Sumar gramíneas a nuestro espacio verde suele ser una decisión acertada, sobre todo si buscamos movimiento, un aspecto silvestre y plantas de bajo mantenimiento. Pero ¿qué sucede cuando no sabemos cuáles son sus cuidados básicos y dejamos que todo se descontrole?
Para empezar: ¿tenés gramíneas en tu jardín? Andá a mirarlas. Si todavía conservan sus hojas secas porque no las cortaste a finales del invierno, es momento de buscar las tijeras o un cuchillo tipo serrucho, ponerse los guantes y ponerse manos a la obra.
¿Por qué las gramíneas se secan?

Las gramíneas o pastos ornamentales tienen tallos huecos, similares a sorbetes. Esta característica les permite moverse con el viento y les aporta cierta flexibilidad frente a diferentes condiciones del ambiente.
Además, muchas son herbáceas vivaces: cuando llegan los fríos del otoño, comienzan a modificar su color y la parte aérea entra en un período de reposo. Mientras tanto, sus órganos subterráneos permanecen vivos y esperan las condiciones adecuadas para volver a brotar.
Durante el invierno, esa estructura seca también tiene su encanto. Aporta textura, color y movimiento, incluso con el viento. Pero llega un momento en el que tenemos que decirle adiós a lo viejo para dejar espacio a lo nuevo.
Entonces, ¿qué tareas hay que hacer? ¿Todavía estamos a tiempo?
Cómo podar las gramíneas paso a paso

1. Sujetá las hojas
Podés atar la estructura de hojas con una colita de pelo o una cinta, cerca de la parte superior. Esto permite reunir el material seco y facilita mucho la tarea de corte.
2. Elegí una herramienta adecuada
Usá una tijera bien afilada o, si la planta tiene una estructura más dura, un cuchillo tipo serrucho. No te olvides de los guantes: algunas gramíneas tienen hojas que pueden ser bastante filosas.
3. Cortá cerca de la base
Identificá la base de la planta y realizá el corte aproximadamente a 5 centímetros del suelo. La idea es retirar la estructura seca del año anterior y dejar un pequeño volumen de planta que permita que los nuevos brotes reciban más luz y tengan espacio para desarrollarse.
4. ¿Qué hacemos con todo lo que cortamos?
El material seco no necesariamente tiene que terminar en la basura. Podés incorporarlo al compost, utilizarlo como cobertura del suelo o simplemente dejarlo en algún sector del jardín para que se vaya descomponiendo.
¿Qué pasa si las cortamos demasiado temprano?

El momento de la poda también importa. Si realizamos esta tarea apenas comienzan los fríos, podemos quitar una protección natural que ayuda a resguardar la base de la planta durante el invierno.
Además, retirar demasiado pronto la parte aérea puede favorecer un rebrote anticipado. Si después llegan heladas o bajas temperaturas, esos nuevos brotes pueden sufrir daños.
Por eso, la poda de limpieza suele hacerse hacia el final del invierno o antes de que comience con fuerza el nuevo crecimiento, dependiendo de la especie y de las condiciones de cada jardín.
¿Y si no las cortamos?

Dejar la estructura seca durante el invierno no es necesariamente un problema. De hecho, puede aportar interés visual al jardín y ofrecer refugio a pequeños animales.
El inconveniente aparece cuando comienza el nuevo crecimiento y la planta vieja permanece allí sin ningún tipo de mantenimiento.
Entre las razones para retirar la estructura seca están:
1. Los nuevos brotes pueden quedar atrapados entre las hojas del año anterior. Al crecer entre ese material, pueden perder espacio y luz.
2. La humedad puede acumularse. En determinadas condiciones, el material seco y húmedo puede favorecer problemas de pudrición.
3. La planta puede perder prolijidad. Si los brotes nuevos aparecen mezclados con la estructura seca del año anterior, el resultado puede ser un ejemplar desordenado y menos estable.
Lo que más me gusta de las gramíneas

Amo las gramíneas porque sus cuerpos se mueven con la mínima brisa. Ese movimiento transmite una sensación de frescura incluso durante los días más calurosos.
Y cuando sus inflorescencias quedan atravesadas por los rayos del sol, pueden generar una de esas escenas mágicas que hacen que un jardín cobre otra dimensión.
También me gusta lo que nos enseñan: a veces parece que la planta llegó a su punto más bajo, que está seca y quieta, pero debajo de esa estructura aparentemente muerta hay vida esperando el momento de volver a aparecer.
Son, de alguna manera, el Ave Fénix de muchos espacios verdes.
Y además son plantas bastante nobles: muchas especies toleran períodos de poca disponibilidad de agua, disfrutan del sol directo y pueden crecer tanto en macetas como en grandes canteros. Claro que sus necesidades dependen de la especie y de las condiciones particulares de cada espacio.
Recordá que para disfrutar de la jardinería también tenemos que dejar de padecer las tareas de mantenimiento. Si nos organizamos y tenemos la información necesaria a mano, cuidar nuestras plantas puede convertirse en una tarea mucho más sencilla.
Es cuestión de empezar.
Alejandra Bielous Paisajista, jardinera y docente.




