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El espacio liminal explicado por la ciencia: ¿por qué el cambio siempre incomoda?

La ciencia explica por qué todo proceso real de cambio atraviesa un período incómodo y sin resultados visibles. Qué es el espacio liminal, cómo impacta en el cuerpo y por qué aprender a habitar el “mientras tanto” puede marcar la diferencia entre abandonar o transformarse de verdad.


mujer en bici

Qué es el espacio liminar y por qué es indispensable atravesarlo si buscamos cambios. - Créditos: Getty



Enero tiene algo de pasillo. No somos quienes éramos en diciembre, pero tampoco somos todavía quienes planificamos ser. Estamos en tránsito.

Ese espacio —difuso, incómodo, sin forma clara— suele generar ansiedad. Queremos resultados rápidos, señales de avance, certezas. Queremos llegar. Queremos que el cambio se note ya.

Pero todo proceso real de transformación —física, emocional u hormonal— atraviesa una etapa incómoda, sin resultados visibles y difícil de sostener. Comprender esto puede marcar la diferencia entre abandonar o transformar.

Entre el punto de partida y el resultado existe un territorio poco nombrado pero inevitable: el espacio del mientras tanto. Ese lugar donde el cuerpo y los hábitos todavía no encajan… y, aun así, algo profundo ya está cambiando.

Qué es el espacio liminal (y por qué incomoda tanto)

El espacio liminal es un lugar o estado de transición, un "umbral" (del latín limen) entre dos fases. Describe el momento en el que dejamos atrás una identidad, pero la nueva todavía no se consolidó. No es el antes. Tampoco el después. Es el medio.

Un estado transitorio.
Una sala de espera.
Un “todavía no”.

Es un espacio que no ofrece recompensas inmediatas: no hay aplausos, no hay cambios visibles, no hay sensación clara de logro. Por eso muchas personas vuelven atrás. No porque no puedan seguir, sino porque no saben que este tramo también forma parte del camino.

Aunque la biología no utiliza el término “espacio liminal” como concepto central, sí describe algo muy similar: fases de transición (Liminalidad) estados intermedios entre dos equilibrios, donde el sistema parece inestable antes de reorganizarse.

Cuando el cuerpo entra en transición

Cada vez que decidimos mejorar nuestra salud, el cuerpo entra inevitablemente en ese territorio intermedio. Ya no sostenemos ciertos hábitos, pero los nuevos todavía no están integrados. Ya no somos “como antes”, pero todavía no sentimos el resultado.

En ese momento suelen aparecer señales típicas del espacio liminal:
    •    entrenamos, pero no nos sentimos fuertes
    •    comemos mejor, pero no vemos cambios
    •    dormimos más, pero seguimos cansadas
    •    hacemos “todo bien”, pero dudamos

El cuerpo protesta.
La mente cuestiona.
La motivación fluctúa.

Y muchas veces interpretamos este momento como un error. Como una señal de que “no es por acá”.

Sin embargo, el bienestar real no se construye cuando todo fluye, sino en ese período silencioso donde solo hay repetición. Cuando nadie ve el esfuerzo. Donde no hay transformación evidente, pero sí una reorganización profunda que está ocurriendo.

Claves para atravesar el espacio liminal (sin abandonarlo)

Si este comienzo de año te encuentra en transición, estas ideas pueden ayudarte a no salir corriendo del “mientras tanto”:

* No apures resultados: El cuerpo necesita tiempo para reorganizar sistemas, hormonas, tejidos y hábitos.

* No interpretes la incomodidad como error: Muchas veces es señal de ajuste, no de fracaso.

* Sostené lo básico: Descanso, alimentación, movimiento y escucha corporal. Lo simple es lo que más sostiene.

* Medite distinto: Más energía, mejor vínculo con tu cuerpo o menos autoexigencia también son avances.

* Quedate, no abandones: El espacio liminal se atraviesa permaneciendo, no forzando.

El ciclo femenino como territorio liminal

Es imposible no pensar el ciclo femenino como un territorio liminal en sí mismo. El cuerpo femenino conoce desde siempre el lenguaje de la transición. El ciclo menstrual es un sistema liminal: un movimiento constante entre soltar, reorganizar y volver a empezar. No hay línea recta. Existen fases que se van repitiendo mes a mes.

Existen momentos del ciclo menstrual —y del ciclo vital de la mujer— en los que esa sensación de estar “en el medio” se vuelve especialmente evidente:
    •    fase premenstrual: ya no sos la misma, pero todavía no soltaste
    •    menstruación: pausa biológica, vacío, umbral
    •    post anticonceptivos hormonales: cuerpo sin mapa, reaprendizaje
    •    perimenopausia: aparecen cambios y, muchas veces, la sensación de estar perdida
    •    embarazo y posparto: transformación profunda cerebral y corporal

 

Entender el ciclo como un proceso continuo de renovación —donde cada fase cumple una función y ninguna debería ser apurada— cambia por completo la forma en que miramos al cuerpo.

El ciclo enseña algo radical, pero simple:
    •    no todo progreso es lineal
    •    no todo cambio es visible
    •    no todo lo valioso se siente cómodo

Quizás comprender esto sea el primer paso para dejar de exigirle al cuerpo resultados inmediatos y empezar a acompañarlo en sus tiempos reales.

El cuerpo no está perdido cuando está en transición. Está haciendo lo que sabe hacer desde siempre: preparar el terreno biológico.

Y tal vez este comienzo de año no sea para llegar rápido, sino para aprender a habitar el mientras tanto. Con más escucha. Con menos exigencia.
Y con la confianza de que, incluso cuando no se nota, algo importante ya está cambiando.

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