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Quién era Carroll Taylor, la mujer homenajeada en Artemis II con un cráter en la Luna

El homenaje de la misión Artemis II puso en el centro a Carroll Taylor, una enfermera pediátrica que dedicó su vida al cuidado de otros y cuyo legado de amor, fortaleza y acompañamiento hoy trasciende la Tierra.


Carroll Weisman fue homenajeada con el nombre de un cráter lunar.

Carroll Weisman fue homenajeada con el nombre de un cráter lunar. - Créditos: Archivo LN



En medio de los avances científicos y los hitos de la exploración espacial, hay historias que logran correrse del foco técnico para poner en primer plano lo esencial: los vínculos, el amor y el legado. La misión Artemis II, que marca el regreso de un vuelo tripulado alrededor de la Luna después de más de medio siglo, dejó una de esas historias. Y tiene como protagonista a una mujer: Carroll Taylor.

Carroll no fue astronauta ni científica espacial. Fue enfermera pediátrica. Dedicó su vida a cuidar a otros, a acompañar a niños y familias en momentos de vulnerabilidad, y a ejercer su profesión desde un lugar profundamente humano. Quienes la conocieron la recuerdan por su vocación, su calidez y su capacidad de sostener incluso en las situaciones más difíciles.

Su historia se entrelaza con la de su marido, el astronauta Reid Wiseman, actual comandante de la misión Artemis II. Se conocieron antes de los 30, formaron una familia y tuvieron dos hijas, Katie y Ellie. Durante años construyeron una vida donde convivían la exigencia profesional de él y la entrega cotidiana de ella al cuidado de otros.

Pero fue en uno de los momentos más complejos cuando Carroll dejó ver con mayor claridad quién era. Tras ser diagnosticada con cáncer, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su familia: le pidió a Wiseman que no abandonara su carrera. A pesar de la enfermedad, eligió sostener el proyecto de vida que habían construido juntos. “Este es el trabajo que te apasiona”, le dijo. Y con esa frase, lo impulsó a seguir.

 

Carroll murió en 2020, a los 46 años. Su ausencia transformó la vida de su familia, pero también consolidó un legado que hoy trasciende lo íntimo.

Durante la misión Artemis II, cuando la nave Orión alcanzó más de 400.000 kilómetros de la Tierra, la tripulación decidió homenajearla de una manera tan simbólica como conmovedora: “bautizaron” un cráter en la Luna con su nombre. El anuncio lo hizo el astronauta Jeremy Hansen, quien la recordó como “la esposa de Reid y la madre de Katie y Ellie”, pero también como una presencia luminosa.

El cráter Carroll se ubica en un punto particular: en el límite entre la cara visible y la cara oculta de la Luna. Un lugar que, en determinados momentos, puede verse desde la Tierra. Aunque el nombre aún debe ser oficializado por la Unión Astronómica Internacional, para su familia ya es un hecho: hay una marca en la Luna que lleva su nombre.

El gesto no solo fue un homenaje personal. También fue una forma de reconocer a tantas mujeres cuya huella no siempre ocupa titulares, pero resulta fundamental. Carroll Taylor representa a quienes cuidan, acompañan y sostienen, incluso en silencio.

Hoy, a más de 400.000 kilómetros de distancia, su nombre brilla en la superficie lunar. Y su historia recuerda que, incluso en medio de los mayores logros de la humanidad, hay legados invisibles que hacen posible todo lo demás.

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