
Por qué tantos chicos tienen problemas para aprender a leer y resolver operaciones matemáticas básicas
El científico y divulgador Andrés Rieznik, autor de Enseñar, el ABC de la alfabetización, analiza por qué muchos chicos terminan la primaria sin dominar la lectura ni las operaciones matemáticas básicas y qué cambios en la enseñanza podrían revertir esta situación.
9 de marzo de 2026 • 10:29

Por qué tantos chicos no aprenden a leer y resolver operaciones matemáticas básicas - Créditos: Getty
En los últimos años, distintos estudios y evaluaciones educativas encendieron una alarma: cada vez más chicos llegan a los últimos años de la escuela primaria con dificultades para leer con fluidez o resolver operaciones matemáticas básicas. El problema no es exclusivo de la Argentina, pero en el país aparece con especial fuerza incluso en comparación con sistemas educativos que invierten menos recursos por estudiante.
Para el científico y divulgador Andrés Rieznik, autor de Enseñar, el ABC de la alfabetización (Penguin Random House), la explicación no pasa solo por el presupuesto educativo. Según sostiene, uno de los factores centrales tiene que ver con los métodos de enseñanza que se utilizan en muchas aulas.
Cuando falta una enseñanza clara y sistemática

Andrés Rieznik, autor de Enseñar, el ABC de la alfabetización (Penguin Random House). - Créditos: Prensa Penguin Random House
Rieznik explica que, en muchos casos, los contenidos no se enseñan de manera explícita, gradual y estructurada, algo que la investigación educativa considera clave para el aprendizaje.
En el caso de la alfabetización, por ejemplo, señala que muchas veces no se enseñan de forma directa los sonidos que componen las palabras. “No se explica que la palabra mamá está formada por los sonidos de la m y de la a, ni que la sílaba ma se compone del sonido ‘mmmmm’ y el sonido de la a”, ejemplifica.
Algo similar ocurre en matemática. Según el especialista, con frecuencia no se enseñan de manera explícita los algoritmos para sumar, multiplicar o dividir, lo que dificulta que los chicos adquieran las bases necesarias para avanzar en el aprendizaje.
A esto se suma otro cambio que, según Rieznik, impactó en las aulas: el abandono de manuales con progresiones claras y niveles crecientes de dificultad. En muchos casos, explica, los docentes deben diseñar sus propias secuencias didácticas desde cero, sin contar siempre con materiales estructurados o acompañamiento suficiente.
Esta combinación de factores —métodos de enseñanza poco explícitos, falta de progresiones claras y escaso apoyo institucional— ayuda a entender por qué la Argentina muestra resultados educativos más bajos que otros países que incluso invierten menos en educación.
El papel de la evidencia científica
Para Rieznik, la investigación educativa acumulada durante décadas ofrece respuestas claras sobre cómo mejorar la alfabetización. Según explica, el 95% de los chicos puede aprender a leer y escribir con fluidez en primer grado, incluso en contextos de pobreza, siempre que reciba una enseñanza adecuada.
El propio autor cuenta que él tiene dislexia y, aun así, pudo aprender a leer. En algunos casos, dice, puede requerirse más tiempo, pero el objetivo es alcanzable para la gran mayoría de los estudiantes.
La clave, explica, está en una enseñanza explícita, sistemática y sostenida en el tiempo. Si los chicos pudieran practicar entre media hora y cuarenta minutos por día con materiales adecuados y acompañamiento docente, el impacto sería significativo.
Cuando la enseñanza cambia, los resultados también
Rieznik señala que existen experiencias concretas que muestran cómo estas estrategias pueden mejorar el aprendizaje en poco tiempo.
Uno de los casos que menciona ocurrió en la ciudad bonaerense de Arrecifes, donde la Secretaría de Educación local aplicó durante dos meses un enfoque de enseñanza más explícito. Con apenas una hora semanal de trabajo, los estudiantes lograron duplicar en promedio su capacidad de escritura.
Para el especialista, los datos son contundentes: cuando la enseñanza sigue un enfoque estructurado y basado en evidencia, los chicos aprenden más rápido y con mejores resultados.
Recuperar la misión básica de la escuela
El debate sobre cómo enseñar a leer y escribir no es solo pedagógico: también tiene una dimensión social. La alfabetización es la puerta de entrada a todos los demás aprendizajes escolares.
Por eso, sostiene Rieznik, la escuela tiene una misión fundamental: garantizar que ningún chico quede afuera del mundo de la lectura, la escritura y el pensamiento matemático.
Incorporar prácticas pedagógicas respaldadas por evidencia científica, afirma, no es una cuestión ideológica sino una decisión basada en conocimiento acumulado. Y, en última instancia, una forma de asegurar que todos los estudiantes tengan las herramientas básicas para aprender y desarrollarse.
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