
¿Desde qué lugar te relacionás? Del amor a la carencia, las emociones que definen tus vínculos
Herida, miedo, carencia, amor, vulnerabilidad y empatía: cómo identificar desde qué lugar emocional te vinculás y qué hacer para construir relaciones más sanas y conscientes.
8 de mayo de 2026 • 10:41

¿Desde qué lugar te relacionás? Del amor a la carencia, las emocionales que definen tus vínculos - Créditos: Getty
¿Desde qué lugar te relacionás? ¿Alguna vez te hiciste esta pregunta? Siempre llegamos a un nuevo vínculo con una mochila cargada, pero la mayoría de las veces no nos ponemos a pensar qué tipo de emociones arrastramos. Cada vez que generamos una relación, aunque no lo notemos y sea inconsciente, nos sentamos en una silla y, desde ahí, observamos la realidad según nuestras experiencias, creencias, heridas o aprendizajes.
A veces nos sentamos en la silla del miedo para protegernos, en la de la carencia buscando en el otro lo que sentimos que nos falta o en la silla de la herida intentado sanar lo que aún no cicatrizó. Sin embargo, también podemos usar las sillas que construyen puentes: la del amor, la de la vulnerabilidad y la de la empatía.
Podemos reconocer en cuál estamos revisando el lenguaje que usamos, dónde depositamos la responsabilidad (si es en el otro o si nos hacemos cargo de todo), analizando cuáles son las emociones que nos dominan y entendiendo si frente a cualquier situación reaccionamos o elegimos (la reacción es automática, actuamos desde el impulso; hacer una elección implica una pausa).
Identificar en cuál estamos sentadas es el primer paso para decidir si queremos seguir ahí o si es hora de mudarnos. Te compartimos una pequeña guía para ayudarte a encontrar tu silla.
1 - HERIDA
La herida tiene que ver con vincularse por lo que pasó antes, no por lo que está pasando ahora. Las cosas no resueltas del pasado aparecen en el presente transformando cualquier gesto en una amenaza. Hay una herida que no está sanada, el silencio se convierte en abandono y los límites en rechazo. Interpretamos las cosas que están sucediendo en el presente desde el resentimiento, desde la desconfianza que nos genera.
Por ejemplo, una persona que fue engañada en alguna relación anterior seguramente va a tender a revisar el teléfono de su pareja, convirtiendo el vínculo actual en el responsable de cicatrices propias del pasado.
Esperamos que el otro nos repare ese dolor y, desde ese lugar, le exigimos (inconscientemente) que esté a la altura.
Herramientas para saber si estás en esta silla: ser consciente de cuáles son las cosas que activan esta herida, porque algo dolió antes. Por ejemplo: ¿desconfiás de esa persona y le revisás el teléfono porque tenés miedo de que sea infiel o reaccionás por algo que te pasó con una pareja anterior? ¿Eso está pasando ahora o estás reaccionando por algo que te pasó antes?
2 - CARENCIA
Cuando nos sentamos en la silla de la carencia, terminamos vinculándonos porque nos falta algo. Nos relacionamos esperando que el otro nos complete o nos salve y esa mirada lo convierte en un objeto; lo necesitamos para sostener nuestra propia estructura.
No buscamos un encuentro o una compañía, queremos una fuente de atención, de validación, de seguridad. Buscamos que la otra persona nos termine salvando. Por eso muchas veces duele tanto la ausencia, porque intentamos completarnos a nosotras mismas con la presencia del otro. Hay algo que no tenemos y esperamos que el otro nos lo dé.
En el lenguaje de esta silla aparecen frases como “sin vos no voy a poder”, “si no me respondés, me falta el aire” o “vos sos el que me hace sentir así”. La carencia deposita la responsabilidad en el otro y nunca está satisfecha, siempre falta un mensaje, un gesto, un acto de amor. La demanda constante y la necesidad de cercanía terminan asfixiando el vínculo, porque nadie puede cargar con la responsabilidad de ser la salvación del otro.
Herramientas para saber si estás en esta silla: preguntarte “¿qué espero del otro que podría darme yo misma?”, “¿qué fortalezas tengo que no dependen de la otra persona?”.
3 - MIEDO
Si sentimos angustia o tenemos mucha anticipación negativa, estamos en esta silla. Desde acá nos vinculamos anticipándonos a la pérdida. Tememos que la otra persona cambie, tenemos miedo de que se vaya, que deje de elegirnos. ¿Cuáles son las acciones que aparecen cuando sentimos miedo? Empezamos a controlar, a exigir o también podemos terminar adaptándonos en exceso y medir cada palabra, actuar con cautela por temor a que la otra persona se enoje.
El miedo a que nos abandonen nos lleva a que nosotras nos abandonemos primero, porque, por intentar asegurar ese vínculo, seguramente lo terminemos perdiendo.
Herramientas para saber si estás en esta silla: identificar qué es lo que temés perder. También podés hacerte una pregunta que suele ser muy efectiva: ¿qué es lo peor que podría pasar? Entender que las consecuencias no son tan graves como nuestra cabeza nos hace pensar nos ayuda a que baje muchísimo la intensidad del miedo.
4 - AMOR

“Salir”: un vínculo sin definición formal. - Créditos: Getty.
Acá elegimos sin esa necesidad de poseer. Desde esta silla, en una relación, podemos admirar, acompañar, construir. Es un vínculo que elegimos para compartir y no para sobrevivir. En contraposición a la carencia y la herida, no nace de la falta, sino desde el deseo de sumar.
Vemos al otro en su totalidad, con todas sus luces, no como alguien que simplemente viene a llenar los vacíos. Hay libertad y aceptación. Entendemos que el otro es un individuo libre y buscamos trabajar como equipo, complementando y no asfixiando. Todo suma, nada resta. No hay manipulación ni culpa; lo que aflora es un anhelo genuino de que el otro brille.
En esta silla somos conscientes de nuestra individualidad, nuestro espacio y las cosas que nos hacen bien. Reconocemos que tenemos otros vínculos que también nos nutren y nos hacen sentir en esta especie de abundancia interna. Es casi una ley: en esta silla siempre vamos a generar expansión.
Herramientas para saber si estás en esta silla: ¿lo que decís o hacés busca el crecimiento de ambos? ¿Elegís este vínculo desde el deseo de expandir lo que ya sos? Si las respuestas son positivas, definitivamente te estás relacionando desde el amor.
Otro consejo: también podés respirar y hacer una pausa para no decidir en el pico emocional. Ante un estímulo externo, reaccionamos, ya sea positiva o negativamente. Es en este momento cuando nuestra parte racional del cerebro está completamente secuestrada por la amígdala. Ocurre en cuestión de segundos y por eso es tan importante esperar antes de actuar por impulso.
5 - VULNERABILIDAD
¿Sabés que significa estar en esta silla? Que te mostrás, que no tenés problema en decir “esto me duele”, “esto me importa”, “esto me incomoda”. No implica debilidad, sino que es más bien una silla que nos da coraje emocional. Y, de alguna manera, cuando somos vulnerables, también generamos cercanía. Así como en el amor logramos expansión, en la vulnerabilidad vamos a crear proximidad, porque en los vínculos, cuando somos vulnerables, posiblemente provoquemos que la otra persona se pueda identificar en lo mismo que nos duele, lo mismo que nos importa. Mostrar tu lado vulnerable es recontra valioso.
Esta silla es la única posición desde la cual se puede construir una intimidad verdadera.
Herramientas para saber si estás en esta silla: lo primero que hay que saber, casi como un mantra, es que si no te aceptás a vos misma, no vas a poder mostrarte. Te tenés que zambullir en los lugares más profundos para conocerte y descubrir tus virtudes, tus defectos, tus dolores y tus alegrías. El autoconocimiento también nos permite querernos. Hacete preguntas, incomodate, navegá por tu inconsciente: ¿estás siendo transparente con lo que sentís? ¿Te conocés profundamente?
6 - EMPATÍA

7 pasos para retomar un diálogo efectivo con la pareja. - Créditos: Getty
Estar en esta silla implica validar la experiencia ajena, aunque no la compartas. Es poder salir de tu propio mundo para entrar en el del otro. Significa escuchar para entender, sin preparar una respuesta, comprender, no juzgar, validar sus emociones. Salir de tu mundo, de tu observador, para entender qué es lo que le pasa al otro. La empatía termina construyendo puentes ante las diferencias.
Relacionarse desde esta silla es entender que el otro también tiene sus propias sillas (sus miedos y sus heridas) y no tomar las cosas como algo personal. Comprendemos las mochilas de los demás y nos damos cuenta de que sus reacciones son un reflejo de su propia historia. Esto nos permite responder con compasión en lugar de contraatacar, ya que la empatía genera contribución. Las diferencias pueden seguir estando, porque no las elimina, pero lo que nos permite es construir puentes en los vínculos. .
Herramientas para saber si estás en esta silla: ¿escuchás con plena atención? ¿Podrías explicar qué es lo que el otro está sintiendo y por qué tiene sentido para él? Si la empatía es tu silla, vas a responder afirmativamente estas preguntas.
¿Podemos cambiar de silla?
¡Claro que sí! Pero lo primero que tenemos que hacer es entender en cuál estamos sentadas actualmente. Si estás en una relación que no funciona y querés intentar salvarla, preguntate desde qué lugar quisieras reconstruirla, ¿estás lista para moverte? Cambiar de silla es lo que termina transformando nuestros vínculos.
Todas tenemos sillas incómodas. Incluso lo más humano es que en algún momento nos sentemos en alguna equivocada. Lo transformador realmente es tener la conciencia para poder levantarnos de esa silla y elegir otra.
Experta consultada: Gabriela Castelari, Coach ontológica. Miembro del staff de Gisela Gilges. @eic.gilges.
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