Hay una manera de pensar el living que lo convierte en una especie de escenario neutro: paredes claras, pocos objetos y una selección muy medida de muebles. Pero también existe otra posibilidad, más cercana a las casas que se construyen con el tiempo, donde los libros, las obras de arte, los colores y los objetos cuentan parte de la historia de quienes viven ahí.
Una selección de livings publicada por Revista LIVING muestra justamente esa tendencia: espacios que no buscan que todo combine de manera perfecta, sino que encuentran su identidad en la convivencia entre piezas, texturas y recuerdos.
Elegimos tres casas que pueden servir como inspiración para llevar esa idea a nuestros propios espacios.
1. Un living donde el color también construye la identidad

En la casa de la artista Abril Tanoira, creadora de Polinizadora, el living funciona como uno de los grandes centros de la vida familiar. Ubicada en La Horqueta, la vivienda fue transformándose al mismo tiempo que cambiaba la vida de su dueña.
Para las paredes eligió un gris azulado que se relaciona con los textiles y los muebles. Los sillones vintage de estilo escandinavo fueron retapizados con pana en una tonalidad cercana a la de las paredes, una decisión que genera continuidad sin necesidad de que todos los elementos sean iguales.

Uno de los protagonistas es la biblioteca, pensada para integrarse con el comedor. La propuesta estuvo a cargo de Mesopotamia BA y permitió que ambos ambientes se conectaran visualmente. El resultado es un espacio amplio que puede cambiar de uso a lo largo del día.
En diálogo con Revista LIVING, Tanoira explica que el living es uno de los espacios centrales de la casa: durante el día funciona como ambiente para los adultos y, por la tarde, se transforma en lugar de juego para sus hijos.
El arte también tiene un lugar especial. Entre las piezas aparece una obra de Luciana Levinton, que fue un regalo de casamiento y marcó la incorporación de una de sus primeras obras importantes a la casa.
La lección deco de este ambiente está en la posibilidad de usar el color como hilo conductor. No hace falta pintar cada elemento de un tono diferente: una pared, un tapizado y algunos textiles pueden ser suficientes para construir una atmósfera.

2. Una caja color arena para poner el arte en primer plano

En otro de los espacios seleccionados por Revista LIVING, una casa de estilo mediterráneo encuentra su personalidad en la combinación entre arquitectura, arte y objetos.
El living funciona como una caja color arena, con un cielo raso de cañas y puertas de demolición que marcan el acceso. El espacio mezcla materiales rústicos con piezas más sofisticadas, entre ellas sillones blancos y mesas ratonas de mármol.
Pero el gran protagonista es el arte.

Una obra de Guillermina Lynch ocupa un lugar central junto al ventanal. También aparecen trabajos de Eduardo Stupía y Vicente Grondona, entre otras piezas que conviven con muebles y objetos de tonos oscuros.
La elección de las obras no responde solamente a una cuestión estética. Algunas tienen además un valor afectivo para sus dueños. El díptico de Lynch, por ejemplo, fue elegido por la sensación que produjo al verlo y terminó encontrando un lugar cuyas proporciones dialogan con las del ventanal.
En otro sector del living, varias obras de Stupía comparten espacio con una pieza de Grondona en tonos rosados y sillones de pana.
La idea que aparece en este ambiente es clara: una casa puede funcionar como una pequeña colección personal. Las obras no tienen que estar aisladas ni acompañadas por paredes completamente vacías. Pueden convivir, superponerse visualmente y formar parte de la vida cotidiana.

3. Una biblioteca protagonista para llenar el living de vida

En una casa de Barrio Parque remodelada por las arquitectas Ana Rascovsky e Irene Joselevich, del Estudio Planta, el living se organiza alrededor de una colección de muebles de diseño y obras de arte.
La intervención buscó abrir una planta que originalmente estaba dividida en ambientes más pequeños. Para ganar luz y conexión con el exterior, incorporaron patios entre el living y el comedor y sumaron nuevas aberturas.
La biblioteca es otro de los grandes recursos del proyecto. Una estructura de madera ocupa buena parte de una de las paredes y permite reunir libros, objetos y obras de arte en un mismo lugar.

El ambiente también reúne piezas de diseño reconocibles, como los sillones Wave de Giovanni Offredi y una mesa de dos piezas de granito boreal diseñada por el argentino Cristián Mohaded.
Rascovsky plantea una idea interesante para quienes sienten que un ambiente cargado de objetos puede resultar necesariamente oscuro o pesado. En este caso, la arquitecta sostiene que una caja arquitectónica clara puede hacer que los objetos se destaquen sin generar sensación de agobio.
La remodelación también incorporó madera, patios y una relación más directa con el verde. Así, la biblioteca y las obras no aparecen como elementos decorativos aislados, sino como parte de una casa pensada para ser habitada.
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