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¿Cómo cuidar los ojos en invierno?

Los ojos sienten el frío. Una consecuencia es el "ojo seco". ¿Cómo podemos proteger la vista en ambientes calefaccionados cerrados o al aire libre en invierno?


Los anteojos de sol, son un modo de proteger la vista frente en ambientes de nieve.

Los anteojos de sol, son un modo de proteger la vista frente en ambientes de nieve. - Créditos: Getty



Los ojos, además de permitir ver, también sienten. Eso es porque tienen una gran cantidad de receptores.

El médico oftalmólogo Germán Bianchi explica que la córnea es la estructura con mayor sensibilidad en todo el cuerpo. Es decir, que, por ejemplo, una mínima partícula que esté suspendida en el aire, si toca el ojo genera molestias o, incluso, dolor.

Los ojos perciben cómo está el medio que los rodea y, como defensa, se origina el parpadeo, sea para impedir que algo los lastime o, de forma rutinaria, para distribuir la capa de lágrimas sobre toda la superficie del ojo, tanto para hidratarla como para nutrirla. A la vez, las lágrimas diluyen partículas aéreas y permiten su lavado, evitando así el contacto con la córnea y la sensación de molestia.

 

¿Pero qué sucede con algo no tangible, como el frío? También nos puede afectar y dañar la vista, le consultamos.

Los ojos sienten el frío, pero no de la forma en la que, por ejemplo, se puede percibir en los pies o en la cara. "La superficie ocular tiene receptores específicos para el frío, están localizados en la córnea, se activan con bajas temperaturas y originan un estímulo nervioso que será sentido como algo desagradable, pero su expresión será similar a tener una basurita, un cuerpo extraño y se generará un parpadeo reflejo", explica el médico.

"Al parpadear, se produce secreción lagrimal y se lubrica la superficie ocular, mitigando esa sensación e incentivando, nuevamente, a los receptores", agrega. En síntesis, los ojos, pueden sentir el frío, que será algo molesto o, en su extremo, como un dolor.

 

¿Todas las personas sienten frío en los ojos de igual forma?, preguntamos. Bianchi responde, contundente: "No. Por un lado, hay que considerar que, si un individuo está sano y no tiene problemas oftalmológicos, su parpadeo reflejo y la secreción lagrimal servirán como factor de protección, pero muchos mayores de 50 años tienen algún grado de afectación en su calidad de lágrimas y, puntualmente, parte de esa población, posee una patología conocida como ojo seco".

Señala que, en este grupo de personas, el frío “se siente más”. Es decir, tanto el frío severo como el calor extremo exacerba los síntomas en ellos y llega, incluso, a producirles dolor.

¿Se puede evitar?, consultamos. "Sí. En situaciones en donde se está en el exterior, si además de frío, hay viento, sin dudas, unos anteojos serán de gran ayuda. Y, si son antiparras, mucho mejor, sobre todo, en situaciones de tormenta de nieve o agua nieve".

Precisa que, en un ambiente interior, la utilización de lágrimas artificiales también podrá ser de utilidad. Pero es relevante que, si se nota cada vez más el frío en los ojos, se realice una consulta oftalmológica para poder evaluar si no se requiere de una terapia lubricante de base.

Hay que recordar también que, ante situaciones de frío extremo, las lágrimas se pueden congelar, como cualquier otro fluido, algo que, felizmente, es poco frecuente.

Como medidas prácticas, los anteojos con graduación y de sol son de gran ayuda. Si a pesar de esto, continúan las molestias, consultar con el oftalmólogo, que podrá probar con lágrimas artificiales.

¿Qué sucede en ambientes cerrados y/o calefaccionados?

La respuesta depende, en parte, de qué tipo de calefacción se utiliza. El experto explica que, por ejemplo, si se emplean aires acondicionados frío/calor, se genera un ambiente de calor seco y hay que tener en cuenta que se produce una evaporación aumentada de la capa lagrimal, lo que puede ocasionar “ojo seco”. Los síntomas son, principalmente, visión borrosa o fluctuante y sensación de cuerpo extraño o arenilla en los ojos. A su vez, es relevante evitar exponer los ojos directamente a la salida de aire caliente de los equipos de calefacción.

En el caso de calefacción a gas e incluso en el caso de la calefacción a leña, sea mediante salamandras u hogares, el tipo de calor generado es más amigable con los ojos, ya que no secan tanto el ambiente como los aires acondicionados. Pero, igualmente, y según la temperatura alcanzada, también podrá llegarse al punto de aumentar la evaporación lagrimal.

Siempre, ante la aparición de síntomas, se pueden utilizar lubricantes, prescriptos por un médico. Pero lo ideal es lograr un balance entre una temperatura adecuada, aumentar el abrigo y mantener una ventilación periódica del ambiente.

Experto consultado: Germán Bianchi, médico oftalmólogo, jefe de trasplante de córnea en Clínica Nano.

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