Hay nombres que dejan de pertenecer a una persona para convertirse en un universo. Coco Chanel es uno de ellos. A más de cinco décadas de su muerte, su apellido sigue asociado al lujo, la elegancia y una manera particular de entender la feminidad. Pero antes del mítico perfume Chanel N°5, del vestido negro, las perlas, el tweed y el logo de las dos C entrelazadas, hubo una mujer llamada Gabrielle que atravesó una infancia marcada por la pobreza y la pérdida.
Nació el 19 de agosto de 1883 en Saumur, Francia, en una familia humilde. Su padre, Albert Chanel, era vendedor ambulante y su madre, Eugénie Jeanne Devolle, provenía de una familia campesina. Cuando Gabrielle tenía apenas 12 años, su madre murió de tuberculosis y su padre quedó a cargo de sus hijos. Las niñas fueron enviadas al orfanato del monasterio de Aubazine, mientras los varones fueron entregados a familias rurales.
En el orfanato aprendió a coser, bordar y planchar, pero también convivió con una arquitectura sobria, marcada por el blanco, el negro y las líneas geométricas. Décadas después, esos elementos aparecerían una y otra vez en sus diseños. Para Chanel, aquel orfanato no fue solamente el lugar donde pasó parte de su infancia: fue, de alguna manera, su primera escuela de moda, su inspiración.
De Gabrielle a Coco

Al cumplir 18 años, Gabrielle fue enviada a un internado religioso en Moulins. Allí comenzó a trabajar como ayudante de sastre y dio sus primeros pasos profesionales vinculados con la costura. Pero había otra actividad que también la atraía: el espectáculo.
En La Rotonde, un café-concierto frecuentado por oficiales de caballería, comenzó a cantar y a presentarse ante el público. Fue allí donde nació el nombre con el que pasaría a la historia: Coco Chanel.
El origen exacto del apodo nunca quedó completamente cerrado. Una de las versiones sostiene que surgió de una de las canciones que interpretaba, Qui qu'a vu Coco?. Otra lo vincula con una deformación de cocotte, una palabra utilizada entonces para referirse a una mujer mantenida. Chanel nunca se ocupó demasiado de aclararlo y, quizás, parte de su encanto estuvo justamente en conservar el misterio.
La carrera musical no prosperó. La moda, en cambio, sí.
El comienzo de un imperio

En los primeros años del siglo XX, Chanel comenzó a moverse en círculos sociales muy alejados de aquel mundo en el que había crecido. Su relación con el empresario y heredero textil Étienne Balsan le permitió conocer otra realidad: castillos, fiestas, caballos y una aristocracia que hasta entonces le había resultado inaccesible.
Fue Balsan quien la ayudó a introducirse en el mundo de la moda y quien estuvo detrás de sus primeros pasos como sombrerera. En 1909, Chanel comenzó a trabajar con sombreros y, poco después, abrió su primera tienda en París.
Pero hubo otro hombre fundamental en su vida: Arthur “Boy” Capel, un aristócrata inglés y jugador de polo con quien mantuvo una relación amorosa que marcaría profundamente su vida. Capel también la apoyó económicamente en los comienzos de su negocio.
En 1913, Chanel abrió una tienda en Deauville y comenzó a incorporar prendas de vestir a su propuesta. Dos años después llegó una nueva boutique en Biarritz. Su ropa tenía algo que la diferenciaba de lo que dominaba la moda femenina: era sencilla, cómoda y funcional. Y eso, en aquella época, era revolucionario.
La mujer que quiso liberar el cuerpo femenino
A comienzos del siglo XX, la moda femenina todavía estaba dominada por el corsé, las cinturas extremadamente ajustadas, las faldas voluminosas y los vestidos que dificultaban los movimientos.
Chanel propuso otra cosa.
Incorporó jerseys, prendas de punto, pantalones, chaquetas rectas y siluetas menos rígidas. Tomó elementos asociados hasta entonces con la ropa masculina o con las clases trabajadoras y los convirtió en piezas de lujo.
Su filosofía era clara: la ropa no debía impedir que una mujer caminara, trabajara, comiera, se moviera o respirara.
“En mi juventud, las mujeres no parecían humanas”, sostuvo Chanel años después. “Yo les devolví su libertad”.
La Primera Guerra Mundial aceleró además esa transformación. Con muchos hombres en el frente, las mujeres comenzaron a ocupar espacios laborales que antes estaban reservados para ellos. Necesitaban ropa que acompañara esa nueva vida.
Chanel entendió antes que muchos de sus contemporáneos que la moda estaba cambiando porque también estaba cambiando la mujer.
La llegada de la mujer Chanel

En 1918, Chanel consolidó su casa en el mítico 31 de la rue Cambon, en París. Para entonces, su negocio ya contaba con cientos de empleados y su nombre comenzaba a convertirse en una referencia internacional.
Durante las décadas de 1920 y 1930, su universo se expandió. Llegaron los trajes de tweed, las chaquetas sin cuello, las perlas, los bolsos con cadenas y las joyas.
Chanel tenía además una particular habilidad para mezclar lo caro con lo sencillo. Podía combinar perlas falsas con joyas verdaderas y transformar una prenda aparentemente básica en un objeto de deseo.
En 1926 llegó una de sus grandes creaciones: el little black dress, el pequeño vestido negro.
Hoy resulta difícil imaginarlo como una provocación, pero en aquel momento el negro estaba fuertemente asociado con el luto y con la ropa de servicio. Chanel lo convirtió en un símbolo de elegancia.
La revista Vogue comparó aquel diseño con el Ford T: una prenda sencilla, funcional y adaptable que podía transformarse según los accesorios.
El vestido negro dejó de ser simplemente un vestido.Se convirtió en una idea.
Chanel N°5: el perfume que cambió todo

En 1921, Chanel dio otro paso que modificaría para siempre su imperio: lanzó Chanel N°5.
El perfume fue creado junto al perfumista Ernest Beaux y rompió con las fragancias tradicionales. En lugar de intentar reproducir simplemente el aroma de una flor, Beaux creó una composición compleja en la que las notas naturales convivían con componentes sintéticos.
El nombre también quedó envuelto en distintas versiones. Una de ellas sostiene que Chanel eligió el número 5 porque correspondía a la quinta muestra presentada por Beaux.
El frasco acompañaba la filosofía de la diseñadora: líneas simples, transparencia y ausencia de ornamentación innecesaria. “Quiero un perfume de mujer con olor a mujer”, era la idea que Chanel buscaba transmitir.
El éxito fue inmediato y el perfume terminó convirtiéndose en uno de los más reconocibles de la historia.
Los grandes amores de Coco Chanel
Mientras construía su imperio, la vida sentimental de Chanel estuvo marcada por relaciones con algunos de los hombres más poderosos y conocidos de su época.
Arthur “Boy” Capel fue probablemente el gran amor de su vida. Su relación terminó de manera abrupta cuando él murió en un accidente automovilístico en 1919.
Después llegarían otros romances, entre ellos el gran duque Dmitri Pavlovich Romanov y el duque de Westminster.
También mantuvo vínculos estrechos con artistas e intelectuales. Su círculo incluyó a figuras como Pablo Picasso, Jean Cocteau, Igor Stravinsky, Pierre Reverdy y Misia Sert. Con Stravinsky tuvo además una relación sentimental y llegó a ayudarlo económicamente.
Chanel no se limitó a vestir a su época: se movió dentro de los círculos culturales que ayudaban a definirla.
Hollywood y las mujeres poderosas

Para la década de 1930, el nombre Chanel ya había cruzado las fronteras francesas.
La diseñadora comenzó a trabajar para Hollywood y vistió a algunas de las grandes estrellas de la época, entre ellas Gloria Swanson, Greta Garbo y Marlene Dietrich.
Su estética sobria no siempre fue comprendida de inmediato por la industria del cine, acostumbrada al exceso y al glamour. Pero con el tiempo Chanel se convirtió en una de las diseñadoras más buscadas.
La Segunda Guerra Mundial: la parte más incómoda de su historia

La vida de Chanel también tiene una zona oscura que no puede quedar fuera de su biografía.
Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la diseñadora cerró gran parte de sus boutiques y permaneció en París durante la ocupación alemana. Vivió en el Hotel Ritz, donde también se alojaban oficiales alemanes, y mantuvo una relación con Hans Günther von Dincklage, un diplomático y agente alemán.
Años después, documentos y distintas investigaciones históricas la vincularon con actividades de inteligencia alemana. También fue acusada de colaboración con el régimen nazi.
En 1944, tras la liberación de París, Chanel fue detenida e interrogada por las autoridades francesas. Sin embargo, fue liberada poco después y nunca fue condenada formalmente.
El episodio dejó una marca profunda sobre su reputación y constituye hasta hoy uno de los capítulos más controvertidos de su vida.
No alcanza con contar a Chanel como una heroína feminista sin matices: la mujer que ayudó a liberar el cuerpo femenino también estuvo vinculada a un período histórico en el que tomó decisiones profundamente cuestionadas.
Después de la guerra, Chanel abandonó Francia y se instaló en Suiza.
Cuando todos pensaban que estaba terminada
Durante casi una década, Chanel permaneció alejada de la moda.
Mientras tanto, una nueva generación de diseñadores había tomado el control de París. En 1947, Christian Dior había presentado su famoso New Look, con cinturas marcadas, faldas amplias y una estética mucho más femenina y ornamental.Para muchos, Chanel pertenecía al pasado.
En 1954, cuando tenía 71 años, regresó a París y presentó una nueva colección. La recepción inicial de la prensa francesa fue dura, pero Chanel no abandonó.
Volvió a sus clásicos: tweed, chaquetas sin cuello, líneas simples y prendas funcionales. Esta vez fueron Estados Unidos y Gran Bretaña quienes primero reconocieron su regreso.
El bolso 2.55 y una nueva etapa

Después de su regreso apareció otra pieza que se convertiría en un símbolo de la casa: el bolso 2.55, lanzado en 1955.
Su diseño incorporaba una cadena que permitía llevarlo colgado del hombro, una decisión que volvía a responder a la misma filosofía que había guiado a Chanel desde sus comienzos: una mujer debía poder tener las manos libres.
Con el paso de los años, sus prendas volvieron a ser elegidas por las mujeres más poderosas del mundo. Grace Kelly, Elizabeth Taylor, Rita Hayworth y Jackie Kennedy estuvieron entre las figuras que llevaron sus diseños.
La última etapa

Chanel siguió trabajando prácticamente hasta el final.Vivió durante décadas en una suite del Hotel Ritz de París, donde terminó construyendo una vida mucho más solitaria que la que había tenido durante sus años de esplendor.
A comienzos de la década de 1970, su salud estaba deteriorada. Aun así, continuaba trabajando en las colecciones de la casa.
El 10 de enero de 1971, Coco Chanel murió en su habitación del Ritz. Tenía 87 años.
Había nacido en un hospicio, había aprendido a coser en un orfanato y había comenzado su carrera haciendo sombreros. Murió convertida en una de las mujeres más influyentes de la moda del siglo XX.
Coco Chanel, mucho más que una marca

Después de su muerte, la casa Chanel continuó funcionando y atravesó distintas etapas hasta quedar profundamente asociada, décadas más tarde, con el trabajo de Karl Lagerfeld, quien dirigió creativamente la firma desde 1983 hasta 2019.
Pero el verdadero legado de Chanel va mucho más allá de una cartera, un perfume o un logo.
Su mayor revolución fue cultural. Chanel convirtió el negro en lujo, hizo del jersey una pieza sofisticada, transformó las perlas en un accesorio cotidiano, llevó el pantalón al guardarropa femenino y creó un perfume que todavía hoy es reconocido en todo el mundo.
Pero quizás su mayor creación haya sido ella misma.
Belén Sanagua Es periodista, locutora y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Se desempeña como subeditora de la web editando moda y beauty aunque, además, escribe para otras secciones.













