Sabemos que la paternidad se redefinió (y se sigue redefiniendo). Hoy los padres están mucho más involucrados en la crianza de sus respectivos hijos que hace unos años. Su rol anterior, dedicado exclusivamente al sostén económico se movió para empezar a ubicarse en un rol complementario al de la madre, y este cambio hizo que los hombres tuvieran que aprender, y sigan aprendiendo, a acompañar, a comprometerse y a aportar desde otro lugar.
Pero antes de hablar del padre o de los co-cuidadores, tenemos que hablar de la madre y de su puerperio.
El puerperio
Según la RAE, el puerperio es el período que transcurre desde el parto hasta que el cuerpo de la mujer vuelve a su estado ordinario previo a la gestación. También conocido como posparto o cuarentena, dura aproximadamente seis semanas y es una etapa donde ocurren importantes cambios físicos, hormonales y emocionales.
¡¿Volver al estado previo a la gestación?! ¡¿Seis semanas?!
Esta definición es una incongruencia más entre lo que se espera y lo que realmente pasa. La mujer durante el embarazo es atravesada por un cuerpo, se corre la libido (con especial atención dedicada al bebé), hay extrema sensibilidad, entrega y cansancio debido al trabajo físico que implica.
Maternar en nuestra sociedad se volvió muy solitario, y eso también tiene un costo emocional para las madres. Hay pocos adultos disponibles al cuidado de ese bebé, y el armado de una tribu suele llevar tiempo.
“Volver al estado ordinario anterior” tal como lo anuncia la RAE es una falacia. Creo que no podemos volver a algo cuando hubo una transformación tan radical en los cimientos. Ser madre no es algo que se haga y deshaga, es una experiencia definitiva y transformadora.
Después del parto, los niveles de estrógeno y progesterona pueden caer hasta un 90 % en cuestión de días. Este cambio influye directamente en el estado de ánimo, el sueño, la regulación emocional y la adaptación al nuevo rol.
Es fundamental que los padres y/o co-cuidadores entiendan este contexto, para entender cuál es su punto de partida al iniciar las tareas de cuidado.
Los padres
Ivana Moyano, en su libro Volvernos padres’ lo describe de la siguiente manera: “Los varones se transforman por un tiempo en ‘buenos perdedores’ de las parejas que habían armado con sus mujeres en el sentido más literal del término.”
Creemos que es una manera excelente de describir el lugar de los padres frente a sus compañeras puérperas. Es un duelo tanto para la madre como para el padre: se pierde la situación anterior y se reconfigura la familia.
En esta nueva reconfiguración familiar, se perderán los tiempos de mutua dedicación exclusiva, de privacidad, de salidas y de charlas que no tengan que ver con los hijos.
Estos padres de hoy probablemente no tengan un modelo a seguir. Son hombres que no vieron a sus propios padres ocuparse de ellos, ni tampoco lo vieron en la televisión, ni por la calle. Estamos frente a una generación que está aprendiendo y marcando un cambio para las futuras generaciones también.
El rol del padre: cuidar de quien cuida
Hacer equipo en esta etapa vital es necesario para solventar las diferencias que puedan aparecer (¡y van a aparecer!). El rol principal del padre es el de cuidar de quien cuida.
¿Cómo se ve esto en el día a día?
- Acercarle un vaso de agua mientras amamanta
- Preparar la comida
- Ofrecer ayuda antes de que tenga que pedirla
- Cambiar pañales
- Hacer las compras
- Quedarse con el bebé para que la madre pueda descansar y/o disponer de su tiempo para tener un descanso (ducharse, salir a dar una vuelta manzana, tomar aire).
- Gestionar mensajes familiares
- Comunicar, escuchar sin juzgar cuando la madre se expresa, validar esas emociones, sin querer resolver
Profundizando en la comunicación (pilar fundamental del post-parto): siempre es mejor hablar que no hacerlo y validar es la gran revolución de estos tiempos. Pero ¿cómo hace un hombre para ofrecer simplemente un abrazo? ¿Cómo hace cuando históricamente fue proveedor meramente económico y de soluciones?
Muchas veces las madres no necesitan una solución únicamente, sino más bien ser escuchadas y comprendidas.
Preguntarle a la madre “¿Cómo estás? ¿Cómo te estás sintiendo?” desarticula la incomodidad que pueda estar atravesando y abre a un diálogo más honesto.
Sólo la madre logra calmarlo
Aunque los tiempos hayan cambiado, no dejamos de ser mamíferos, y muchas veces la madre únicamente logra calmar al bebé. La explicación biológica es que: la madre tiene mamas, fue quien gestó 9 meses, parió, y por tanto es lógico que sea la figura de apego del recién nacido durante los primeros meses.
Que un papá no pueda calmar a su cría en un momento de llanto, no quiere decir que esté haciendo algo mal. Como vimos, hay mucho por hacer alrededor de los cuidados del bebé, más allá de calmar un llanto.
Está bien dejar al padre intentarlo, pero si no lo logra, antes de frustrarse o angustiarse recuerden que pueden ayudar desde muchísimos otros lugares.
Co-criar
De a poco van cambiando los paradigmas y hoy son muchos los que se involucran en la crianza y no más en “ayudar”. De ahí el término co-criar, acercando el concepto de hacer algo en conjunto, de ser equipo, de comprometerse con todos los aspectos del desarrollo y la crianza del bebé.
La crianza compartida no significa que ambos puedan hacer todo por igual como si fueran intercambiables. Cada uno aportará desde su lugar para construir juntos, porque cuando la crianza se vive en equipo, la carga se reparte y el bienestar de toda la familia se fortalece.
Cambios biológicos en el padre
Por último, empieza a haber estudios científicos que dicen que los padres que se involucran en la crianza, a diferencia de los que no, sufren cambios cerebrales y hormonales como consecuencia de esa experiencia. Algunos de los cambios que muestran los estudios:
- Algunas zonas del cerebro podrían reducir volumen: el cerebro elimina conexiones que ya no necesita y afinaría nuevos circuitos orientados al cuidado del bebé.
- La amígdala se volvería más sensible a las señales del bebé, lo que activa el instinto de protección.
- Reducción de la testosterona: los papás que más se involucraron en el cuidado fueron los que tuvieron niveles más bajos. Niveles bajos de testosterona facilitan las tareas de cuidado — reducen las conductas de apareamiento y corren la libido hacia otro lado.
La ciencia todavía está construyendo el mapa. Pero algo es claro: el padre que se involucra en la crianza cambia emocionalmente y biológicamente.
Pilar Fortes Pilar Fortes es médica pediatra especialista en terapia intensiva del Hospital Garrahan.
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