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Discurso de odio: ¿cómo repercute en infancias y adolescencias?

Qué son y de qué manera circulan en las redes sociales. Conversamos con Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, para identificarlos y buscar herramientas para actuar en consecuencia.


En las redes sociales, como ocurre en el mundo off line, crecen y se reproducen discursos de odio.

En las redes sociales, como ocurre en el mundo off line, crecen y se reproducen discursos de odio. - Créditos: Getty



Uno de los terrenos más fértiles donde las opiniones circulan sin filtro y desde muy temprana edad son, sin lugar a dudas, las redes sociales. Como ocurre en el mundo off line, ahí también crecen y se reproducen discursos de odio que, en muchos casos, se repiten sin conciencia de la violencia que ejercen, pasan desapercibidos y son naturalizados.

Al momento de cuestionar el cuerpo, la orientación sexual o los gustos personales, entre otras acciones que promueven la violencia y la discriminación, el límite que divide "el derecho a expresarse libremente” se corre y se convierte en un mensaje de odio.

A qué se llama discurso de odio

En la campaña #AlHaterNiCabida, impulsada por Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en julio pasado, se definió a los discursos de odio como “aquellas expresiones que generan un clima de intolerancia y que promueven la discriminación, la hostilidad y la violencia”.

La experiencia reciente nos muestra sin anestesia hasta dónde puede llegar un discurso de odio, en el que sistemáticamente se muestra al que piensa distinto como un adversario al que hay que eliminar, como se intentó el jueves pasado tras el disparo fallido contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Las infancias y las adolescencias lo perciben, lo leen, lo debaten entre pares, y también ponen en práctica lo que reciben y lo que se hace más allá de lo que se dice.  

Por su parte, la iniciativa #AlHaterNiCabida busca empoderar principalmente a adolescentes con herramientas que ayudan a reconocer los mensajes de odio para evitarlos y dejar de amplificarlos. Es un gran primer paso.

En la misma campaña, también se destaca la importancia de “velar por los derechos esenciales para las infancias y las adolescencias a “tener una vida libre de violencia, acoso y abuso”, y al mismo tiempo, “tener derecho al uso de internet, a relacionarse con pares y al derecho a la información”.

Algunos datos y herramientas para lidiar con los "haters"

Algunos datos y herramientas para lidiar con los "haters" - Créditos: Unicef

El límite entre la opinión y el mensaje odiante

Sabemos que el ecosistema digital donde las infancias y adolescencias interactúan les brinda la oportunidad de expresar una opinión libremente. Pero, ¿cuál es el límite entra la opinión y el mensaje de odio?

Conversamos con Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, y detalla: "Se cruza un límite cuando esos mensajes, más que una expresión de ideas u opiniones negativas con respecto a miembros de un determinado grupo –mujeres, personas LGBTI+. personas migrantes, personas con discapacidad o pertenecientes a puebles indígenas, entre otras- muestran una intención de incitar a otros a discriminar, a ser hostiles o a cometer violencia contra ese grupo”. 

“Es importante aclarar que cuando hablamos de discursos de odio no nos referimos a expresiones meramente ofensivas, ya que de lo contrario se terminarían restringiendo las expresiones críticas por el simple hecho de serlas. El objetivo no es regular los mensajes que generan disgusto o que ofenden, ya que los mismos forman parte del debate público y deben contrarrestarse con otras ideas. Sino reconocer aquellos que incitan a la discriminación y a la violencia contra determinados grupos”, remarca Belski.

¿Cómo reconocer estos mensajes? “Cuando hay intención de promover la violencia contra las personas destinatarias, o cuando el mensaje/emisor tiene capacidad de lograr este objetivo y que ello signifique un verdadero riesgo de daño contra las personas que pertenecen a estos grupos. Algunos indicadores para evaluarlo también tienen que ver con el contexto político y social en que se pronuncian, los medios utilizados, la relación de poder entre quien emite el mensaje y a quién está dirigido, el contenido, la forma y la intención del discurso son fundamentales para analizar estas expresiones”.

Mensajes que fomentan la violencia y cómo combatirlos

La educación en Derechos Humanos y la efectiva implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) son dos herramientas claves. Desde la perspectiva de Amnistía Internacional Argentina no deberíamos perder de vista que “una de las estrategias claves para combatir los discursos de odio está dada por la educación en derechos humanos”, por tratarse de “una herramienta fundamental para que niños, niñas y adolescentes puedan conocer, comprender y ejercer sus derechos y sus respectivas responsabilidades, además de respetar y proteger los derechos humanos de otras personas”.

En este sentido, la educación en derechos humanos “contribuye al desarrollo de una mirada crítica sobre los discursos que incitan al odio y la violencia”, y a su vez, “promueve una comprensión sobre el impacto de las expresiones de odio y la construcción de prejuicios y estereotipos sobre otras personas, que pueden devenir en situaciones de agresión y de violencia extrema, como la que presenciamos en los últimos días en la Argentina”, explica Belski. 

En la misma línea, desde el organismo internacional se viene exigiendo año tras año la efectiva implementación de la ESI, por jugar un rol clave para “prevenir y combatir los discursos que incitan a la violencia y al odio por motivos de género, y brinda herramientas para que niños, niñas y adolescentes desarrollen su capacidad de reflexión crítica sobre los mensajes que contribuyen a crear prejuicios y estereotipos basados en el género, la identidad y/o expresión de género”.

Circuito de “hateo”: críticas, amenazas y ciberacoso

En la campaña #AlHaterNiCabida se muestran claramente las barreras que impiden mostrarse a las infancias y adolescentes tal cual son. Así lo expresaban jóvenes activistas, a través de un spot oficial donde se buscó visibilizar el circuito del "hateo".

En un sondeo realizado este año por Unicef,  el 13% de los adolescentes dijo haber experimentado situaciones de violencia o haber estado expuesto a publicaciones violentas en redes sociales o en internet.

A su vez, en una consulta realizada a distintos grupos de jóvenes en 2021, 9 de cada 10 respondió haber sido testigo de un ataque hacia una persona o grupo en redes sociales y 3 de cada 10 reconoció haber tenido alguna actitud de odio ya sea por haber publicado, respondido o amplificado contenidos.

Según Belski, TikTok es “una de las redes sociales más utilizadas por niños, niñas y adolescentes y, al mismo tiempo, se trata de una de las plataformas con efectos más nocivos”: Las opiniones e identidades políticas o sexuales que se expresan allí, muchas (muchísimas) veces traen como consecuencia inmediata críticas, amenazas y hasta ciberacoso.

“Desde los organismos de protección de derechos humanos de Naciones Unidas se viene poniendo el foco en los derechos de las infancias y juventudes en entornos digitales y problematizando las consecuencias que puede traer aparejadas el uso excesivo de la tecnología digital, entre ellas, aumentar las posibilidades de que sufran depresión y ansiedad, así como adicción a la tecnología. También, en ciertos casos, puede traer aparejadas preocupaciones sobre la imagen corporal, e incluso tener impacto en trastornos alimentarios”, cuenta Belski.

Frente a este escenario, desliza que son prioridad “las campañas de concientización que permitan sensibilizar a la ciudadanía sobre los riesgos presentes en el entorno digital, como ocurre con la información diaria que promueva la violencia de género, el racismo, la pornografía y la explotación, así como relatos falsos, información errónea y desinformación, o aquella que incita a las infancias a participar en actividades ilícitas o perjudiciales”.

Por su parte, en las escuelas, el plan de estudio “debería incluir la comprensión crítica con orientación sobre cómo encontrar fuentes de información fiables y cómo identificar la información errónea y otras formas de contenido sesgado, falso o que incita al odio y la violencia”.

Para finalizar, Belski destaca que “las personas adultas también debemos exigir que se realicen evaluaciones del impacto del entorno digital en los derechos de las infancias y las juventudes, a fin de integrar la protección de estos derechos en la legislación, en las políticas públicas y en las asignaciones presupuestarias. En este sentido es indispensable la participación de la sociedad civil, incluidos los grupos dirigidos por niños, niñas y adolescentes y las ONG que trabajan en el ámbito de los derechos del niño y as que se ocupan del entorno digital, en la elaboración, aplicación, vigilancia y evaluación de leyes, políticas, planes y programas relativos a los derechos de las niñeces”.

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