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Adolescentes bajo presión: cómo acompañarlos en un mundo que les exige crecer demasiado rápido

Qué les pasa hoy a los adolescentes y cómo acompañarlos mejor en un contexto de exigencia, comparación y ansiedad creciente.


Adolescentes bajo presión: cómo acompañarlos en un mundo que les exige crecer demasiado rápido

Adolescentes bajo presión: cómo acompañarlos en un mundo que les exige crecer demasiado rápido - Créditos: Getty



Crecer siempre implicó atravesar cambios, dudas y búsquedas. Pero en el escenario actual, esa etapa parece haberse acelerado. Hoy, muchos adolescentes sienten que no solo tienen que crecer, sino también rendir, destacarse y definir su futuro antes de tiempo. En ese contexto, la crianza enfrenta un desafío nuevo: cómo acompañar sin sumar más presión.

“Hoy crecer ya no es solo atravesar una etapa. Para muchos chicos, crecer se volvió una carrera”, advierte la especialista en crianza y vínculos Laura Krochik. Según explica, se trata de una dinámica en la que los adolescentes sienten que deben producir, mostrarse y tener respuestas rápidas, incluso cuando todavía están en pleno proceso de construcción personal.

Cuando crecer se vive como una exigencia

A los 13, 14 o 15 años, muchos chicos ya hablan de éxito, dinero y logros como si no tener un plan definido fuera un problema. Esta percepción convive con una etapa profundamente movilizante: cambios físicos, construcción de identidad y un mundo emocional intenso.

Para Krochik, el foco no debería ponerse en los adolescentes, sino en el contexto: un entorno que les exige sostener estándares para los que todavía no están preparados. Exigencias económicas, ideales de belleza irreales, decisiones tempranas y exposición constante forman parte de ese escenario.

“En ese contexto aparecen la ansiedad, la comparación permanente y la sensación de no ser suficiente”, señala. Y agrega un dato clave: muchas veces, también aparece el silencio, porque no hay lugar para mostrarse vulnerable o no poder.

El rol de los adultos: menos exigencia, más presencia

Frente a este panorama, el lugar de los adultos cambia. Ya no se trata de empujar ni de preparar a los chicos para responder mejor a esas demandas, sino de ofrecer algo distinto.

“Criar hoy también implica filtrar. Filtrar mensajes, expectativas y demandas que no son propias de un niño o un adolescente”, explica Krochik. Cuando ese filtro no existe, el impacto puede ser fuerte: el cuerpo se vuelve un problema, el valor personal queda atado a la mirada externa y el error deja de ser parte del aprendizaje.

Tres claves para acompañar mejor

La especialista propone algunos movimientos concretos que pueden hacer una diferencia en la vida cotidiana:

1 - Bajar la exigencia sin bajar la presencia: “Acompañar no es empujar. Es estar sin imponer un ritmo que no es propio”, afirma. La clave está en sostener, no en acelerar.

2 - Nombrar lo que pasa: Poner en palabras la presión, la comparación o la angustia ayuda a procesarlas. Lo que no se nombra, muchas veces se traduce en conductas.

3 - Ser coherentes: “No podemos pedirles que no se comparen si nosotros vivimos comparándonos”, advierte. El ejemplo adulto sigue siendo central, incluso en la adolescencia.

Acompañar sin exigir certezas

Lejos de la idea de adultos perfectos, lo que los adolescentes necesitan —según Krochik— son referentes que puedan revisar sus propias lógicas y correrse de la exigencia constante.

En un mundo que premia la rapidez y los resultados, acompañar implica sostener algo incómodo pero necesario: el derecho a no tener todo resuelto.

Porque, en definitiva, criar hoy no es preparar a los chicos para encajar, sino ayudarlos a crecer sin que la presión del entorno termine desbordándolos.

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