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Soy psicóloga clínica y si te pasan alguna de estas cosas, quizá es momento de dejar terapia

Una herramienta fundamental y súper importante en el bienestar de nuestra salud mental, también es cierto que a veces sentimos que es momento de dejar terapia y cerrar ese ciclo. ¿Qué tener en cuenta antes de tomar la decisión final?


Cómo reconocer el momento para dejar terapia.

Cómo reconocer el momento para dejar terapia. - Créditos: Getty



Tal vez por cansancio, por las resistencias que aparecen cuando nos acercamos a nuestras angustias y deseos más profundos, por falta de compromiso o porque sentimos que necesitamos cerrar un ciclo, el dejar terapia puede convertirse en un momento de crecimiento y, también, de mucha angustia. En esta nota, te compartimos algunas claves para evaluar la decisión y transitarla con paciencia y sinceridad.

¿Está bien sentir que quiero dejar?

Antes que nada, empecemos por el principio: lo primero que tiene que pasar para que exista el análisis es que se establezca la conexión entre el terapeuta y el paciente. Previamente a que comencemos a trabajar en un espacio de terapia, se produce, como decía el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, una relación de transferencia y contratransferencia. Este vínculo es muy normal y hasta se lo llama “amor de transferencia”. Entonces, cuando sentimos como pacientes que una relación terapéutica está por llegar a su fin o que cumplió un ciclo, lo que está pasando es que esa transferencia empezó a decaer o está dejando de producir los efectos que esperábamos. Algunos indicadores de que estamos transitando ese camino pueden ser:

1. Después de la sesión de terapia, el efecto no es el mismo que en sesiones anteriores: ya no te quedás pensando o reflexionando sobre las temáticas que trabajaste. 

2. Sentís que las intervenciones del analista pierden fuerza.

3. Te cuesta asistir o cumplir con el horario y día pautado. 

Obvio, aclaremos que si hablamos de culminar un proceso terapéutico, es porque este se inició y tuvo continuidad. Si alguien asiste a 5 o 10 sesiones de terapia y después no va más, no podríamos llamarlo “dejar terapia”. Esto es porque en ese tiempo tan corto probablemente no se haya entablado una buena conexión.

¿Está ok que me dé angustia dejar?

A veces, pensar en dejar terapia nos produce angustia. Justamente por la intimidad que se genera con el analista en esos encuentros en donde se nos mueven fibras muy internas. También, en algunos casos, se activa la culpa y el no saber cómo encarar la situación de querer poner el punto final. La cuestión, entonces, será confiar en que, si hay una buena alianza entre analista y paciente, se van a dar las condiciones para que nos acompañen en la decisión de cerrar el espacio. Es muy importante que los terapeutas respeten esas demandas y necesidades que les planteamos. A veces también ocurre que, antes de finalizar del todo el vínculo terapéutico, los pacientes sugieren flexibilizar el encuadre o espaciar las sesiones y eso es totalmente válido y tiene que ser conversado y trabajado. La terapia puede también terminar cuando se hizo un buen trabajo, o sea, cuando el paciente internaliza las herramientas que desarrolló en el espacio. Por ejemplo, a veces, muchos expacientes se acuerdan de intervenciones y frases de sus terapeutas como si fueran mantras. Hay un camino trazado, una hoja de ruta, un GPS, y a partir de ahí, aunque sea por un tiempo, podemos caminar en solitario.  

Cosas que deberías tener en cuenta si querés dear terapia.

Cosas que deberías tener en cuenta si querés dear terapia. - Créditos: Getty

Motivos para “Tirar la toalla”

  • “Ya no tengo onda con mi terapeuta”. Por diversas razones, puede pasar que no logremos establecer un buen vínculo sostenido con el terapeuta. Como en toda relación, tiene que haber lo que llamamos feeling. También ocurre que para muchas personas es muy importante que el analista maneje cierto sentido del humor, porque nos parece necesario abrir esa puerta y entender que el humor se parece al amor y ocupa un lugar clave en la vida psíquica y humana. Tal vez no estemos pegando onda con la terapia porque, entre otros motivos, no maneja ciertos guiños y complicidades que nosotras sí. 

  • “No quiero conectarme con mis angustias”. Un concepto ABC del psicoanálisis es el de “resistencia”. Es decir, cuando no nos sentimos preparadas para abordar ciertas cuestiones. En este sentido, la idea es confiar en los profesionales y su capacidad de regular los tiempos de la terapia. Esto es ir más profundo o descomprimir o frenar según lo que lean en el paciente. Cuando se trabaja muy rápido o directo en lo doloroso –e incluso en los deseos propios–, lo más probable es que aparezcan resistencias muy fuertes e inmediatas (esto se traducirá en que nos olvidemos del horario de la sesión, no asistamos, cancelemos). 

  • “El costo se me va de presupuesto”. Esta es una cuestión re delicada porque los honorarios forman parte del encuadre y de la ética de un tratamiento. Lo recomendable es que exista buen diálogo y flexibilidad entre ambas partes para poder conversar si el paciente no puede abonar la totalidad del honorario. Hay casos en los que los terapeutas están dispuestos a negociar o llegar a un acuerdo: sesiones más cortas (para reducir el costo del honorario) o espaciar la frecuencia. 

  • “Me siento estancada”. Cuando nos cuesta de manera recurrente ir a la sesión o cuando cualquier otro plan nos parece más atractivo que la terapia, lo que está ocurriendo es el mismo decaimiento que puede suceder en cualquier otro vínculo amoroso de nuestra vida. Que después de las sesiones no te quedes pensando en nada o con ninguna sensación también tiene que ver con esta falta de motivación y sentimiento de que la relación terapéutica está desgastada. De todas maneras, también puede ocurrir que la terapia haya llegado a un tope, es decir, al punto más lejano al que se podía llegar. 

  • “Creo que ya resolví el problema”. Puede pasar que el sentirnos estancadas o el querer dar por terminada la terapia esté hablando de que hicimos un buen trabajo y de que ya estamos listas para lanzarnos a andar en bicicleta ¡sin las rueditas! (al menos por un tiempo, y no descartemos nunca la posibilidad de buscar el acompañamiento de otro profesional).  

Los argentinos y la terapia: ¿un romance eterno?

Uno de los clichés sobre los argentinos –y especialmente sobre los porteños– es que aman hacer terapia. Sobre este romance, hay datos alentadores y otros que no. Que Buenos Aires sea la ciudad donde la gente más se psicoanaliza es data de la buena. Si nos enteramos de que en determinada parte del mundo hay, por ejemplo, muchos restaurantes; lo primero que pensaría sería “qué bien que come la gente de ese lugar”, y no lo contrario. El mismo razonamiento aplica para pensar a Buenos Aires y sus analizantes.

No hay que olvidarse de que somos hijos e hijas de una generación de inmigrantes; esto significa que hay en nuestro ADN, linaje y cultura una pregunta por la pérdida, y el psicoanálisis sabe rodear muy bien esa encrucijada. Por eso, los argentinos somos alegres y melancólicos. Alejandro Dolina lo explica así: le gusta estar en una fiesta y, mientras se está divirtiendo, mirarse con complicidad con el amigo que, en el medio de la fiesta, también sabe que nos vamos a morir en algún momento. Es una metáfora hermosa, y es una escena que representa bastante esta cuestión de la alegría, la melancolía y la pregunta. La terapia –y el psicoanálisis en particular– sabe cómo alojar esa posición existencial y humana. Hacer terapia se parece mucho a manejar: se trata de ir siempre para adelante, pero es imposible sin mirar el espejo retrovisor.

¿Estoy preparada para dejar?

Si el fin está cerca, estas son algunas señales concretas:

- Te cuesta cumplir con las sesiones. 

- Sentís que se perdió la magia con tu terapeuta. 

- Le encontraste la vuelta al tema por el que consultaste. 

- Internalizaste y ponés en práctica las herramientas que adquiriste durante la terapia.  

- Te tienta probar con otro tipo de terapia o de profesional. 

Cuándo no es buena idea dejar:

Si estás en tratamiento psiquiátrico (porque tiene que estar sí o sí acompañado por un espacio de terapia).

- Si estás en situación de abuso de sustancias o conductas.

- Si estás atravesando un duelo reciente. 

- Si tenés insomnio y/o ansiedad recurrentes.

- Si tu vida vincular es escasa o conflictiva.

- Cuando sentís muy poco entusiasmo y abulia por la vida

Y ahora, ¿cómo se lo digo?

Si decidiste que es momento de dejar, confiá en que el vínculo forjado va a acompañar este desenlace. Considerá la opción de mandar un WhatsApp para escribir tranquila y afrontar sin tanta ansiedad el encuentro donde sería el planteo definitivo. Spoiler alert: ¡tranquila!, probablemente, si tu analista está bien conectado, ya intuye lo que te está pasando y está preparado para acompañarte en el cierre

- Experta consultada. Luján Rossetto. Psicóloga clínica  y sexóloga. @maternarse.

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