
13 de enero, Día de la Depresión: por qué esta enfermedad cambia con la edad y las razones por las que no debemos ignorarla
La depresión no es solo tristeza ni aparece igual en todas las etapas de la vida. En el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una mirada experta para entender cómo se manifiesta desde la infancia hasta la adultez y por qué detectarla a tiempo puede cambiar la historia.
13 de enero de 2026

13 de enero, Día de la Depresión: por qué esta enfermedad cambia con la edad y por qué no debemos ignorarla - Créditos: Getty
Cada 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que busca visibilizar una de las enfermedades de salud mental más frecuentes y, al mismo tiempo, más silenciadas. La elección del día apunta a generar conciencia global sobre su impacto, promover la detección temprana y recordar que la depresión tiene tratamiento en todas las etapas de la vida.
Porque la depresión no siempre se ve. Muchas personas continúan funcionando hacia afuera: trabajan, estudian, cumplen con sus responsabilidades, sostienen vínculos. Sin embargo, por dentro algo cambia: se apaga el interés, disminuye la energía, el disfrute se vuelve lejano y vivir empieza a sentirse pesado.
“Hablar de depresión no es hablar solo de tristeza. Es hablar de un malestar persistente que afecta la forma de pensar, sentir y habitar la vida cotidiana, y que puede aparecer en cualquier momento del desarrollo”, explica la médica psiquiatra infantojuvenil Pía Lobo (@psiquiatrasalavista).
La depresión en la infancia: cuando el malestar no tiene palabras

La depresión en la infancia no tiene palabras. - Créditos: Getty
En la infancia, la depresión rara vez se verbaliza. El malestar suele expresarse a través del cuerpo y de la conducta: irritabilidad persistente, aislamiento, menos interés por el juego, dificultades escolares o quejas físicas frecuentes sin causa médica clara.
“Cuando estos cambios se sostienen en el tiempo y alteran el funcionamiento cotidiano, no estamos frente a una etapa. Estamos frente a un niño o una niña que no logra expresar lo que le pasa y necesita ser escuchado”, señala Lobo. Detectar estas señales tempranas es clave para evitar que el sufrimiento se cronifique.
Adolescencia: más que mal humor o rebeldía
La adolescencia es una etapa de profundos cambios emocionales y psíquicos. Por eso, la depresión puede confundirse fácilmente con mal humor, retraimiento o rebeldía. Sin embargo, hay señales que requieren atención: aislamiento marcado, pérdida de interés sostenida, alteraciones importantes del sueño o una visión muy negativa de sí mismo.
“El sufrimiento emocional en la adolescencia impacta de lleno en la identidad, los vínculos y la autoestima. No es algo que deba minimizarse”, advierte la especialista. Una mirada atenta puede marcar la diferencia entre atravesar una crisis y quedar atrapado en ella.
Jóvenes adultos: funcionar no siempre es estar bien
Muchos jóvenes adultos llegan a la consulta sin decir “estoy deprimido”. Consultan porque ya no disfrutan, porque se aíslan, porque la energía no alcanza y todo cuesta más. Siguen funcionando, pero viven en piloto automático.
“Antes de consultar, muchas personas buscan respuestas por distintos caminos sin lograr alivio real”, explica Lobo. No es raro escuchar a jóvenes decir que se sintieron deprimidos toda la vida. Frente a eso, la pregunta clínica se amplía: ¿cómo fue esa infancia?, ¿cómo se atravesó la adolescencia?, ¿qué recursos hubo —o faltaron— para tramitar el malestar?
A veces no hubo hechos traumáticos evidentes, pero sí climas emocionales sostenidos de exigencia, silencios afectivos o responsabilidades tempranas. Entender la depresión como un proceso y no como un episodio aislado permite tratamientos más profundos y reparadores.
Adultez y adultez mayor: cuando el desgaste se acumula
En la adultez, la depresión puede vincularse a pérdidas, duelos, cambios vitales o desgaste prolongado. No siempre aparece como tristeza, sino como apatía, desconexión emocional o pérdida de sentido.
En la adultez mayor, este malestar suele confundirse con “el paso del tiempo”. Sin embargo, cuando la vida se vuelve más pequeña, más aislada o menos significativa, es importante intervenir. “La depresión no es parte inevitable del envejecimiento”, subraya Lobo.
Nombrar la depresión permite tratarla
Detectar los síntomas de manera temprana es fundamental. La depresión tiene tratamiento y, cuanto antes se interviene, mejores son los resultados. Negarla o minimizarla suele llevar a que el malestar se agrave y a que luego se necesiten más tiempo y más intervenciones.
“Muchas personas temen escuchar la palabra depresión, como si nombrarla empeorara las cosas. En realidad, sucede lo contrario: poner en palabras el malestar ordena, alivia y abre la posibilidad de comprender qué está pasando”, explica la psiquiatra. No todo se resuelve con voluntad: hay sufrimientos que requieren intervenciones basadas en la evidencia científica.
Consultar también es cuidarse
La depresión puede afectar múltiples áreas de la vida, pero también puede tratarse de manera integral. Consultar no es exagerar: es escuchar una señal.
En este Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el mensaje es claro: comprender, detectar y tratar a tiempo puede cambiar la historia. Porque pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una forma profunda de cuidado.
Experta consultada: Pía Lobo. Médica especialista en psiquiatría infanto juvenil (MN Nº 149009)
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