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Cómo sobrevivir a diciembre: 8 claves para transitar el último mes del año

Llegó este mes que nos enamora y nos estresa por igual. Para que los costos no sean tan altos, pensamos un plan estratégico que nos ayude a surfearlo con amorosidad... y un poco de humor.




Sí, ya somos diciembre y pretendemos (somos pretenciosas), llegar a ser enero... Pero ¡¿a qué costo, amiga?! Diciembre un poco nos enamora, un poco nos estresa y otro poco nos da miedo. Si fuera una persona, sin dudarlo, y con cierta liviandad, lo podríamos acusar de tóxico, pero... ¿Qué papel jugamos nosotras en esta relación? ¿De verdad vamos a abrir una sala de debate que pide a gritos un mediador para resolver quién lleva el melón con jamón? ¿Y otra vez vamos a dejarlo todo para ir a la reunión de reencuentro del grupo de zumba al que fuimos solo dos veces? 

Pero volvamos a lo bueno: diciembre nos enamora porque incluye algún festejo de esos que nos reubican los músculos y los deseos en su lugar. También tiene nuestro corazón porque es la puerta de las vacaciones, las que se puedan, ya no levantarse al alba para hacer viandas si tenés hijos es un paraíso, y además porque es el final de algo. Del año. Del calendario. Quizá también de lo que no nos bancamos más. De lo que nos costó, pero nos enorgullece. Y porque aprendimos que después de un final viene un nuevo comienzo. Las hojas en blanco, los cuadernos nuevos y las agendas prometedoras son más esperanzadoras que atemorizantes. 

Sin embargo, a diciembre hay que atravesarlo. Puede ser una carrera de velocidad, un laberinto intrincado o un “paso a paso” finamente diagramado y elegido. Por eso, te dejo, amiga, una lista de verbos que combinan con diciembre para que podamos salir de esta relación complicada que (¿quién lo hubiera dicho, con nosotras tan resolutivas?) vamos repitiendo, en mayor o menor medida, año tras año.  

8 verbos para conjugar... y sobrevivir

1. PLANIFICAR

Cuando dicen que “diciembre es mágico”, no se refieren a tu capacidad de estar en dos lugares al mismo tiempo, así que armá la agenda de eventos, cierres, despedidas y actos de toda tu familia y luego planificá tu asistencia recordando lo anterior. Hay eventos en los que no podés evitar estar. Hay otros en los que realmente deseás estar. El resto, querida, sacalos de tu agenda y de tu estrés. Pero también podrías planificar no planificar nada e ir viendo día a día, y si luego la Navidad te encuentra, finalmente y como lo venías soñando desde hace años, en algún viaje de pocos o solitario, será culpa, o regalo, de la planificación. 

2. HACER

Cuanto más procrastines la compra de los regalos del arbolito, más alto va a ser el precio y más improbable va a ser que encuentres justo lo que le pidieron a Papá Noel esos niños que depositaron su inocencia en vos. Atenti, que esta ecuación sirve también para la mesa navideña, la colonia de verano de los chicos y la reserva de las vacaciones, entre otras cositas. Hacé, pero no como una máquina de tachar ítems, sino apoyada en la decisión de ir quitándote de encima todo lo que te pesa. Que se soluciona (¡oh sorpresa!) haciéndolo. También podés hacer una Navidad con pizza y un Año Nuevo vestida de negro. O hacer un gran esfuerzo para hacer solo lo que sea imprescindible. Y el resto del tiempo, mirar una serie o salir a caminar. Sí, aunque sea diciembre. 

3. ELEGIR

No les digas “sí” a planes sin pensarlo con detenimiento, sobre todo si estás de buen humor. Recordá que esa persona buena onda no te representa todo el mes. Elegir es, también, decir que no. ¿Y si este diciembre elegís elegir con mucho más detenimiento qué tanto te vas a cargar de tareas, compromisos y balances?

4. CAMBIAR

¡Ah, qué lindo mes es diciembre para cambiar! Por ejemplo, el “nos vemos antes de que termine el año” por un “nos vemos el año que viene”. O el turrón de almendras que cotiza en cripto por una sandía de verano. O a esa gente con la que festejás por costumbre por esa otra con la que de verdad se te llena la copa de ilusión. Gran mes, diciembre, gran mes para cambiar hasta de ropa interior, que, claro, tampoco tiene por qué ser rosa. 

5. RECORDAR

Recordá qué disfrutaste el año anterior en tu diciembre agitado. Y el otro y el otro. Y duplicá esos momentos y cuidalos como si ahí se te fuera la vida. Porque se te (nos) va. Y de paso, recordá que se acaba el año, no el mundo, así que durante este mes, cada vez que tomes una decisión, fijate si colabora con la idea de que este diciembre no acabe con vos.

6. ESCUCHAR

Diciembre es ruidoso. Entre las campanitas, las canciones navideñas, los actos escolares de fin de año y las frenadas apuradas, andá a encontrar un espacio en el que puedas, de verdad, escuchar.  Bien, sabiendo que el contexto es este, escuchar se puede convertir en un desafío, pero también en un superpoder. Porque, por ejemplo, si buscás el momento, si generás la situación, tal vez hasta podrías escuchar qué corno querés vos en este diciembre, corazón.

7. INAUGURAR

Diciembre tiene tradiciones, y como las tradiciones nos dan sentido de pertenencia, tendemos a no cuestionarlas. Ahora, ¿imaginás cómo sería darles vida a tus propias tradiciones? ¿Cómo sería comenzar costumbres nuevas para vos y los tuyos, diseñadas a medida, pensadas y elegidas a conciencia? Inaugurar algo con destino de permanencia. Podés cambiar el horario, el menú, el orden en la mesa y las obligaciones que damos por sentadas en estos días. Dejar de hacer balances, si no te sientan bien o no es tu momento, para empezar a balancearte en un diciembre que, como debería haber sido siempre, se adapte a vos.  
 

8. CELEBRAR

Diciembre trae celebraciones; a mí me gustan casi todas, pero si no te gustan, es igual de válido no hacerlas. También podés inventarte las propias. Celebrar con lo que hay y en donde estemos es una cuestión de decisión y no de bolsillo o deco de ocasión. ¿Por qué vas a brindar en tu diciembre? Hay algo de calidez en este mes, de cierre y rituales, de mesas compartidas, de arbolitos decorados, de añoranzas y horizontes cercanos. Que no se nos pierdan entre los apurones y tanto moño dorado. Somos diciembre, sí… pero ¿a qué costo? No lo tengo tan claro, pero, para empezar, si pudiste poner en acción algunos de estos verbos (no como un mandato sino como una invitación), levantá bien alto la copa y brindá por vos. 

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