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¿Qué es la brecha de dolor entre géneros?

La microbióloga Cecilia Belgoff define lo que significa la brecha de dolor entre géneros. ¿Por qué se demoran más nuestros diagnósticos y tratamientos? La ciencia tiene menos información de las mujeres.


Brecha de dolor entre los géneros: ¿qué significa y qué impacto tiene en las mujeres?

Brecha de dolor entre los géneros: ¿qué significa y qué impacto tiene en las mujeres? - Créditos: Getty



¿Que es la brecha de dolor entre géneros? ¿Es hora de tomar más en serio la salud de las mujeres? ¿Cómo podemos conocernos desde nuestra fisiología?

Las mujeres viven más que los hombres, pero pasan una mayor proporción de su vida con problemas de salud, por lo que tienen una esperanza de vida saludable más baja.

En comparación con los hombres, las mujeres tardan mucho más en recibir un diagnóstico y/o tratamiento de los profesionales de la salud.

El dolor en las mujeres se comprende peor y, por tanto, se trata peor en comparación con el dolor en los hombres. Esto porque hay lagunas y sesgos sistémicos. Esto se conoce como la brecha de dolor de género y va en aumento, según un informe de Nurofen. Allí se muestra que en 2023 un 11% más de mujeres que hombres sintieron que su dolor había sido ignorado, en comparación con el 7% en 2022.

 

El informe encuestó a más de 5000 personas, con una proporción cercana al 50:50 entre hombres y mujeres, y descubrió que a las mujeres del Reino Unido les lleva más tiempo que a los hombres recibir un diagnóstico médico para los mismos tipos de dolor. Menos de la mitad (47%) de las mujeres encuestadas recibieron un diagnóstico dentro de los 11 meses, en comparación con dos tercios (66%) de los hombres. Además, se encontró que más mujeres que hombres (14% frente a 9%) todavía no tenían un diagnóstico de su dolor después de 12 meses o más. Y un tercio de las mujeres sintió que el retraso en el diagnóstico se debía a que los profesionales de la salud no las escuchaban, no las tomaban en serio o, peor aún, las descartaban por completo. Este descarte a menudo iba acompañado de que se les decía que ciertos síntomas debían aceptarse como inherentes a ser mujer y, por lo tanto, no requerían tratamiento. Esto fue particularmente frecuente en relación con la salud menstrual y reproductiva.

Según algunos análisis "no ser escuchado" parece manifestarse en todas las etapas del proceso de atención médica. Muchas mujeres dijeron:

  • Que sus síntomas no se tomaron en serio o se descartaron en el primer contacto con los médicos de cabecera y otros profesionales de la salud

  • Tuvieron que defenderse persistentemente para obtener un diagnóstico, a menudo durante múltiples visitas, meses y años.

  • Si conseguían un diagnóstico, había oportunidades limitadas para discutir o hacer preguntas sobre las opciones de tratamiento y, a menudo, se ignoraban sus preferencias.

El malestar de las mujeres: ¿todo es estrés u hormonal?

Continuamente se atribuyen los síntomas de las mujeres al estrés o a las hormonas. Con el tiempo, esto ha llevado a que se pase por alto el dolor de las mujeres, lo que generó esta brecha de género en el dolor.

Las mujeres están dispuestas a esperar más tiempo para obtener un diagnóstico de su dolor y no se sienten capacitadas para pedir el apoyo que necesitan. A menudo se ignora su dolor con frases como “es normal en una mujer”. Incluso entre mujeres lo normalizamos y asumimos que “soportar” es parte de nuestra naturaleza.

Entonces el problema es que lo “normal” hace que la mujer sienta que es aceptable tener y sentir dolor y que no hay nada malo en eso. Incluso, llega a creer que no hay nada que hacer al respecto ni margen para mejorarlo. A medida que las mujeres aceptan más dolor y evitan buscar consejo o tratarlo se ve más perjudicada la confianza y el empoderamiento como paciente, lo que afecta la primera consulta y las posteriores. Con lo que se interrumpe la promoción y prevención de la salud. Esto tiene un impacto significativo en la calidad de vida, pero también consecuencias financieras, emocionales y laborales.

 

La brecha de género en el dolor es obviamente compleja y multifactorial, pero su existencia no es sorprendente, dado que no fue hasta 1993 que la FDA finalmente permitió que las mujeres participaran en ensayos clínicos. Hasta ese momento, la observación e intervención médica según un estándar clínico no se llevaba a cabo en mujeres, lo que generaba una enorme brecha en el conocimiento y la comprensión de la atención sanitaria en las mujeres.

Y la financiación pasada y actual de la investigación sobre la salud de la mujer es desproporcionadamente baja, dado que aproximadamente el 50 por ciento de la población es femenina. Es frustrante que los resultados de las investigaciones todavía rara vez se desglosen por sexo, por lo que se pierde la oportunidad de aumentar significativamente nuestro conocimiento y comprensión en muchos campos de la ciencia y la atención sanitaria con respecto a las mujeres.

La brecha de dolor entre géneros no se trata sólo de estudios y estadísticas: tiene que ver con el bienestar y calidad de vida de las mujeres y familias. Por esto, es importante que las niñas conozcan su biología y puedan llevar un registro desde que comienzan los primeros signos de desarrollo durante la pubertad para que incorporen el hábito de registrar e identificar patrones comunes para su fisiología, con el fin de que puedan rápidamente identificar cuando ocurran cambios físicos o síntomas que no tienen correlación con los registros propios. De esta manera pueden pedir ayuda o acudir a la consulta médica con determinación de que está ocurriendo algo nuevo o extraño. 

Mujeres: ¿cuánto sabemos de nuestra salud ginecológica?

El acceso a la información disminuye sustancialmente en temas específicos de la salud de la mujer:

  • 1 de cada 5 tiene suficiente información sobre el bienestar menstrual (17%)

  • 1 de cada 7 tiene suficiente información sobre los cánceres ginecológicos (14%)

     

  • 1 de cada 10 tiene información suficiente sobre la menopausia (9%), los centros de mutilación genital femenina y agresión sexual (9%) y las condiciones ginecológicas (8%)

El conocimiento siempre será poder y, sobre todo, si se trata de profundizar en la esencia de nuestra feminidad y cómo podemos usarla a nuestro favor. Hablar de que las mujeres somos cíclicas sigue siendo necesario, sobre todo porque aunque es una frase de lo más repetida, parece que no ha calado del todo lo que esto significa y cómo podemos (y debemos) adaptar nuestros ritmos, precisamente a ese vaivén hormonal.

Conocer las fases por las que pasamos durante todo nuestro ciclo de vida, no solo en la menstruación, nos ayudará a mejorar y profundizar desde la investigación hasta el diagnóstico y el tratamiento.

Por Cecilia Belgoff, gentileza para OHLALÁ! Belgoff es microbióloga, experta en ciclos de la mujer. IG: @cecibelgof

Fuente consultada: Marike Bigg, escritora científica y doctora en sociología por la Universidad de Cambridge. En su libro This Won't Hurt: How Medicine Fails Women expone su argumento de que, desde la investigación hasta el diagnóstico y el tratamiento, la medicina no es neutral en cuanto al género.

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