
Volver a la rutina: cómo evitar caer en falsas creencias sobre pautas de alimentación restrictiva
Con la llegada de marzo y el regreso a la rutina, reaparecen viejos mandatos sobre el cuerpo y la comida. Por qué las pautas restrictivas prometen orden y control, pero terminan generando más culpa, obsesión y desregulación alimentaria.
3 de marzo de 2026 • 14:32

Marzo activa algunos mitos de alimentación. - Créditos: Getty
Marzo llega con la sensación de que hay que “volver a empezar”. Se terminan las vacaciones y hay que regresar a la rutina, con nuevos horarios de trabajo y colegio que seguir. También en marzo reaparecen pensamientos sobre el cuerpo, la comida y el control, de acuerdo con lo que observo en consulta: se acercan personas que en verano habían logrado más flexibilidad y registro interno, y así también mayor capacidad de disfrutar y, de repente, sienten que fue un período en el que “se desordenaron”, que “se pasaron” y que ahora “tienen que retomar”.
Con la idea de retomar cierta conducta, reaparecen los mitos alimentarios de siempre porque, a pesar de que abunda la información científica, todavía siguen culturalmente muy instalados y, además, resultan muy tentadores: prometen orden, control y alivio rápido.
Sin embargo, el gran problema de seguir los mitos alimentarios que prometen soluciones rápidas es que, casi siempre, provocan lo contrario: más obsesión, más culpa y más desregulación alimentaria. Y, en las personas que son más vulnerables, también pueden generar un trastorno de la conducta alimentaria.
5 mitos alimentarios que más se ven en marzo
1 . “Ahora sí: en la semana como perfecto y el fin de semana me permito”
Se encuentra entre los más frecuentes y, si bien se presenta todos los meses en la consulta, en marzo es mucho peor. La propuesta suena lógica: compensar, ordenar, “portarse bien” de lunes a viernes y “aflojar” el fin de semana. El problema es que el cerebro no funciona así y no sabe si es miércoles o sábado. La restricción (aunque sea mental) acumula deseo, estrés y privación. Entonces, cuando se llega al fin de semana, se siente más hambre, más ganas de soltar y mayor necesidad de obtener placer a través del alimento. Entonces, el fin de semana se vive un “descontrol”, que es la consecuencia de una semana muy rígida. Es común que quienes siguen esta lógica sugieran que no poder ponerla en práctica se debe a “falta de voluntad”, pero eso tampoco es cierto.
2 . “En marzo tengo que volver a comer sano”
Esta es una frase típica luego del verano que suele esconder una idea peligrosa, ya que supone que antes no estabas comiendo “bien” y que siempre tiene que ser “perfecto”. Con esto se activa otro clásico pensamiento: verano y vacaciones son sinónimo de que todo está permitido; llega marzo y se vuelve a la rigidez.
Por eso, durante este mes vuelven a aparecer reglas rígidas, listas de alimentos que “hay que evitar”, comidas que “hay que ordenar”. El problema mayor aparece cuando la alimentación se vive como algo que hay que “arreglar”, haciéndonos perder la confianza interna y aumentando el control externo. Así, nunca logramos estar conformes con lo que queremos y vivimos intentando modificar las cosas. Pero, a mayor intento de control, mayor es el rebote posterior. Comer saludable no es volver a un plan, sino sostener hábitos posibles en la vida real.
3 . “Si quiero bajar de peso tengo que eliminar…”
A esa frase se la completa con pan, harinas, azúcar, cena, eventos sociales, placer, entre muchas otras restricciones. Lo que siempre sucede en marzo es que aparece una nueva versión de lo que hay que sacar. Porque eliminar puede brindarte sensación de alivio inmediato, reduce la ansiedad en el corto plazo y te hace sentir que “estás haciendo algo”. Pero, a nivel cerebral, la prohibición aumenta el deseo; sin embargo, eso no lo vemos y es justamente en ese momento donde aparece un círculo peligroso: restricción → deseo → culpa → más restricción.
Esto no ocurre por falta de voluntad o de control; en cambio, ocurre que, con la restricción, el circuito de hambre y saciedad, junto con los neurotransmisores, comienza a desregularse.
4 . “Tengo que ordenar mis horarios para no comer de más”
Ordenar horarios es útil y necesario para tener una alimentación saludable, pero muchas veces en marzo se adopta esta tarea con hipercontrol: comer solo a ciertas horas, evitar colaciones si las necesitamos, esperar la comida “correcta”, no comer hasta que “llegue el horario” y luego llegar muerto de hambre. Pero el hambre no siempre aparece de forma puntual ni prolija y, cuando se ignora, reaparece más tarde y de forma más intensa. Por eso, muchas personas sienten que “a la noche pierden el control”. Pero no es pérdida de control, sino falta de atención a nuestro cuerpo.
5 . “Si me organizo, esta vez sí lo voy a hacer perfecto”
Este es uno de los mitos alimentarios más silenciosos, en especial para las personas más perfeccionistas y controladoras. El mes de marzo se vive como una nueva oportunidad de hacerlo “bien de una vez”, donde se proponen seguir un plan perfecto, en una semana perfecta y con una conducta perfecta.
La organización no es un problema, sino creer que existe la perfección y que se puede tener todo controlado. Cuando aparece la necesidad de validar el aspecto humano y las circunstancias de la vida diaria nos modifican —a través del cansancio, el nivel de estrés, las ganas y los imprevistos—, la organización y el “plan original” se viven como un fracaso.
Lo más importante a tener en cuenta durante este mes es que no necesitás volver a empezar, porque no arruinaste nada en el verano ni perdiste hábitos por relajarte y disfrutar. La alimentación saludable no es un estado que se pierde y se recupera, sino un proceso flexible que se adapta a contextos. En marzo volvemos a reacomodar horarios, pero no necesitamos imponer reglas rígidas que después, además, no vamos a poder cumplir.
Si sentís urgencia por ordenar, restringir o compensar, no significa que hiciste algo mal: se activaron distintos patrones culturales muy antiguos que te impulsan en una dirección casi automática. Por eso, también me gustaría que sepas que lograr reconocerlos es un gran paso.
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