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Anne-Caroline Biancheri es francesa, se enamoró de Mendoza, se afincó y fundó una bodega que cumple 30 años

Anne-Caroline Biancheri es francesa y, cuando llegó a Argentina, se enamoró de Mendoza. Hace 30 años compró una finca y armó una bodega que cumple 30 años.


Anne-Caroline Biancheri cuenta el secreto para abrirse paso en un sector históricamente liderado por varones.

Anne-Caroline Biancheri cuenta el secreto para abrirse paso en un sector históricamente liderado por varones. - Créditos: Gentileza Anne-Caroline Biancheri



Anne-Caroline Biancheri nació y vivió hasta su adolescencia en París, luego se mudó a Marsella y pasó algunos años con su familia en África. En 1993 llegó a Argentina por una pasantía y luego empezó a trabajar en una agencia de publicidad.  

Tras un breve paso por allí, decide crear su propia editorial: Caviar Bleu, para editar libros relacionados con el vino y el turismo en Argentina. Ella tenía por entonces 22 años. Inicialmente hizo un libro para Chile y luego la Secretaría de Turismo de Mendoza le pidió un libro para esa provincia.  

En su paso por Mendoza se enamoró de quien sería el padre de sus hijos. Pero no sólo eso: Anne-Caroline quedó encantada con Mendoza, esa tierra que la encantaba, y se dispuso a comprar una finca en las afueras de Vista Flores, en Tunuyán, a unos 100 kilómetros de la capital mendocina. La idea era pasar los fines de semana allí. Ese sería solo el comienzo. 

Anne-Caroline Biancheri en sus comienzos, hace 30 años.

Anne-Caroline Biancheri en sus comienzos, hace 30 años. - Créditos: Gentileza Anne-Caroline Biancheri

Para la elección de la finca fue clave el reconocido enólogo Michel Rolland, amigo del padre de Anne. El la ayudó a encontrar una propiedad olvidada, cuya vista se abría a la inmensidad de la Cordillera de Los Andes, y ahí comenzó Antucura. El lugar era ideal para sembrar vides y probar con algunas primeras cosechas. 

Por ese entonces, ella impulsó la creación de la bodega Antucura en Vista Flores y, también, Casa Antucura, la posada de lujo, con pocas habitaciones, que ideó para recibir a clientes y amistades. El hotel se creó y empezó a funcionar en 2005.  

Era novedoso hace 18 años, cuando no se conocía la opción de hoteles boutique o posadas de lujo dentro de las bodegas, una tendencia hoy sí tiene un despliegue en las zonas vitivinícolas del país.   

Anne se puso al frente de los proyectos en un sector históricamente liderado por varones. Entre 2000 y 2005, plantaron 100 hectáreas con variedades tintas como Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot, Cabernet Franc, Sirah y Pinot Noir. Los vinos se hicieron en el galpón de la finca, que se fue transformando en una bodega y sumó sala de barricas.  

Desde entonces, no paró de crecer. Bodega Antucura cumple 30 años desde su creación y 20 de su primera vendimia.  

Mauricio Ortíz, el enólogo; Anne-Caroline Biancheri (centro) y Silvana Degiorgis, gerenta de administración y finanzas de la bodega Antucura.

Mauricio Ortíz, el enólogo; Anne-Caroline Biancheri (centro) y Silvana Degiorgis, gerenta de administración y finanzas de la bodega Antucura. - Créditos: Gentileza Anne-Caroline Biancheri

Anne-Caroline es conocida en el mundo del vino por la calidad y la pasión con que trabaja. “En el mundo del vino es difícil, a nivel internacional, tener reconocimiento. Es extremadamente competitivo", reconoce. "Se globalizó mucho y hay grandes grupos que compraron una gran parte de las bodegas. Cuando eres un competidor pequeño e independiente, se te hace cada vez más difícil. Pero por parte del consumidor, sí se nos reconoce 100%. Mucha gente nos sigue desde hace muchos años y nos reconoce”.  

En cuanto a los bodegueros argentinos, dice que hace 20 o 30 años el mundo del vino era más individualista, porque se competía por un mercado interno. Sin embargo, el boom de las exportaciones, hace dos décadas, hizo que los empresarios se dieran cuenta de que, para tener éxito, debían moverse en grupo. “No estamos a los abrazos todos los días, pero hay una buena atmósfera y reconocimiento entre bodegueros. No siento peleas o envidias”, dice. 

Cuando se le pregunta a Anne si le pesó abrirse paso por su condición de mujer cuenta que no, no lo vivió como un impedimento. "Nunca me sentí desplazada o menospreciada por ser mujer", dice. Tuvo las posibilidades materiales para emprender y nunca le faltaron las ganas de trabajar y la pasión. “Trabajaba a la par de los hombres", aclara, como si ese fuera parte del secreto. 

Recuerda que, por entonces, empezaban a verse cada vez más mujeres enólogas, muchas de las cuales hoy logran reconocimiento a nivel internacional. “Probablemente ser mujer ayuda en un sector en el cual se llama a todos los sentidos. Nuestra sensibilidad permite explorar más a fondo un terroir y crear vinos excepcionales”, dice, en referencia a cualidades que ella nota como salientes en las mujeres.  

¿Cuáles son tus principales cualidades que aplicás a tu empresa? 

La empatía, la empatía hacia la gente que trabaja contigo, hacia tus clientes y hacia los consumidores. Sin empatía es difícil llegar y entender al otro. 

¿Qué consejos le darías a una mujer que quiere meterse en este oficio de trabajar con el vino? 

Si realmente es lo que te encanta y está dispuesta a entregarle su energía y pasión, que vaya por eso. Es vital para hacer bien algo y ser más libre hacer algo que te haga vibrar. 

¿Cómo sentís la conexión o maridaje entre los vinos y los libros? 

Es el maridaje que más me gusta: leer un buen libro degustando un vino inolvidable. 

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