
Mindfulsex: cómo volver al cuerpo y disfrutar sin presiones
Una invitación a bajar el ritmo, salir de la exigencia y reconectar con el cuerpo para vivir la intimidad con más presencia y disfrute.
26 de febrero de 2026 • 15:20

Mindfulsex: cómo volver al cuerpo y disfrutar sin presiones - Créditos: Getty
Muchas veces llegamos al sexo con el cuerpo presente y la cabeza en otro lado. Venimos cansadas, aceleradas, con mil cosas encima. Y cuando el encuentro no fluye, solemos llegar a la misma conclusión: algo en mí no funciona, porque debería tener más ganas.
El mindfulsex propone otra manera de vivir la intimidad. No es una técnica complicada ni algo que haya que “hacer bien”. Es, en realidad, una invitación a volver a nosotras mismas: a reconectar con el cuerpo, con las sensaciones y con el contacto, sin apuro y sin presión.
En la práctica, el mindfulsex implica bajar el ritmo del encuentro y darnos unos minutos para respirar, soltar el día y registrar cómo está el cuerpo. Significa tocar y dejarnos tocar sin correr hacia ningún lado; prestar atención a una caricia, a la respiración, a una zona que se siente agradable, sin pensar qué debería pasar después.
Muchas veces, cuando estamos en la intimidad del encuentro, la mente se llena de pensamientos: si estoy gustando, si debería sentir más, si ya tendría que excitarme, si esto va “bien”. Esa exigencia tensa el cuerpo. El mindfulsex no busca callar la mente, sino ayudarnos a volver a algo simple y concreto: una mano, el contacto de la piel, el ritmo de la respiración. Desde ahí, el cuerpo empieza a relajarse.
Otra clave es soltar la idea de que todo encuentro tiene que terminar de determinada manera. No siempre hace falta penetración, ni orgasmo, ni cumplir con un guion aprendido. El contacto, el tiempo compartido y el disfrute sin una meta específica también son formas válidas de intimidad. Muchas veces, cuando dejamos de perseguir un resultado, el placer aparece con más naturalidad.
Escuchar al cuerpo es parte central de este enfoque. Si algo incomoda, si hay tensión, distracción o desconexión, frenar o cambiar el ritmo no arruina el momento: lo cuida. El cuerpo siempre está diciendo algo, y aprender a escucharlo es una forma de respeto hacia una misma.
El mindfulsex también se practica en soledad. Conectarnos con sensaciones agradables sin apuro, sin expectativas y sin juicio nos ayuda a construir una relación más amable con nuestro cuerpo. Esa relación es la base para encuentros compartidos con menos exigencia y más disponibilidad.
En un mundo que nos empuja a ir cada vez más rápido, elegir vivir la intimidad con más presencia es un acto de cuidado. Nos permite dejar de exigirle al cuerpo respuestas automáticas y empezar a escucharlo de verdad. Porque cuando el cuerpo se siente acompañado, el disfrute no se fuerza: aparece.
Por Antonella Ance, gentileza para OHLALÁ!
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