
La independencia también se entrena: por qué mover el cuerpo hoy puede sostener tu autonomía mañana
La psicóloga y mentora de bienestar femenino Andrea Ritzer propone cambiar la forma en que pensamos el ejercicio: no solo como una cuestión estética, sino como una forma de cuidar la autonomía y la calidad de vida a lo largo de los años.
12 de marzo de 2026 • 15:19

La independencia también se entrena: por qué mover el cuerpo hoy puede sostener tu autonomía mañana - Créditos: Getty
Durante años, la actividad física estuvo asociada casi exclusivamente con la estética: hacer ejercicio para verse mejor, para entrar en cierta ropa o para sentirse más conforme frente al espejo. Sin embargo, cada vez más especialistas plantean una mirada diferente: mover el cuerpo también es una forma de construir autonomía para el futuro.
Para la psicóloga y mentora de bienestar femenino Andrea Ritzer, el punto de partida es una pregunta simple pero profunda: ¿para qué nos movemos? La respuesta, dice, puede cambiar por completo la relación con el movimiento.
Según explica, entrenar no solo tiene que ver con el presente, sino también con la posibilidad de seguir siendo independientes en la vida cotidiana a medida que pasan los años.
Pensar el movimiento más allá de la estética

El movimiento de hoy nos permitirá la independencia mañana - Créditos: Getty
Ritzer sostiene que, durante mucho tiempo, el ejercicio se presentó como un objetivo ligado a la apariencia. Sin embargo, propone ampliar la mirada: movernos también es una forma de cuidar nuestra capacidad de hacer cosas por nosotras mismas.
Actividades cotidianas como subir una valija, cargar peso, levantarse del piso o alcanzar un objeto en altura pueden parecer simples, pero dependen en gran medida de la fuerza, el equilibrio y la movilidad del cuerpo.
Por eso, plantea que vale la pena proyectarse hacia adelante y preguntarse: cómo queremos llegar a los 50, 60 o 70 años. Si con un cuerpo que acompañe o con uno que empiece a limitar lo que queremos hacer.
En su trabajo con mujeres, la especialista escucha con frecuencia historias que ilustran este proceso. Muchas cuentan que dejaron de hacer ciertas actividades por miedo a no poder sostenerlas físicamente o por temor a lastimarse.
“No son escenas dramáticas. Son pequeñas renuncias que aparecen casi imperceptiblemente”, explica. Con el tiempo, esas decisiones terminan reduciendo la vida cotidiana: se evita subirse a un banquito, levantar peso o incluso alzar a un nieto por miedo al dolor o a perder estabilidad.
El músculo como reserva para el futuro

La independencia también se entrena: por qué mover el cuerpo hoy puede sostener tu autonomía mañana - Créditos: Getty
Uno de los cambios más importantes que atraviesa el cuerpo femenino con el paso del tiempo ocurre alrededor de la perimenopausia y la menopausia.
Según Ritzer, la masa muscular comienza a disminuir de manera natural si no se estimula, un proceso conocido como sarcopenia. Aunque ocurre de forma progresiva, puede acelerarse cuando no se realizan actividades que impliquen trabajo de fuerza.
Los huesos también necesitan estímulo para mantenerse fuertes. “La densidad ósea requiere carga”, explica. Es decir, movimientos en los que el cuerpo trabaja contra la gravedad o sostiene peso, algo clave para prevenir la fragilidad ósea que puede aparecer después de la menopausia, cuando descienden los niveles de estrógeno.
A esto se suma otro aspecto fundamental: el equilibrio. Lejos de ser una habilidad fija, es una capacidad que también se entrena a través de la fuerza, la estabilidad y el movimiento regular.
Cuando estos aspectos no se trabajan, el riesgo de caídas aumenta, y las caídas en edades más avanzadas pueden tener consecuencias importantes.
No se trata de amar el gimnasio
Para Ritzer, el objetivo no es convertirse en fanática del entrenamiento ni seguir rutinas interminables. La clave está en comprender el propósito. “Moverse no es castigo, ni compensación, ni una obligación estética. Es una estrategia”, plantea.
A veces puede ser algo simple: diez minutos por día, ejercicios básicos de fuerza, movilidad o caminatas hechas con intención. Lo importante no es la exigencia constante sino la constancia.
En lugar de pensar el ejercicio como algo que se hace solo cuando hay motivación, la especialista propone integrarlo como una decisión cotidiana que construye bienestar a largo plazo.
Preguntas que pueden cambiar la relación con el movimiento
Repensar el lugar que ocupa el cuerpo en la vida también puede comenzar con algunas preguntas:
- ¿Estoy entrenando para una foto o para mi vida?
- ¿Qué cosas quiero seguir haciendo sola dentro de 10 años?
- ¿Y dentro de 20, 30 o 40?
- ¿Estoy construyendo un cuerpo que acompaña o uno que se resigna?
Para Ritzer, no se trata de generar culpa sino de darle dirección a nuestras decisiones. “La independencia no se desea: se construye”, resume. Y agrega que cada elección cotidiana —moverse, fortalecer el cuerpo, sostener hábitos— puede convertirse en una inversión para el futuro.
Porque, en definitiva, lo que hacemos hoy con el cuerpo puede ser lo que nos sostenga mañana. No solo para vernos bien, sino para seguir viviendo con libertad y autonomía.
Experta consultada:Andrea Ritzer, autora de Tu Cuerpo Habla, influencer y speaker de bienestar femenino, menopausia activa y consciente. Ig: @andrearitzer
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