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La historia de la emprendedora que apuesta por una nueva forma de consumir té

Melisa Retrivi lanzó Amelia Ice Tea, el primer té frío en lata elaborado en Argentina. Cómo detectó una oportunidad de negocio y creó una marca alineada con las nuevas tendencias de consumo.


Melisa Retrivi, emprendedora, fundadora de Amelia Ice Tea

Melisa Retrivi, emprendedora, fundadora de Amelia Ice Tea - Créditos: Prensa



En un contexto donde las bebidas listas para tomar evolucionan hacia opciones más livianas, naturales y alineadas con hábitos de consumo conscientes, una nueva categoría empieza a abrirse paso en Argentina. Amelia Ice Tea nació en Mar del Plata con una apuesta pionera: convertirse en el primer té frío en lata elaborado en el país y acercar al mercado local un formato ampliamente instalado en ciudades como Nueva York, Londres o Madrid, pero todavía poco explorado a nivel nacional. Detrás del proyecto está Melisa Retrivi, emprendedora y cofundadora de Bristol, quien decidió dar un giro desde el universo de la cerveza hacia una bebida más vinculada con sus propios hábitos y estilo de vida.

Con una propuesta sin gas, menos dulce y elaborada con té negro de Misiones, Amelia busca conquistar a una nueva generación de consumidores que prioriza practicidad, bienestar y experiencias de consumo más conscientes. Pero además de lanzar una marca, el desafío fue construir una categoría prácticamente inexistente en la Argentina.

 En esta entrevista con OHLALÁ!, Melisa Retrivi habla sobre intuición, riesgo, identidad emprendedora y cómo fue animarse a desarrollar un proyecto pensado desde una necesidad personal, con una mirada femenina y una visión de largo plazo.

Los sabores de Amelia Ice Tea.

Los sabores de Amelia Ice Tea. - Créditos: Prensa

-Amelia propone una categoría que todavía tiene poco desarrollo en Argentina, como el té frío listo para tomar. ¿Cómo surgió la idea y qué viste ahí como oportunidad?

-La idea surgió hace unos dos años, dentro de nuestra propia planta de bebidas en Mar del Plata. Con mi marido veníamos del mundo de la cerveza, primero con un proyecto de cerveza artesanal y después con Bristol, nuestra marca de cerveza independiente, y en ese proceso empezamos a explorar otras categorías. Ahí detecté una oportunidad muy clara: en Argentina no existía una propuesta de iced tea listo para tomar pensada para el mercado local. Es una categoría muy desarrollada en países como Estados Unidos o Europa, pero acá había un vacío. A partir de eso decidí crear una marca que trajera ese formato, pero adaptado al paladar argentino: menos dulce, más natural, sin gas y alineado con una demanda creciente por bebidas más livianas y prácticas.

-Lanzar una marca pionera suele implicar explicar una categoría nueva además de construir producto. ¿Cuáles fueron los principales desafíos al empezar?

-Hubo varios desafíos. Primero, desarrollar un producto que realmente tuviera calidad y una identidad propia: nos llevó mucho tiempo de pruebas, reformulaciones y búsqueda del perfil de sabor que queríamos. Pero además, al tratarse de una categoría nueva, había otro desafío que era educar al mercado. Muchas personas no tienen incorporado el té frío como una bebida de consumo cotidiano, entonces además de lanzar una marca había que construir una categoría. También aparecieron desafíos más estructurales, como validar procesos, trabajar con proveedores locales para algo que no tenía antecedentes y equilibrar los costos de un producto pionero con un precio aceptable para el consumidor.

-Venías de una industria históricamente muy masculina como la cerveza y decidiste crear una marca mucho más alineada con tus propios hábitos e intereses. ¿Qué te impulsó a hacer ese giro?

-Tuvo que ver con una búsqueda muy personal. El mundo de la cerveza es un universo más masculino y, aunque es una industria en la que aprendí y aprendo muchísimo, nunca sentí que representara del todo mis propios hábitos de consumo. Yo quería desarrollar una marca más alineada con mi estilo de vida, con una mirada puesta en bienestar, practicidad y consumo consciente. También pensaba en una bebida para acompañar momentos cotidianos que yo misma buscaba: algo para tomar en el auto, después del gimnasio o en el auto, sin tener que preparar nada. Amelia nació un poco en ese cruce entre una oportunidad de negocio y una necesidad personal.

El mercado de bebidas no alcohólicas viene explorando nuevas opciones.

El mercado de bebidas no alcohólicas viene explorando nuevas opciones. - Créditos: Prensa

-Detectaste una oportunidad en una categoría que prácticamente no existía en Argentina. ¿Qué rol jugaron la intuición y animarte a apostar antes de que el mercado estuviera validado?

-La intuición fue importante, pero también estuvo muy respaldada por experiencia. Había algo intuitivo en ver una categoría desarrollada afuera y pensar que podía funcionar acá, pero al mismo tiempo el paso de animarme tuvo mucho que ver con contar con una planta productiva, experiencia en la industria de bebidas y conocimiento técnico para hacerlo posible. También veíamos un cambio muy claro en las tendencias de consumo: consumidores buscando bebidas más livianas, sin alcohol, con menos azúcar y alternativas diferentes a las gaseosas tradicionales. El crecimiento global de categorías como el iced tea y las bebidas funcionales mostraba que había espacio para propuestas más conscientes y modernas.

Cuando no hay mercado validado, hay una cuota de apuesta inevitable, pero también creo que muchas veces ahí están las mejores oportunidades: en detectar algo antes de que sea evidente para todos.

-Muchas veces emprender también es animarse a construir algo propio con identidad. ¿Cuánto hay de tu estilo personal, tu forma de consumir y tu visión en Amelia?

-Muchísimo. Amelia está muy atravesada por mi forma de consumir y por lo que yo buscaba como usuaria y no encontraba. Desde pensar una bebida liviana, sin gas y práctica, hasta construir una marca con identidad femenina y una estética propia. También hay una visión sobre cómo consumimos hoy: buscamos opciones que acompañen un ritmo de vida intenso, que sean ricas, fáciles y nos hagan sentir bien. En ese sentido, Amelia tiene mucho de mi mirada personal.

 

-Para mujeres que están pensando en lanzar un proyecto propio, pero todavía no se animan, ¿qué les dirías desde tu experiencia?

-Les diría que muchas veces una espera a sentirse completamente lista para dar el paso, y la realidad es que emprender también es animarse sin tener todas las certezas. En mi caso, pude hacerlo cuando sentí que tenía experiencia y una idea en la que realmente creía, pero también hubo intuición, riesgo y mucho aprendizaje en el camino. No hace falta empezar con todo resuelto; muchas veces lo importante es dar el primer paso, probar y construir desde ahí. Y si hay algo que aprendí es que las ideas que nacen de una necesidad real o de algo que una conoce de cerca suelen tener mucha fuerza. También creo que es importante animarse aunque haya miedo o incertidumbre. Emprender implica salir de la zona de confort y tener paciencia, porque los resultados no suelen ser inmediatos. Pero cuando una trabaja en algo en lo que cree de verdad, todo el esfuerzo empieza a tener sentido.

-Mirando el recorrido hasta acá, ¿qué aprendizaje personal te dejó crear Amelia?

-Me enseñó mucho sobre confiar en una idea propia y animarme a construir algo alineado con mi identidad y con una visión en la que realmente creía. También me confirmó que emprender implica convivir constantemente con la prueba y error: ajustar, volver a intentar y sostener una idea aun cuando el camino no está completamente trazado.En lo personal, fue un proceso que me hizo crecer muchísimo. Aprendí que no todo sale siempre como una espera y que gran parte del desafío está en saber adaptarse, resolver sobre la marcha y seguir avanzando sin perder de vista el objetivo.

También aprendí a lidiar con la ansiedad. Cuando una crea una marca desde cero, quiere que todo pase rápido: que el producto esté en todos lados, crecer enseguida y decir que sí a cada oportunidad. Pero con el tiempo entendí que crecer de manera sana también implica aprender a elegir, tener paciencia y tomar decisiones pensando en el largo plazo, no solo en la urgencia del momento.Hoy creo mucho en construir paso a paso, cuidando la marca, el producto y la visión detrás del proyecto. Porque al final, no se trata solamente de crecer rápido, sino de crecer bien.También me reafirmó el valor de crear proyectos con propósito, de esos que una siente genuinos y con los que realmente conecta.

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