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 • HISTORICO

Un rincón mágico en el mundo




Juan,
El relato sobre tus días en Rusia me llevó de viaje a un lugar en el mundo que me resulta exótico y verdaderamente enigmático. No sé si es un destino que alguna vez llegue a conocer. Nuestro Planeta Tierra es un lugar tan maravilloso, tan diverso y lleno de rincones mágicos, que mi corazón se desborda ante la idea.
Es un hecho, que en nuestras vidas llegaremos a experimentar tan sólo una dosis ínfima de este mundo. Mucho quedará virgen para nuestros ojos y, sin embargo, moriremos privilegiados y con la fortuna de haber visto un puñado de amaneceres y rincones que le otorgan un sentido sublime a cualquier existencia.
Te invito a seguir leyendo con este tema:
El último fin de semana tuve el placer de poder descubrir un nuevo rincón mágico de nuestra tierra, uno que me recordó la fortuna de vivir y poder sentir.
Sabés, este año que se está yendo, resultó muy intenso. Entre mi vuelta a Buenos Aires desde Tierra del Fuego, el quiebre de mi matrimonio, varios sucesos familiares y la suerte de tener mucho trabajo, mi cuerpo y mi mente me estaban pidiendo a gritos que pare. Mucho cansancio. Extremo cansancio. Y cuando estoy muy cansada, me vuelvo como una niña que no sabe distinguir si algunas cosas que pasan son realmente graves o si es la fatiga la que me desdibuja la verdadera dimensión de los hechos.
Y bueno, viste que dicen que hay que escuchar al cuerpo. Eso hice. Escuchar al cuerpo y a José, que me sugirió huir del cemento, escapar del tránsito, alejar las voces que sobran y lograr aplicar el freno necesario antes de una explosión interna evitable.
Así fue como llegué a un nuevo paisaje -desconocido para mí-, de nuestra costa argentina.
Quizás sea cierto que nuestro país no haya sido bendecido con playas paradisíacas, ni aguas cálidas, ni vientos calmos pero, a pesar de ello, si miramos un poco mejor y más de cerca, podremos descubrir horizontes y vistas que curan y alegran el alma.
Hay algo absolutamente sorprendente que me sucede en ese instante cuando mis pies tocan el mar. Es como si mi sistema interno tuviera un botón de "delete", y todo pero todo lo que en el fondo es irrelevante deja de existir, mientras que todo aquello que es un peso en mi camino de la vida, se vuelve liviano, tan liviano que eso que llaman saber fluir, se vuelve una experiencia real.
Otra cosa que me pasa cuando cambio el hábitat, es que en las primeras horas me siento una espectadora de la nueva naturaleza y los nuevos caminos; el efecto de la ciudad sigue corriendo por mis venas, mi cuerpo camina tenso y mi cabeza continúa linkeada a la realidad paralela de la urbe frenética. Pero de a poco, mi cuerpo absorbe y se deja llevar, y esos reflejos citadinos se esfuman mientras que el tiempo se transforma en algo relativo. Y así, de pronto, hasta me olvido cuando llegué.
¿Te pasa algo parecido?
Te cuento que este lugar de la costa bonaerense está poco edificado, tiene mucho verde y unas flores silvestres de colores estridentes, bellísimas. Descubrí los pájaros tijeretas que nunca había visto y una duna desde cuya cima se puede ver lomas verdes y árboles que van hasta que la vista se pierde en el horizonte.
En estas playas se practica surf, una consecuencia de los vientos que regalan olas parejas e hipnóticas.
Es natural para los visitantes y locales, que los días comiencen al alba, contengan comidas entre amigos y siestas largas.
Aparte del paisaje sedante, el silencio y el mar, hubo otros factores que colaboraron mucho a que este viaje haya resultado el mejor escape posible: me invitaron a hacer yoga desde un espacio con una vista preciosa, conocí nuevas personas con otras realidades y compartí un asado en una noche estrellada y de verano. Pero lo más importante fue mi compañero de ruta, una persona especial en mi vida. Él tiene un humor único, una extrema capacidad de percepción, y la facilidad para hablar y para no hacerlo. Para mí, cuando estoy relajada y bien, el silencio es un tesoro.
En unas horas habrá que volver, pero lo haré feliz. No porque quiera irme, no. Me quedaría eternamente en esta casita con el sillón más cómodo y la mejor vista para leer. Pero estoy contenta porque ya puedo sentir que mi cuerpo, que fue escuchado, va a poder sobrellevar mejor el fin de año que se viene. Sé que me va a quedar esa memoria física de la liviandad ganada en estos días.
A veces, el único camino para tener mejores amaneceres en nuestra rutina, es quebrar con ella.
Por fortuna, nacimos en un planeta hermoso. Una tierra que cerca y lejos, nos muestra que podemos hacerlo, podemos romper con el hastío para volver a empezar.
Hoy te abrazo desde el mar,
Cari

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