
Hasta 4 años de retraso en diagnósticos: la brecha médica que afecta a las mujeres
Una brecha de género en la medicina hace que las mujeres puedan tardar hasta cuatro años más que los hombres en recibir un diagnóstico correcto.
8 de marzo de 2026

Hasta 4 años de retraso en diagnósticos: la brecha médica que afecta a las mujeres - Créditos: Prensa
Aunque las mujeres viven más que los hombres, pasan una mayor proporción de su vida con problemas de salud. Distintos estudios estiman que pueden pasar hasta un 25% más de su vida con alguna enfermedad o limitación funcional. En otras palabras: viven más años, pero no necesariamente con mejor salud.
Una de las razones detrás de esta paradoja es una brecha de género que todavía atraviesa a los sistemas de salud. A nivel global, las mujeres pueden tardar hasta cuatro años más que los hombres en recibir un diagnóstico correcto para distintas condiciones médicas. Ese retraso impacta directamente en el acceso a tratamientos oportunos y, en consecuencia, en su calidad de vida.
Parte del problema tiene que ver con cómo históricamente se han estudiado —y entendido— muchas enfermedades. Durante décadas, gran parte de la investigación médica se basó principalmente en cuerpos masculinos, lo que dejó menos evidencia disponible sobre cómo se manifiestan ciertas patologías en mujeres. Como resultado, algunos síntomas femeninos pueden ser minimizados, interpretados de manera incorrecta o atribuidos rápidamente a causas hormonales o emocionales.
Esto puede traducirse en recorridos médicos más largos, consultas reiteradas y diagnósticos que llegan tarde.
Además, en muchos casos, el dolor femenino ha sido culturalmente naturalizado. Dolores persistentes, fatiga o síntomas difusos suelen interpretarse como algo “normal” o esperable, lo que retrasa aún más la búsqueda de atención o la posibilidad de recibir un diagnóstico adecuado.
Enfermedades frecuentes pero poco diagnosticadas

Brecha médica: las mujeres recibimos hasta 4 años más tarde los diagnósticos. - Créditos: Prensa
Existen múltiples condiciones donde esta brecha se vuelve especialmente visible.
Una de ellas es la migraña, un trastorno neurológico que afecta de manera desproporcionada a las mujeres. En América Latina se estima que alrededor del 12% de las mujeres la padecen, pero cerca del 65% no recibe un diagnóstico ni tratamiento adecuados. Sin abordaje médico, la migraña puede convertirse en una causa importante de discapacidad y afectar tanto la vida personal como laboral.
Algo similar ocurre con las enfermedades autoinmunes. Se calcula que cerca del 80% de las personas afectadas por este tipo de patologías son mujeres. Sin embargo, muchas de estas enfermedades presentan síntomas poco específicos y pueden confundirse con otras condiciones, lo que dificulta su detección temprana.
Entre ellas se encuentra, por ejemplo, la dermatitis atópica, una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que puede impactar significativamente en el bienestar emocional, la autoestima y la calidad de vida, especialmente cuando los síntomas son severos.
Mucho más que salud reproductiva
Cuando se habla de salud femenina, la conversación suele centrarse en la fertilidad, el embarazo o la ginecología. Sin embargo, se estima que alrededor del 95% de las afecciones de salud que afectan a las mujeres no están relacionadas con la esfera reproductiva.
Entre ellas se encuentran enfermedades cardiovasculares, trastornos musculoesqueléticos, migrañas, patologías autoinmunes y problemas de salud mental. Aun así, muchas veces los síntomas se interpretan inicialmente desde una mirada vinculada a lo hormonal o reproductivo, lo que puede retrasar la evaluación adecuada.
Estas brechas también pueden influir en decisiones importantes de la vida. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, una de cada cuatro personas atribuye las dificultades para tener hijos a problemas de salud general, infertilidad o barreras para acceder a tratamientos. En muchos casos, la falta de información o los diagnósticos tardíos condicionan cuándo —y si— las mujeres pueden elegir ser madres.
Al mismo tiempo, la planificación familiar y el uso de anticonceptivos suelen quedar relegados cuando aparece otro problema de salud considerado prioritario. Así, la anticoncepción deja de percibirse como parte integral del cuidado médico y pasa a convertirse en un tema postergado. En América Latina, esta situación se refleja en una alta tasa de embarazos no planificados, estimada en 69 por cada 1000 mujeres.
Un desafío de salud pública
Reducir estas brechas implica repensar cómo se investiga, diagnostica y aborda la salud de las mujeres. También supone escuchar más activamente sus síntomas, ampliar la evidencia científica basada en la fisiología femenina y promover sistemas de atención más sensibles a las diferencias de género.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, distintas iniciativas buscan visibilizar esta problemática y promover mayor conciencia sobre la equidad en salud. Entre ellas se encuentra la campaña global #GiveToGain (#DarParaGanar), que propone impulsar acciones, recursos y educación para mejorar el acceso a información, diagnósticos y tratamientos para mujeres y niñas.
Más allá de las campañas, el desafío es estructural: avanzar hacia sistemas de salud donde el dolor o los síntomas de las mujeres no se minimicen ni se normalicen, sino que se escuchen, se investiguen y se traten a tiempo.
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