

Construí tu libertad. Foto: Canva
Hicimos un experimento y les pedimos a cien personas que nos contaran su propia definición de libertad. El resultado no nos sorprendió demasiado ya que todos –con diferentes sinónimos– hablan más o menos de lo mismo: libertad es poder elegir. La oración parece simple, pero el proceso de hacerse cargo de poder elegir no siempre lo es. A veces nos pasa que hay tanto ruido entre “lo que queremos” y “lo que debemos hacer” que se nos hace imposible conectarnos con nosotras mismas para hacerle caso a nuestra voz sabia, a esa que sabe, la que guía desde el deseo. Porque, en definitiva, esa es la voz de la libertad. La que viene de adentro de nosotras, solo que a veces no llegamos a escucharla del todo. ¿Por qué? El mandato histórico, el mandato familiar, el mandato cultural, incluso el mandato propio, tiene una voz tan fuerte que muchas veces tapa a la voz de la libertad. Quizás entonces el desafío de este mes sea ese, mirar hacia adentro, callar por un rato los “tengo que...” y encontrar los “quiero...” y animarnos a hacer eso de lo que ni cuenta nos habíamos instante viene ese vientito en la cara que nos vuela los pelos, nos da nervios, un poquito de miedo y aun así, le damos para adelante y nos sentimos autoras de nuestro destino. Aunque sea por un instante. Seguramente ahora mismo, mientras estás leyendo estas líneas, aparezcan en tu mente y en tu corazón esos “quiero”. Están ahí, escuchalos. Si podés, anotalos en un papel y tenelos cerca, para seguir trabajando con ellos.
Creá tu propia definición. La libertad es libre, justamente, nadie puede decirte qué es, cómo se siente ni cómo se expresa en vos: en tu cuerpo, en tu mente, en tus emociones. Por eso, acá te dejamos algunos globos para que vos armes tu propia definición. ¿Qué es para vos hoy la libertad? ¿En qué momentos te sentís libre? Sé lo más concreta que puedas y tené a mano este mapa; te va a servir de guía cuando sientas que necesitás más soltura y liviandad en tus decisiones.
La importancia de poner límites
A veces confundimos el ser libres con ser ilimitados. Y es curioso, porque los límites son grandes protagonistas a la hora de construir nuestra propia libertad. De hecho, es interesante observar cómo la palabra “no” es la declaración que más nos permite desarrollar nuestra libertad. Pensemos en cuántas veces decimos que sí cuando en realidad queremos decir que no. Y la trampa de decir siempre que sí es que detrás de ese sí viene un compromiso que quizá no querías asumir y que te ocupa todo tu sábado por la tarde, en el que tenías pensado escuchar un podcast mientras caminabas a ningún lado. A veces, decirle que no al otro, es decirte que sí a vos mismo.
Pero... ¿qué es eso que se nos juega cuando nos cuesta poner esos límites? En inglés, existe un término que lo explica muy bien: ser una people pleaser. Es esa necesidad que sentimos de agradarles a los demás. Y también es la mala prensa que tiene la palabra “no”. ¿Por qué tenemos asociado que para agradarle al otro le tenemos que decir siempre que sí? Quizá los mejores vínculos que tenemos sean aquellos en los que nos damos el total permiso de ser honestas y en los que vale decirnos que sí o que no cuando así lo sentimos. Elegir a las personas con quienes queremos caminar en la vida, esa tribu empática que habla bajito para que nos escuchemos a nosotros mismos, también es construir nuestra libertad.
Mi libertad empieza donde termina la tuya
Construir tu libertad tiene un límite que está delimitado por el contacto con las otras personas. De alguna forma, todos estamos construyendo nuestra propia libertad y ese camino es absolutamente subjetivo, distinto para cada constructor. Incluso la definición de libertad que manejamos puede ser totalmente diferente. Por eso, la otra gran propuesta siempre es: seamos amorosos. Siempre. Cuidemos nuestra libertad, sí, pero también el proceso de quienes nos rodean. Nunca sabemos el viaje que está haciendo el de al lado y el lenguaje puede ser súper posibilitador y motivante o puede destruir un alma en tres segundos.
Existe un ejercicio que siempre es bueno hacer para experimentar cómo el lenguaje a veces es habilitante y poderoso. ¿En qué consiste?
- Armá alguna dupla con alguien que quieras y después, por turnos, cada uno tiene la chance de contar un proyecto que tiene muchas ganas de hacer. La única regla es: cuando uno cuenta, el otro simplemente escucha y recibe la propuesta. Y luego viceversa.
- ¿Qué vas a aprender? Que cuando escuchamos podemos inflar o pinchar globos. O sea, podemos motivar, dar ganas, contagiar entusiasmo, o podemos ser pesimistas, criticar y tirar mala onda. “Sean inflaglobos”, nos dijeron los instructores del curso. Ahí nos dimos cuenta de que es increíble la capacidad que tenemos de elevar la libertad del otro con la misma fuerza con que podemos hacerla pedazos. Por eso, el gran desafío en este mes es que puedas definir qué es libertad para vos, conectarte con tus verdaderos deseos, poner los límites que hagan falta, elegir quién va a ser tu tribu sagrada y respetar amorosamente el viaje de liberación de los demás. Y volviendo al cuento del principio de estas páginas –el del señor con el perro, ¿te acordás?–, construir tu libertad, de alguna manera, es identificar cuál es tu “clavo” hoy, dejar de llorar (o seguir llorando) y tener el coraje de levantarte para elegir tu propio camino
En esta nota:
SEGUIR LEYENDO


Día del Periodista: por qué se celebra el 7 de junio en la Argentina
por Redacción OHLALÁ!

¿Cómo romper estereotipos? 4 de cada 5 argentinas tienen problemas para encontrar su talle de ropa
por Verónica Dema

¿Qué es el Gaslighting? 5 frases que deberían alertarte de un manipulador
por Laura Gambale

Derribar estereotipos. La Barbie sigue grabada en nuestro inconsciente
por Candela Yatche


