
Trastornos alimentarios y el rol del entorno: qué decir (y qué no) cuando alguien que querés tiene una mala relación con la comida
Cuando alguien cercano atraviesa un trastorno alimentario, muchas veces el entorno quiere ayudar pero no sabe cómo. Qué decir, qué evitar al hablar con personas que tienen una relación conflictiva con la comida.
16 de marzo de 2026 • 09:50

Trastornos alimentarios y el rol del entorno: qué decir (y qué no) cuando alguien que querés tiene una mala relación con la comida - Créditos: Getty
Cuando alguien cercano atraviesa un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), una de las primeras cosas que aparece en el entorno es la incertidumbre: ¿qué digo?, ¿qué hago?, ¿la ayudo si insisto en que coma o será mejor no tocar el tema?
Al enterarse, la mayoría de las personas quieren ayudar, pero en la mayoría de los casos no saben cómo hacerlo. Y es entonces cuando, sin mala intención, pueden aparecer comentarios desafortunados que en vez de aliviar generan mayor presión. En los TCA, las palabras pesan más de lo que imaginamos.
Los trastornos alimentarios no son simplemente “problemas con la comida”. Se tratan de cuadros complejos en los que intervienen factores psicológicos, emocionales, sociales y neurobiológicos. Muchas veces la comida se convierte en una forma de manejar emociones, ansiedad, miedo al rechazo o una necesidad muy fuerte de control. La comida se transforma en una anestesia. Por eso, cuando desde afuera alguien dice frases como “pero si estás re bien”, “comé normal y listo” o “es cuestión de voluntad”, la persona que se encuentra atravesando este tipo de problemas suele sentirse más incomprendida: no se trata de voluntad y por más que quiera no puede.
Para el entorno las coordenadas son confusas: muchas veces, lo que se muestra en un paciente con TCA no refleja lo que está pasando por dentro. A su vez, todavía sigue habiendo mucho desconocimiento sobre qué hacer y qué no hacer para acompañar a alguien que padece este tipo de trastornos.
Por eso, es habitual escuchar al entorno opinando sobre el cuerpo (sin mala intención) y sin darse cuenta del impacto que pueden tener. Cuando se dice “qué flaca estás”, “te queda re bien esa ropa ahora” o “qué bien que bajaste de peso”, la recepción de alguien que tiene una relación conflictiva con la comida puede reforzar la idea de que el valor personal depende del tamaño del cuerpo.
Y cuando el cuerpo se vuelve el centro de todo, el problema suele profundizarse. Entonces aparece la pregunta lógica: si todo eso no ayuda, ¿qué sí conviene hacer?
Cómo ayudar: una posible brújula
Entender que acompañar no significa tener la frase perfecta. Muchas veces solo se necesita estar disponible por más que cueste comprender lo que sucede.
En lugar de cuestionar, retar o presionar, conviene abrir espacios de conversación donde se encuentren tranquilos. Frases como “si querés hablar, estoy”, “me importa cómo te estás sintiendo” o “no tenés que pasar esto en soledad” pueden generar algo muy importante: que la persona se sienta vista sin sentirse juzgada.
También hay que evitar que todas las conversaciones giren alrededor de la comida o del cuerpo, en especial, en el momento de la comida. Poder compartir otros temas, intereses o momentos cotidianos ayuda a recordar que somos mucho más que nuestra- relación con la comida.
A veces el acompañamiento más valioso no es dar consejos, sino escuchar y mostrar apoyo.
Una aclaración importante: si bien el apoyo del entorno es fundamental, nunca reemplaza el tratamiento profesional.
Los trastornos alimentarios requieren un abordaje especializado e interdisciplinario. En general el tratamiento incluye profesionales de la salud mental y de la nutrición que trabajan en conjunto para ayudar a la persona a reconstruir su relación con la comida, con su cuerpo y con sus emociones.
Señales de alarma para hacer una consulta profesional
Hay algunas señales que pueden indicar que es momento de consultar, como cuando aparecen restricciones alimentarias muy marcadas, miedo intenso a subir de peso, episodios de atracones, conductas compensatorias como vómitos o ejercicio excesivo luego de haber realizado alguna ingesta de alimento, cambios fuertes en el estado de ánimo o evitar encuentros sociales donde hay comida, entre otras posibles señales.
Cuando estas situaciones aparecen, buscar ayuda profesional es un paso importante.
Acompañar a alguien con un TCA también implica entender que la recuperación no suele ser lineal ni fácil. Hay avances, retrocesos, momentos de mayor tranquilidad y otros más difíciles.
Por eso, el rol del entorno no debería estar orientado únicamente a controlar lo que la persona come ni a vigilar cada situación, sino dispuesto a ofrecer presencia, paciencia y un espacio donde no todo gire alrededor del cuerpo o de la comida.
A veces acompañar es simplemente compartir una comida sin hacer comentarios, o cambiar de tema cuando la conversación empieza a volverse obsesiva con las calorías o el peso.
Puede parecer poco, pero en muchos casos eso es lo que marca la diferencia, porque aunque desde afuera parezca que todo gira alrededor de la comida, en el fondo el proceso de recuperación tiene que ver con algo mucho más profundo.
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