Hay mosaicos de colores en las veredas de Buenos Aires que llaman la atención de quienes pasan por ahí. Algunos tienen personajes, otros dibujos y otros parecen pequeños mundos escondidos entre las baldosas rotas. Pero detrás de cada uno hay algo más: una forma de hablar de accesibilidad y de mostrar los obstáculos con los que se encuentran todos los días las personas con movilidad reducida.
El proyecto se llama Reacción Rodante y lo lleva adelante Sofía Bernasconi, una artista que encontró en el mosaiquismo una manera de intervenir el espacio público.
Sofía tiene 48 años y usa silla de ruedas desde los 19, cuando sufrió una lesión medular. Su propia experiencia la llevó a involucrarse en temas de accesibilidad y a buscar una manera diferente de visibilizar las barreras que hay en la ciudad.
Todo empezó con un agujero en una rampa. Una tarde, Seba, la pareja de Sofía, le propuso taparlo con un mosaico. La idea era transformar una denuncia formal por mail en una denuncia a través del arte. En julio de 2022 colocaron la primera baldosa en Pringles y Rivadavia, que todavía sigue ahí.
Sofía pensaba hacer una sola, como un desafío personal. Pero cuando la vio terminada en la vereda, entendió que necesitaba hacer más. Así nació Reacción Rodante.
De un agujero a un mosaico

Las ideas aparecen caminando por la ciudad. Sofía encuentra un agujero o un lugar donde falta una baldosa, toma las medidas y empieza a imaginar qué puede hacer ahí. Para armar los diseños combina pequeños pedacitos de azulejos hasta formar dibujos y diferentes formas. Después, le suma cemento para que las piezas queden firmes.
Cada intervención puede llevarle entre tres días y una semana, según el tamaño y el tiempo que tenga disponible. Porque, además de Reacción Rodante, trabaja en un banco y tiene otras actividades.
Aunque muchas veces trabaja sola, también se suman otros artistas y mosaiquistas. Y hay una experiencia que disfruta especialmente: hacer participar a chicos de distintas escuelas.
Primero, Sofía les habla sobre accesibilidad en el aula. Después, salen a recorrer las calles cercanas para encontrar veredas rotas o lugares donde faltan baldosas. Cuando encuentran uno, piensan qué diseño podrían hacer para ese espacio.
Luego llega el momento de crear y colocar el mosaico. En algunas experiencias, los chicos también participan de la elaboración y hasta se suman mamás que saben de mosaiquismo. La idea es que puedan mirar la ciudad de otra manera y entender por qué una vereda rota es mucho más que una simple vereda rota. Habla de desigualdad y de las distintas posibilidades que tienen las personas para circular. No afecta solamente a quienes usan silla de ruedas, sino también a quienes llevan cochecitos, usan bastón y muchas otras personas.
El objetivo: que el mosaico desaparezca

Algunas de sus obras ya desaparecieron. No porque alguien las haya sacado, sino porque arreglaron las veredas donde estaban. Ese es, justamente, uno de los objetivos del proyecto: que la baldosa deje de estar ahí porque el problema que estaba marcando ya no existe.
Un mundo de fantasía en plena vereda
Entre los personajes que aparecen en los mosaicos de Sofía hay uno que se repite: Alicia, de Alicia en el País de las Maravillas. La conexión tiene que ver con ese agujero por el que cae y que la lleva a un mundo de fantasía. Para Sofía, ese mundo representa un lugar donde todos pueden moverse libremente, sin barreras.
Las intervenciones también generan reacciones entre quienes las descubren. Hay personas que le escriben para agradecerle, le mandan fotos o le cuentan dónde encontraron una baldosa. Sofía busca que la gente se detenga, mire y sienta curiosidad. Porque como dice ella, “la accesibilidad es un derecho, no un privilegio”.
Cinco intervenciones de Reacción Rodante para descubrir en Buenos Aires





