aprender a registrar qué vínculos cuidan y cuáles lesionan la estabilidad emocional.
San Valentín y el malestar silencioso
En fechas como San Valentín, muchas mujeres jóvenes llegan a la consulta con un malestar que no siempre se dice en voz alta: comparaciones, sensación de insuficiencia, miedo a quedarse solas o la idea de que hay algo defectuoso en ellas por no estar en una relación.
“Es importante decirlo con claridad: no estar en pareja no es un problema emocional. Permanecer en vínculos que dañan, sí puede serlo”, subraya Lobo.
Amarse no siempre se siente bien. “A veces implica atravesar incomodidad, frustración o duelo. Implica sostener decisiones que no dan alivio inmediato, pero que construyen bienestar a largo plazo”, explica. En la práctica psiquiátrica, el verdadero cambio no aparece cuando desaparece el malestar, sino cuando la persona deja de lastimarse para evitarlo.
Sacar el amor propio del mandato de felicidad
Pensar el amor propio desde la salud mental también implica sacarlo del ideal de felicidad permanente. “No se trata de estar bien todo el tiempo, sino de poder estar mal sin perderse, sin desorganizarse y sin quedar atrapada en relaciones o conductas que profundizan el sufrimiento”, dice la especialista.
Y concluye: “Desde la psiquiatría, el amor propio es la capacidad de no seguir dañándose aun cuando el malestar no desaparece. Muchas veces, ese es el primer verdadero gesto de cuidado”.
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