
Vuelta al cole y alergias alimentarias: entre el miedo, la sobreprotección y el cuidado real
Cómo acompañar a chicos con alergias alimentarias en la escuela sin caer en el miedo ni en restricciones excesivas. La mirada de la pediatra Anouk Lucía Fastman sobre los errores más comunes y qué tener en cuenta para un cuidado real.
3 de abril de 2026

Vuelta al cole y alergias alimentarias: entre el miedo, la sobreprotección y el cuidado real - Créditos: Getty
El inicio de clases vuelve a poner sobre la mesa una preocupación muy concreta para muchas familias: cómo garantizar seguridad frente a una alergia alimentaria sin caer en restricciones excesivas, desinformación o exclusión.
Cada comienzo del ciclo lectivo reactiva una inquietud silenciosa: qué va a pasar con la alimentación de los chicos fuera de casa. Cuando un niño tiene una alergia alimentaria, la vuelta a la escuela puede generar miedo, cansancio y una larga lista de dudas prácticas. Quién sabe lo que le pasa, qué puede comer, qué no, qué hacer si aparece una reacción o cómo explicarlo sin generar pánico son preguntas que aparecen con frecuencia.
La médica pediatra especialista en gastroenterología infantil Anouk Lucía Fastman (MN 140621) aporta una mirada clave. Desde su experiencia clínica —y también personal, como madre de un niño con celiaquía y otro con alergia alimentaria— advierte que en este tema suelen convivir dos extremos igual de problemáticos. “Hay entornos donde se minimiza el problema y otros donde todo gira alrededor del riesgo. Ninguno de los dos ayuda”, explica.
No todas las alergias son iguales
Uno de los errores más comunes es pensar la alergia alimentaria como una única condición. “No todas las reacciones adversas a un alimento son iguales ni tienen el mismo riesgo”, aclara Fastman.
Existen formas inmediatas, mediadas por IgE, que pueden provocar cuadros agudos y potencialmente graves. Pero también hay formas no mediadas por IgE, generalmente vinculadas al sistema digestivo, con otra evolución y, en muchos casos, más leves. Esta diferencia no es menor: determina el tipo de cuidados necesarios, el nivel de alerta que debe tener la escuela y cómo se organiza la vida cotidiana.
La escuela necesita información, no miedo
En muchos casos, las familias llegan al colegio con angustia acumulada y la institución responde con temor o improvisación. En ese contexto, el riesgo es doble: subestimar un problema real o sobreactuar con medidas poco útiles.
“La escuela necesita saber con claridad cuál es el alimento involucrado, qué tipo de reacción puede presentar el niño, cuáles son los síntomas de alarma y qué conducta debe seguirse”, explica la especialista. Cuanto más específico sea el plan, más efectivo será el cuidado.
El error de prohibir todo
Frente al miedo, suele aparecer una reacción inmediata: eliminar todos los alimentos potencialmente alergénicos. Sin embargo, esta estrategia no siempre es adecuada. “Prohibir todo no solo no es necesario en la mayoría de los casos, sino que puede generar más problemas que soluciones”, advierte.
En situaciones puntuales, donde la sensibilidad es muy alta, puede evaluarse la exclusión grupal de un alimento. Pero en general, esa medida genera una falsa sensación de control y no mejora la seguridad real.
Cuidar sin aislar
Uno de los mayores desafíos es encontrar el equilibrio entre proteger y permitir que el niño participe de la vida escolar. “Un niño con alergia alimentaria necesita seguridad, pero también necesita pertenecer”, subraya Fastman.
Esto implica pensar estrategias para incluirlo en meriendas, cumpleaños, actividades especiales y salidas escolares sin que quede siempre al margen. El cuidado bien hecho no debería traducirse en exclusión. Cuando la respuesta adulta pierde proporción, el niño puede sentirse limitado o señalado por su condición.
Qué debería estar definido
Antes del inicio de clases, es clave establecer acuerdos claros y concretos. Entre ellos:
- Diagnóstico preciso
- Alimentos a evitar
- Posibles formas de exposición
- Síntomas de alerta
- Conducta a seguir ante una reacción
También es importante identificar quiénes serán los adultos responsables y asegurarse de que cuenten con indicaciones claras y por escrito. “En temas de salud infantil, improvisar nunca es una buena estrategia”, enfatiza la médica.
El impacto de la sobreinformación
Como ocurre con muchos temas de salud, las redes sociales juegan un rol ambivalente. Pueden ayudar a visibilizar, pero también instalar miedo, confusión o medidas desproporcionadas.
“No todo contacto implica el mismo riesgo y no toda alergia requiere el mismo nivel de restricción”, explica Fastman. Cuando la información circula sin contexto, las familias pueden quedar atrapadas entre el miedo y la culpa. Y el cuidado no debería basarse en ninguna de esas dos cosas.
Menos miedo, más criterio
Las alergias alimentarias existen, pueden requerir medidas serias y deben ser tomadas con responsabilidad. Pero eso no implica vivir en alerta constante.
Cuando familia, escuela y equipo de salud trabajan en conjunto, el objetivo deja de ser solamente “que no pase nada”. Pasa a ser algo más importante: que el niño esté cuidado y, al mismo tiempo, pueda vivir su experiencia escolar con tranquilidad, inclusión y disfrute.
Experta consultada: Anouk Lucía Fastman. Médica pediatra especialista en gastroenterología infantil (MN 140621). Ig: @soy.gastroinfantil
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