La ciencia de la felicidad: 7 hallazgos que te van a sorprender

La felicidad es un enigma que interesa al ser humano desde siempre. Hoy contamos con un marco teórico basado en investigaciones científicas que nos permiten acercarnos a lo que nos hace bien.


Claves para soltar, en este último tramo del año.

Claves para soltar, en este último tramo del año. - Créditos: Getty



Aunque centrarse en la prosperidad y el bienestar personal nos resulte hoy básico y esencial, la realidad es que durante la segunda mitad del siglo XX la psicología y la investigación científica estuvo obsesionada con la enfermedad, los trastornos y los aspectos negativos de la vida.

Yuval Noah Harari, uno de los intelectuales públicos más influyentes de la actualidad, dedica uno de sus capítulos de su best seller mundial, De Animales a Dioses, enteramente a la cuestión del estudio de la felicidad, reconociéndola como un campo de estudio nuevo y una gran deuda histórica del conocimiento científico.

En esencia lo que la ciencia de la felicidad nos enseña es que una vida feliz se basa en la generación de hábitos como la gratitud, la presencia (estar en el aquí y ahora) y las relaciones íntimas sólidas.

El rasgo principal en el que los estudios empíricos coinciden es que nos equivocamos cuando creemos que la consecución de una circunstancia externa nos dará felicidad permanente: las personas se adaptan rápidamente a sus circunstancias, un fenómeno que los científicos llaman adaptación hedonista. De ahí que una mejora en las condiciones objetivas como una nueva casa o un ascenso laboral proveen un breve lapso de felicidad, para dejarnos luego insatisfechos y deseando más.

7 hallazgos científicos

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    Dinero. Una de las principales conclusiones que arrojan los estudios científicos es que efectivamente el dinero produce cierta felicidad. Pero solo hasta cierto punto y pasado dicho punto carece de importancia. “Lo que los estudios sugieren es que el aumento en el ingreso implica un aumento en el grado de felicidad de un individuo únicamente en los casos en los que ese dinero extra le significa tener sus necesidades básicas cubiertas, es decir, para quien se encuentra en la base de la escala económica”, dice Harari.

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    Gratitud. Un estudio de la NCBI (National Institutes of Health) concluyó que algo tan simple como escribir tres cosas por las que estamos agradecidos todos los días durante 21 días seguidos aumenta significativamente nuestro nivel de optimismo y que esa sensación logra mantenerse hasta por seis meses.

    Durante el estudio, 43 personas inmersas en psicoterapia para tratar la depresión realizaron diversos ejercicios de gratitud que consistieron en escribir cartas de agradecimiento a las personas de sus vidas y, tres meses más tarde, las 43 exploraciones cerebrales que se realizaron mostraron como resultado efectos neuronales profundos, duraderos, notables y positivos.

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    Edad. A diferencia de lo que probablemente muchos crean, teniendo en cuenta el culto a la juventud de nuestra sociedad actual, los estudios demuestran que entre los 25 y 60 años el nivel de felicidad de los individuos es menor. Esto es así porque durante esos años contamos con mayores exigencias y preocupaciones. Son de hecho las personas que se ubican por fuera de esa franja las que experimentan mayores grados de felicidad.

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    Comunidad. Otro resultado, que se encuentra presente en enorme cantidad de estudios, arroja que las personas que viven en familias fuertes o en comunidades bien arraigadas que apoyan a sus miembros son significativamente más felices que quienes viven en familias disfuncionales y que no se sienten parte de una comunidad. En esa línea, estudios demostraron una correlación muy estrecha entre buenos matrimonios y elevados niveles de felicidad, que se mantiene incluso independientemente de las condiciones económicas e incluso físicas.

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    Condiciones objetivas y expectativas subjetivas. El hallazgo más novedoso es quizás el que relaciona nuestras condiciones objetivas con nuestras expectativas subjetivas. Cuando las cosas mejoran, las expectativas aumentan y, en consecuencia, mejoras incluso espectaculares de las condiciones objetivas nos pueden dejar insatisfechos.

    El ciudadano egipcio promedio, expresa Harari, tenía muchas menos probabilidades de morir de hambre, de la peste o de violencia bajo el gobierno de Mubarak que bajo el de Ramses II o Cleopatra. De hecho, las condiciones materiales de la mayoría de los egipcios nunca habían sido tan buenas. Sin embargo, en 2011 se levantaron furiosamente para derrocarlo. No se comparaban con sus antepasados, se comparaban con los habitantes del primer mundo.

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    Tiempo y dinero. Otro estudio interesante fue el que hizo foco en la batalla entre tiempo y dinero. Un estudio de Harvard siguió a 1000 estudiantes después de graduarse y descubrió que, aquellos que ingresaron a la fuerza laboral y valoraron el tiempo más que el dinero, tendían a ser más felices. Esto no significaba que hubiesen priorizado oportunidades perezosas o que implicaran baja presión. Por lo general, significaba que demarcaban una línea en la que la búsqueda de dinero no valía la pena el sacrificio. Entendieron la importancia del equilibrio.

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    Mindfulness y meditación como forma de vida. El budismo, dice Harari, asignó a la cuestión de la felicidad más importancia quizás que cualquier otro credo humano: “Durante 2500 años los budistas han estudiado de manera sistemática la esencia y las causas de la felicidad, que es la razón por la que hay un interés creciente entre la comunidad científica, tanto por su filosofía como por sus prácticas de meditación”. Al día de hoy, los estudios científicos demuestran que el mindfulness activa las regiones cerebrales más evolucionadas para que puedan controlar el disparo impulsivo de algunas de las estructuras más primitivas como el miedo, el enojo y el estrés.

Tal como expresa Martín Becerra, CEO de la app de meditación Puramente App: “La neurociencia nos enseña que en tan solo cuatro meses de ejercitación en meditación el cerebro genera millones de nuevas conexiones y engrosa las áreas que se vinculan con la concentración, la empatía, la compasión y la inteligencia emocional”.

Asesoró: Pura Mente

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