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Visual Thinking: qué es y cómo usarlo para ordenar ideas, tomar decisiones y planificar tu año

Una herramienta simple y poderosa para transformar el caos mental en claridad. Cómo pensar en imágenes puede ayudarte a decidir mejor, bajar el estrés y diseñar el año que querés.


Visual Thinking: qué es y cómo usarlo para ordenar ideas, tomar decisiones y planificar tu año

Visual Thinking: qué es y cómo usarlo para ordenar ideas, tomar decisiones y planificar tu año - Créditos: Getty



Pensar no siempre es un proceso prolijo. Las ideas aparecen desordenadas, se pisan entre sí, se mezclan con emociones, urgencias y pendientes. En la cabeza todo sucede a la vez, sin bordes claros ni jerarquías visibles. Y cuando algo no tiene forma, entenderlo (o explicarlo) se vuelve difícil.

En ese territorio entra el visual thinking. Un nombre moderno para una práctica tan antigua como cotidiana: pensar con lápiz y papel. Dibujar un esquema para entender un tema, trazar flechas para explicar un proceso o hacer un mapa rápido para no perdernos. No es una técnica sofisticada ni una habilidad reservada a diseñadores o artistas. Es una forma natural de ordenar la complejidad sacando las ideas de la cabeza y llevándolas al espacio de una hoja en blanco.

El visual thinking no busca hacer dibujos lindos ni sumar estética. No es ilustración ni decoración. Es pensamiento en acción. Al volver visibles las ideas, las transforma en algo manipulable: se pueden mover, tachar, agrupar, jerarquizar, comparar. Lo abstracto se vuelve concreto; lo confuso, trabajable.

Cuando el orden aparece afuera, también se acomoda adentro. Y esa claridad no solo ayuda a pensar mejor: también alivia, baja el ruido mental y habilita decisiones más conscientes. En un mundo que exige rapidez, foco y respuestas constantes, pensar en imágenes se vuelve una herramienta simple y poderosa para volver a lo esencial.

Pensar en imágenes

En la cabeza, las ideas no tienen forma definida. Son pensamientos que aparecen y desaparecen, se superponen y se contradicen. Al bajarlas al papel, se vuelven visibles y, sobre todo, externas. Esa distancia permite observarlas con más objetividad y descubrir relaciones que antes no se veían: conexiones inesperadas, huecos de información, repeticiones o tensiones.

El cerebro procesa mejor lo visual. Por eso los memes funcionan tan bien y por eso recordamos más fácilmente un gráfico que un párrafo entero. Dibujar, además, obliga a entender. Copiar palabras puede hacerse de manera mecánica; representarlas visualmente no. Para dibujar una idea hay que ordenarla, quedarse con lo esencial y decidir cómo se relaciona con otras. Como decía Albert Einstein: “Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo”. Ese esfuerzo cognitivo profundo es el que hace que el visual thinking sea una herramienta tan potente para aprender, explicar y decidir.

Claridad y alivio

Sostener muchas ideas al mismo tiempo genera saturación. El pensamiento se vuelve ruidoso y confuso, como un navegador con demasiadas pestañas abiertas. Pasar las ideas a un esquema visual funciona como un soporte externo: libera espacio mental y permite analizar con más calma. Es, literalmente, descargar memoria para que el sistema funcione mejor.

La claridad visual también regula el estrés. Cuando algo queda difuso, el cerebro lo percibe como un pendiente abierto y eso genera tensión. Darle forma, aunque sea provisoria, baja la incertidumbre. Ver un orden posible —aunque no definitivo— transmite una sensación de control que facilita priorizar y avanzar.

A diferencia de la escritura lineal, que exige un orden secuencial, el pensamiento visual es espacial. Por eso, en visual thinking, el proceso suele empezar con el caos: dibujos, palabras sueltas, flechas, garabatos. No importa la prolijidad ni la estética. El papel no es una ilustración: es un mapa mental externo, una superficie de pensamiento activo. Recién cuando todo está a la vista, aparece el verdadero trabajo: ordenar qué va al centro, agrupar lo parecido, jerarquizar lo importante y soltar lo que no suma. El orden no es el punto de partida, sino el resultado.

¿Para qué procesos sirve?

Es especialmente útil para entender problemas complejos y es una gran herramienta para tomar decisiones. Visualizar opciones, criterios, prioridades y consecuencias vuelve explícito lo que queda implícito en las discusiones verbales. En trabajos en equipo, el dibujo funciona como un objeto compartido de pensamiento. Todos miran lo mismo y discuten sobre eso, en lugar de hacerlo sobre interpretaciones mentales. 

Es clave para ordenar ideas caóticas, diseñar o mejorar procesos, detectar redundancias y comunicar con claridad. Ayuda, además, a pensar estratégicamente: permite ver el sistema completo. Incluso facilita conversaciones difíciles, porque baja la carga emocional y lleva la discusión al plano de lo observable. Y es una herramienta poderosa para aprender y enseñar: si algo no se puede dibujar, probablemente todavía no se entendió del todo.

Visualizá tu 2026

Paso 1. Prepará el espacio

Elegí un momento tranquilo y con buena energía. Despejá la mesa y tené a mano una hoja y marcadores. Ritualizá el momento con una vela, un aroma, música suave o tu bebida favorita. Si podés sumar una minirrespiración o meditación, mejor todavía. Hacerlo en compañía —con amigas, familia o pareja— y luego compartir lo visualizado puede potenciar mucho la experiencia.

Paso 2. Visualizá

Respirá y preguntate con honestidad: si me tocaran con una varita mágica, ¿cómo sería la “foto” de mi vida en 2026? Esa imagen es la que vas a bajar al papel, sin juzgar. No importa “dibujar bien”. El foco está en que tu cerebro lo entienda, no en crear una obra de arte. Podés incluir las áreas que sientas importantes: familia, trabajo, estudios, disfrute, espacio donde vivís, economía, hábitos, viajes, comunidad o, sobre todo, cómo te gustaría sentirte. Si no sabés por dónde empezar, arrancá por lo que agradecés hoy. La gratitud es un excelente punto de partida.

Paso 3. Elegí y accioná

Miralo y elegí un paso chiquito. Observá tu mapa en silencio. Preguntate si te representa, si te entusiasma o te pesa. Sacá lo que no vibre. Luego elegí una sola cosa y anotá un paso pequeño, posible y concreto que puedas dar esta semana. El visual thinking no termina en el papel: recién empieza ahí.

Cinco consejos para el proceso

1. Olvidate del “cómo”: imaginá y proyectá como si todo fuera posible.

2. Sé honesta: es para vos, sin juzgarte. Nadie más lo tiene que ver.

3. Sé responsable: incluí solo lo que depende de vos. No podemos controlar a los demás.

4. En positivo y en presente: evitá lo que no querés y no utilices palabras negativas.

5. Que te haga sonreír: la emoción es clave para pensar lo que vendrá.

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