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"Soy intensa": los beneficios y las red flags de la intensidad

¿Te cuestan los grises? ¿Sentís todo un montón? Si te pasa que a veces tu energía desbordante intimida o tiene mala prensa, te proponemos que esa fuerza vital y poderosa te guíe hacia el equilibrio.




Septiembre es conocido como el mes de las flores y los pajaritos. Nos imaginamos esos atardeceres soleados, un capullo que abre en flor y la vida que se vuelve a llenar de posibilidades. Suena lindo..., ¿no? Pero lejos de esta fantasía, también septiembre es el mes de mayores lluvias y vientos. Estadísticamente, en ningún momento del año hay más tormentas que en septiembre. OK, estamos ante un mes intenso. Venimos de invernar con sopita, procesos congelados en stand by, y de repente, llega él y nos despeina diciéndonos: “Es ahora o nunca” (con música de tensión de fondo y todo). Pero, como dice nuestra psico Inés Dates, “no hay armonía sola, hay que saber vivir el caos para despertar”. Así lo vivimos los intensos, como septiembre. Sentimos fuerte y con todo el cuerpo. Somos como esas olas de un mar embravecido: temblamos del miedo, lloramos de la risa, podemos ser un maremoto al enojarnos o calentarnos, escuchamos canciones de Ale Sanz para llorar mientras nos miramos al espejo... Todo un montón. ¿Y qué?

Somos bien para afuera con lo que nos pasa y a veces nos pasamos. Pero también se hizo mala prensa de los intensos e intensas, como si sentir mucho y en voz alta estuviera fuera de lugar o desubicado. Pero ahora..., ¿qué sería de la vida sin los intensos? Los intensos también nos guían, nos marcan un camino posible. ¿Acaso está mal vivir la vida intensamente? ¿O cuándo es que “intenso” se vuelve “demasiado intenso”? Por eso, este mes nos proponemos encontrar un equilibrio entre intensidad y armonía. Una intensidad que contemple y respete al otro. Incluso una intensidad gestionable, que nos permita elegir, que nos sirva de motor, pero que no nos pase por encima, nos drene o nos desborde. La propuesta es hacernos “intensamente bien” contemplando la buena convivencia con los demás.

Vivir a todo o nada

¿Te sentís a veces vos misma un prototipo de la intensidad? Una persona intensa está muy en contacto con sus propias expectativas y entonces cumplirlas (o no) puede llegar a ser cuestión de vida o muerte. Si fuera que sale todo espléndido y estamos del lado de la vida, se celebra fuerte: aplausos, grito de gol, saltos de festejo, abrazo grupal. O también puede ser un WhatsApp a cualquier hora del tipo: “Chicas, reunión urgente en mi casa, les tengo que contar algo importantísimo”. Y si alguna falta, la tragedia: “No puedo creer que Fulana no vino, nunca le importa nada de mi vida”. 

La intensidad viene así, en oleadas de emociones: un día es querer estar sola y llorar con “All by Myself” a todo volumen, al mejor estilo Bridget Jones. Y al día siguiente es estar quizás en el otro extremo: re pilas, queriendo darles vida a nuestros sueños. Los intensos suelen amar como nadie a su gente. Llamalo entusiasmo o un pedido de atención. Lo cierto es que quienes viven con intensidad van a sufrir honestamente como nadie, pero también son quienes saben celebrar la vida a lo grande.

Ilustración de Ana Laura Pérez.

Ilustración de Ana Laura Pérez.

Revisar nuestras propias narrativas

Te vas a dar cuenta si estás conversando con una persona intensa (o si sos una de ellas) porque, si prestás atención a las palabras que elige para comunicarse, encontrarás hipérboles por todos lados. Ya sabemos que las personas somos un conjunto integrado de nuestras emociones, nuestro lenguaje y nuestras acciones. Por eso, sería casi imposible que alguien que viviera de manera intensa sus emociones se contara a sí mismo y a los demás la vida de forma parsimoniosa.

Todos vivimos inmersos en las historias que nos contamos sobre lo que nos pasa. Y cada palabra que usamos genera un impacto emocional en nosotros mismos y en quien nos rodea. Los que somos intensos nos contamos la vida con profundidad, con grandeza, con suma importancia, y nos lo creemos, porque así lo vivimos también. “Esto es lo mejor que me pasó en la vida”, “sos la peor hermana del mundo”, “mi jefe me odia con toda su alma”, “casi me muero de un orgasmo”, “nunca vi algo más hermoso en todo el universo”. ¿Te suena? ¿Te encontraste alguna vez a vos misma en estos relatos? El lenguaje, con sus palabras, también crea una forma de la realidad: si usás todo el tiempo palabras como “nada”, “siempre”, “todo”, “nunca”, “lo peor”, “lo máximo”..., es probable que seas una intensa. Y está todo más que bien.

Tu libertad termina donde empieza la mía

Ya lo expuso Freud en su libro El malestar de la cultura: siendo sujetos deseantes, capaces de matar por enojo o morir de tristeza, hacemos el esfuerzo todos los días de adaptarnos a lo culturalmente aceptado, a gestionar nuestras emociones, a tener en cuenta al otro. Eso nos genera una tensión constante, unas ganas reprimidas que devienen a veces en frustración..., y bienvenida sea. Porque somos seres gregarios, estamos destinados a convivir y regularnos entre nosotros para que esa convivencia sea posible.

Entonces, quizá la respuesta a la pregunta “¿cuándo ser intensa es ser demasiado intensa?” esté en el título de este párrafo: la clave pasa por hacer convivir mi propia intensidad con el proceso de validar que el otro es un otro. Que a veces no tiene ganas de escucharme, que también es un gran regalo ser escuchado, y por eso, abusar de esa apertura no está bueno. En este mismo sentido, sería interesante pensar: ¿hasta qué punto elegimos con intensidad o nos arrastra la ola? ¿En qué momento dejamos de elegir y la intensidad nos lleva puestas como una ola que nos pega un revolcón? La posta está siempre en el equilibrio, en lograr que ese “sentir mucho” nos sirva para nuestros propósitos sin desbordarnos. Ese lugar mágico en el que valido al otro pero también me respeto a mí, en ese lugar donde vivo con pasión pero sin incendiarme, en donde el foco está en la búsqueda de un balance de intenso bienestar.

7 beneficios de ser intensa

  1. 1

    Lo lindo se amplifica por 100, incluso si no fuera tan copado.

  2. 2

    Te conectás con profundidad con lo que te pasa o lo que sentís.

  3. 3

    Te permitís sacarles todo el jugo a las experiencias.

  4. 4

    Te da el impulso para aspirar a ser tu mejor versión.

  5. 5

    Te predispone para estar siempre presente en el “aquí y ahora”, viviendo todo al máximo.

  6. 6

    Te permite una buena relación con el riesgo y el mantra “el que no arriesga no gana.”

  7. 7

    Te conecta menos con el “pensar” y tus propios relatos y más con el “hacer”.

¿Cuando puede volverse una red flag?

  •  Cuando lo malo se vive amplificado por 100, incluso si no fuera tan grave. 

  • Cuando aparece la posibilidad de invadir al otro con esa profundidad.

  •  Cuando sentís que nunca es suficiente o que todo podría ser más.

  •  Cuando te conecta con tu autoexigencia y la exigencia para con los demás. 

  • Cuando existe la chance de que puedas perderte en los demás y olvidarte de vos. 

  • Cuando te hace no medir consecuencias de tus palabras y/o acciones.

  •  Cuando en el camino por hacer mucho, sentís que podrías llevarte todo puesto.

Buscá tu tribu

Nosotras, las intensas, con los años descubrimos que no estamos solas. Que no somos raras –sino todo lo contrario– y que existen muchos más seres similares a nuestra corriente, que surfean olas de intensidad tanto como nosotras. Las experiencias, esas olas que nos dieron vuelta, nos juntaron con esa tribu que no solo acepta nuestra intensidad, sino que la abraza. Y la celebra. Es el mismo grupo de personas que también nos regula, que nos deja ser, pero no nos deja chocarnos, sino que nos ayuda a entrar en perspectiva.
La invitación también es a encontrarte con esas personas que –más que juzgarte de intensa– son intensas con vos. A dejar de forzar vínculos que te hacen sentir que sos “demasiado” y encontrar un espacio en el que sientas que sos la medida justa. En donde te acepten con todos tus colores y con tu oleaje personal: a veces pura potencia, a veces la calma chicha. 

Experta consultada. Lic. Inés Dates. Nuestra psicóloga. @ines.dates.viviendo.

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