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Guerra entre Ucrania y Rusia: ¿Cómo hablar del conflicto bélico con los chicos?

Algunas claves para que puedas conversar en familia sobre este contexto de violencia; lo más importante, el intercambio en función de los intereses que manifieste cada niño, niña o adolescente; el rol de las redes sociales


Una niña sostiene un mensaje que dice "No a la guerra" en las gradas antes del inicio del partido entre Rayo Vallecano y el Real Madrid en el estadio de Vallecas en Madrid.

Una niña sostiene un mensaje que dice "No a la guerra" en las gradas antes del inicio del partido entre Rayo Vallecano y el Real Madrid en el estadio de Vallecas en Madrid. - Créditos: Jose Breton, AP



La guerra entre Ucrania y Rusia generó una incertidumbre global. Los niños, niñas y adolescentes no son ajenos a este contexto. En este tiempo de comunicaciones instantáneas las infancias buscan respuestas y construyen su realidad no solo a partir de sus vínculos, sino también por su acceso a las tecnologías y redes de información. Como adultos responsables, ¿cómo podemos acompañarlos y conversar acerca de la guerra? ¿Con qué herramientas contamos?

La Magíster en Comunicación y Derechos Humanos Martina Iribarne marca un contrapunto. “La guerra es la imposibilidad de diálogo, la imposición y el uso de la fuerza como forma de instalar un punto de vista totalitario y la anulación de experiencias diversas para habitar el espacio común”, define. Y contrasta: “Conversar sobre los fenómenos de extrema violencia con las infancias y adolescencias requiere configurar tiempos y espacios que habiliten el ejercicio de la libertad y la curiosidad”.

Lo importante es abrir ese espacio de diálogo. El doctor en Trabajo social, investigador del tema de infancias Julián Fernández apunta que “el diálogo debe ser comprendido como una relación procesual y continua, no un evento excepcional de entrega de información”.

Agrega que, en esta coyuntura de guerra, también se puede generar la oportunidad de hablar sobre la violencia en las infancias. “No debemos invisibilizar las múltiples experiencias de la violencia que las infancias y las adolescencias experimentan, de forma sistemática y prolongada. Todas ellas requieren del ejercicio del diálogo en los diferentes espacios en los que transitamos”, propone este docente.

Con su colega –ambos son profesores en la Universidad Nacional de La Plata- elaboraron estas claves para conversar con los chicos acerca de la guerra.

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    Invitar a la pregunta como modo de iniciar el diálogo es una forma de no presuponer conocimientos e intereses acerca del tema, en este caso el conflicto bélico. Podemos preguntarles a los niños y niñas qué conocen acerca de la guerra, dónde vieron información y, principalmente, si la guerra se constituye en un tópico de su interés. A partir de ahí podemos invitarlos a explorar en cuestiones que tal vez no pensaron aún.

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    Es importante estar atentos a los modos en que se informan los chicos y jóvenes e introducir alguna reflexión sobre el contenido que circula en redes sociales, ya que no siempre se trata de información veraz.

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    Si bien hay eventos específicos que, por su magnitud, excepcionalidad, y actualidad requieren de un diálogo urgente, es imprescindible visibilizar que la violencia no es una experiencia ajena a la niñez. Por lo tanto, podemos ensayar formas de encuentro y de aproximación a esa conversación utilizando sus propias vivencias y prácticas cotidianas.

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    Según las edades de las que se traten, podemos proponer reflexiones acerca de cómo se organiza el mundo y los fenómenos de desigualdad y violencia, de modo de convocarlos a participar sobre la pregunta en torno a cómo se configuran los conflictos sociales. Esto evita que nos acerquemos a la conversación de manera unilateral.

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    Es importante no moralizar, no imponer un punto de vista, de modo que se pueda dar lugar a una reflexión personal de cada quien acerca de esta experiencia. Esto implica respetar lo que otras personas proponen, no censurar posiciones de las infancias y aceptar las derivas de la experiencia de la libertad, ya que el espacio compartido necesita de la participación de todos.

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    Es preciso que los adultos piensen las mediaciones necesarias del lenguaje para hacer entendibles los acontecimientos como los que se suceden en una guerra. Hablar en un lenguaje llano, encontrar las propias palabras para explicar un punto de vista, acercar ideas que contextualicen el tema que se aborda, encontrar referencias comunes es importante para delinear construcciones de sentido conjuntas.

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    Sobre lo que no conocemos, no mentir. Es necesario indagar en los propios límites acerca del tema y tomarse un tiempo para explorar nuestras resistencias e ignorancias. Puede ser útil proponer una pausa al diálogo mientras eso ocurre.

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    Cuando no sabemos cómo generar las condiciones para la conversación podemos recurrir a diversos recursos, entre ellos, la literatura, que nos ofrece un campo valioso para reflexionar en torno a los problemas sociales. Sobre el tópico de la guerra hay libros como El diario de Ana Frank, El diario de Francisca, La Ultrabomba, El Pueblo que no quería ser gris o Emigrantes, entre otros, que pueden ayudarnos en esa exploración.

Los niños que viven esta guerra

La psicóloga Andrea Aghazarian, que se especializa en la clínica con niños, propone diferenciar a quienes viven la guerra de los que se informan sobre ella. Coincide con Martina Iribarne y Julián Fernández en que hablar con niños sobre la guerra cuando la información les viene como una noticia requiere escuchar cuál es su real inquietud. “Los miedos pueden generar en los más pequeños fantasías de fin de mundo, como también miedo a la pérdida de un ser querido, de la suya propia, pesadillas, regresiones a etapas evolutivas anteriores en los más pequeños”, señala. “En estos casos habrá que observar cambios en los dibujos, en los juegos, en las conductas y en sus estados anímicos”.

Reconoce que los niños que crecieron en pandemia ya tuvieron alguna de estas fantasías. “Los psicólogos venimos viendo algo de todo esto en el último tiempo, con la diferencia de que en el caso de la guerra se puede ubicar las responsabilidades y los causantes, esto complejiza las explicaciones y su comprensión para los niños”. Dice que a los pequeños “hay que proporcionarles todos los recursos que tengamos a nuestro alcance que sirva para darles algo de seguridad y eso requiere de una charla. Nunca para un niño será indiferente la violencia, lo demuestre o no. Sólo hay que estar atentos”.

Ucrania: un niño camina con dos tanques a su espalda

Ucrania: un niño camina con dos tanques a su espalda - Créditos: AFP

La especialista recuerda que, en otras épocas se pensaba que el adulto podía mantener a los niños al margen de las violencias y se hacía un manto de silencio, “pero nadie más que ellos son blancos de todas las violencias por su extrema vulnerabilidad, es por esto que a la violencia hay que nombrarla como tal, para poder diferenciarla del resto. Hace mucho que desde los videojuegos en adelante se mata y se muere, lo que se juega en realidad es quién es el más fuerte”. Agrega: “En la guerra lo que está en juego es la vida. Los adultos debemos dialogar, diferenciar, generar empatía, sensibilidad y siempre ofrecerles opciones para evitar el sentimiento de total impotencia”.

Aclara que nada de esto tiene punto de comparación con vivir la guerra. “Los niños que viven la guerra están expuestos al horror, algo totalmente siniestro, es algo innombrable en su totalidad, un trauma que retorna a lo largo de la vida”, define. “Es por esto que uno de los trabajos importantes en la posguerra es el abordaje no sólo de la salud física, sino de la salud psíquica de niños y adultos. Ese trauma será transgeneracional, es decir, que afectará por varias generaciones a los sobrevivientes”.

Esos chicos y adolescentes que están viviendo la guerra “tendrán en su horizonte puesto el foco en las justicias y las injusticias, tanto en su vida pública como privada. Ser sobreviviente de un horror que pudo haberse evitado nunca es sin costos”.

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