¿Terapia con IA?: los riesgos y límites que señalan especialistas

Distintos psicólogos y psicólogas nos comparten su posición respecto a este tema y lo diferencian de un tratamiento terapéutico.

Por Alejandro Viedma

10 de junio de 2026, 21:58

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¿Terapia con IA?: los riesgos y límites que señalan especialistas - Getty

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana de millones de personas. Entre consultas prácticas, búsquedas de información y conversaciones cada vez más extensas, también comenzó a ocupar un lugar inesperado: el de interlocutora frente al malestar emocional. Hay quienes le cuentan sus preocupaciones, le piden consejos sobre relaciones, ansiedad o autoestima, e incluso afirman que “hacen terapia” con herramientas como ChatGPT. El fenómeno crece y abre interrogantes sobre las nuevas formas de buscar contención en una época marcada por la inmediatez, la hiperconectividad y, al mismo tiempo, por una creciente sensación de soledad.

Pero ¿puede una inteligencia artificial cumplir la función de un espacio terapéutico? ¿Qué diferencias existen entre recibir respuestas de un sistema entrenado con grandes volúmenes de información y atravesar un proceso clínico con un profesional? Para reflexionar sobre estas preguntas, convocamos a colegas psicólogos y psicoanalistas de distintas orientaciones.

En esta nota, comparten sus miradas sobre los alcances y límites de la IA, el valor del encuentro humano y aquello que sigue haciendo de la terapia una experiencia difícil de reemplazar.

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Psicólogos hablan del valor del encuentro humano en la terapia. - Getty

“La IA no puede alojar la complejidad subjetiva de una historia humana”

Guadalupe Romero, Lic. en Psicología (UBA)

 La irrupción de la inteligencia artificial en el campo de la salud mental abrió preguntas tan atrayentes como delicadas. Hoy, muchas personas encuentran en la IA un espacio inmediato de orientación: una herramienta capaz de explicar conceptos, ordenar ideas, ofrecer información y acompañar desde la disponibilidad constante. Sin embargo, es importante diferenciar orientación de tratamiento.

La IA no evalúa clínicamente, no sostiene una responsabilidad ética sobre el sufrimiento de quien consulta y trabaja, necesariamente, desde respuestas generales. Puede acercar recursos, pero no alojar la complejidad subjetiva de una historia humana.

La terapia, en cambio, se construye en otro territorio: el del vínculo social. Allí donde existe escucha activa, lectura del contexto, experiencia clínica y compromiso ético. Cada persona llega con una singularidad irrepetible, y es justamente esa singularidad la que orienta el trabajo clínico.

Mientras la inteligencia artificial suele responder desde cierta lógica de complacencia —sin confrontar genuinamente, sin implicarse afectivamente ni asumir el riesgo clínico de una intervención—, el espacio terapéutico puede habilitar preguntas incómodas, movimientos subjetivos y elaboraciones profundas.

Por eso, más que pensar a la IA como reemplazo de la terapia, considero valioso entenderla como una herramienta complementaria. Puede informar, orientar y acercar recursos, pero el proceso terapéutico continúa siendo, esencialmente, un encuentro humano. Y en tiempos de respuestas inmediatas quizás sea justamente esa presencia humana —capaz de escuchar, sostener y comprometerse con la singularidad del otro— lo que más valor adquiere. 

Hipermodernidad, soledad y crisis de referencias 

Nelson Ruiz, Psicólogo Clínico, Psicoanalista.

La hipermodernidad profundiza el individualismo y debilita los espacios colectivos de sostén. La aceleración del tiempo, la hiperconectividad digital, el hiperconsumo y la desconfianza generalizada erosionan las referencias simbólicas con las que las personas solían orientarse en momentos de incertidumbre. Los grandes garantes — la religión, la ciencia, la cultura, la ley— atraviesan profundas transformaciones. Las figuras de autoridad pierden legitimidad y los sujetos quedan cada vez más solos frente a sus decisiones. 

El ChatGPT y la ilusión de interlocución 

En ese escenario donde ha aumentado la demanda de respuestas inmediatas frente a la ansiedad aparece el ChatGPT y la ilusión de interlocución. Una inteligencia artificial disponible en todo momento a responder sobre prácticamente cualquier tema. Sin embargo, también puede reforzar ciertas tendencias propias de la época como la búsqueda de respuestas rápidas, la evitación del conflicto y la ilusión de una interlocución sin encuentro con un otro. El ChatGpt evita la conversación incómoda, la pregunta, la vergüenza, el conflcito. La inteligencia artificial puede organizar información, resolver problemas concretos, pero no participa de la experiencia vincular. No posee cuerpo, afectos, deseo ni historia compartida con quien consulta. 

Difícilmente ChatGPT pueda ocupar el lugar de un analista. No solo porque no guarda el silencio necesario para que la angustia opere como motor del pensamiento, sino también porque no constituye un cuerpo otro sobre el cual puedan desplegarse las transferencias, proyecciones y conflictos inconscientes del paciente. 

Tampoco puede intervenir desde aquello que irrumpe inesperadamente en la relación terapéutica. Sus respuestas dependen necesariamente de lo que el usuario introduce como punto de partida. Un analista, en cambio, puede producir una intervención que desplace el sentido, introduzca un enigma o abra una pregunta que el paciente todavía no sabía que estaba formulando.

 

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¿Terapia con IA?: los riesgos y límites que señalan especialistas - Getty

Lo que hace posible un análisis 

El trabajo analítico no consiste en ofrecer respuestas correctas, sino en abrir preguntas. El analista ocupa una posición de no saber. Introduce silencios, enigmas e interpretaciones que permiten que el sujeto construya un saber singular sobre su propia experiencia. 

La verdad analítica no surge de la acumulación de información, sino del encuentro transferencial. Para ello se requiere de un espacio, un tiempo, una escucha y una disposición a tolerar la incertidumbre. Un análisis crea las condiciones para que algo inesperado pueda acontecer entre dos personas: una asociación, una frase, un recuerdo, un afecto o un pensamiento que irrumpa allí donde antes parecía no haber salida. 

El psicoanálisis trabaja con aquello que no puede ser completamente anticipado ni programado. Es en ese encuentro con lo inesperado donde puede producirse una transformación subjetiva y abrirse nuevas posibilidades de habitar el mundo. 

¿Con quién hablo cuando le hablo a una IA?

Mercedes García Santillán, Psicóloga y Psicoanalista Vincular

Cada vez más personas confiesan, casi en voz baja, que le cuentan sus problemas a una inteligencia artificial. Que la consultan cuando no pueden dormir, que le escriben lo que no se animan a decirle a nadie, que sienten que “los entiende”. No es un fenómeno marginal ni exclusivo de jóvenes tecnológicos: atraviesa edades, clases sociales y geografías. Y antes de juzgarlo, vale la pena preguntarse qué nos está diciendo.

Desde el psicoanálisis vincular entendemos que el vínculo no es algo que ocurre dentro de cada persona, sino entre ellas. No es la suma de dos mundos internos que se comunican: es una producción conjunta, algo que emerge en el encuentro y que ninguno de los dos podría haber fabricado solo. En ese entre hay interferencia, extrañeza, la presencia irreductible de alguien que no somos nosotros y que nos impone su alteridad. Eso incomoda, a veces duele, y es exactamente lo que hace posible el cambio. Cuando alguien le habla a una IA, ¿hay un entre? Esa es la pregunta que me interesa dejar abierta, porque no creo que se pueda cerrar fácilmente. Lo que sí podemos observar es lo que el dispositivo ofrece y lo que no puede ofrecer. Una IA responde sin cansancio, sin juicio aparente, sin el riesgo de que se enoje o se vaya. 

 Pero hay algo que el dispositivo no puede hacer: sorprendernos desde su propia alteridad. Una IA no tiene un mundo propio que interfiera con el nuestro. No nos impone nada desde un lugar que no hayamos, de algún modo, convocado. Responde, pero no irrumpe. Y gran parte de lo que transforma en un vínculo terapéutico viene de esa irrupción: de que el otro —el analista, el amigo, la pareja— diga o haga algo que no esperábamos, desde un lugar que no controlamos. Hay otra cuestión que el dispositivo digital vuelve visible de un modo particular: la posibilidad de cortar sin escena.

Con una IA se puede cerrar la ventana, borrar la conversación, empezar de nuevo como si nada hubiera pasado. No hay un otro que quede del otro lado sin respuesta, no hay consecuencias relacionales. Eso puede ser un entrenamiento silencioso en la evitación de lo que todo vínculo real exige: tolerar la presencia del otro aunque incomode, atravesar el conflicto, no desaparecer. La tecnología no es el problema ni la solución. Es un aparato —en el sentido más preciso del término— que recorta ciertas posibilidades y cierra otras. Lo que produce depende de cómo lo usamos, de qué buscamos en él y de qué otras tramas vinculares estamos construyendo o descuidando mientras tanto. La pregunta que me parece más honesta no es ¿es bueno o malo hablarle a una IA? sino ¿qué tipo de encuentro es posible ahí, y qué tipo de encuentro seguimos necesitando con otros humanos? 

“Nunca se podrá suplantar la emocionalidad humana”

Alejandro Viedma, Lic. en Psicología (UBA), Psicoanalista.

 Lo primero que quiero decir es que entiendo y empatizo con las personas que sufren y buscan respuestas a su malestar. 

Preguntarle todo a la IA es una situación actual y genera debates; no hay que negarlo: es una realidad que cada vez más gente acude al chatGPT.

 Para mí la IA es una herramienta por momentos eficaz y al mismo tiempo peligrosa, riesgosa, es decir, presenta ventajas y desventajas. El psicoanalista de la UBA que habita en mí desecharía de plano “hacer terapia” con un modelo generativo entrenado, y ese mismo ser también comprende a las personas que están padeciendo, que están solas y tienen acceso a eso “gratuitamente” y en cualquier momento y lugar. 

 Considero que hoy la gente necesita respuestas más que repreguntas. Hay muchas personas “quemadas”, “rotas” o simplemente “comunes” que no podrían ni querrían afrontar un tratamiento largo y oneroso. Pero también noto una comodidad en el “dame la solución” sin poner demasiado de uno aunque, por otra parte, se presente la posibilidad de chocarse con costos más altos que los que ameritarían un proceso terapéutico. Por otro lado, creo que nunca se podrá suplantar la emocionalidad humana, que haya un otro enfrente tuyo escuchándote y conteniéndote, siendo amoroso (al sentirte expuesto) pero no condescendiente o diciéndote sólo lo que te gustaría escuchar, cuestión que acontece a menudo con la IA. Ahora bien, volviendo a las consecuencias, lo grave es que ya hubo suicidios por el uso (o abuso) de la IA; la parte peligrosa es darle un uso constante a algo que no se sabe manejar adecuadamente o si no se chequea esa información recibida. O leer algo tan ridículo como que alguna persona (con serios problemas de Salud Mental) “se casó” con la IA… 

Eso versus intentar hacer un trabajo, un análisis profundo de uno para conocerse, meterse con su historia, sus deseos, sus miedos, sus logros, sus dudas, su intimidad en un espacio de cuidado y respeto, con secreto profesional, a diferencia del gran riesgo que significa que los datos más personales de los sujetos puedan desparramarse sin límites. Llevar adelante un tratamiento psicoanalítico implica zambullirse en lo inconsciente a través de sueños, actos fallidos, asociaciones libres, olvidos, fantasías, represiones, etc. Es tener alrededor de 50 minutos para que en tu sesión -o después de ella- puedas reflexionar, tomarte una pausa en estos tiempos locos donde nada satisface del todo, donde se trabaja 14 horas por día y si no producís dinero no sos exitoso, donde de todo sos culpable, hasta si te enfermás. En cambio, el psicoanálisis habla de responsabilidad, de responder en conformidad a tu Deseo.

 En síntesis, “La IA me dijo” puede tomarse como una consulta más, y llevar ese material a la terapia en presencia de otro ser humano no es lo mismo que tomar al pie de la letra lo que te pueda responder un modelo generativo entrenado. 

Expertas/os consultadas/os:

  • Guadalupe Romero, Lic. en Psicología (UBA). Se desempeña en la atención clínica y forma parte del Equipo Técnico de la Defensoría Zonal de Niñas, Niños y Adolescentes, trabajando en la promoción y protección integral de derechos. IG @lic.psico.romero@gmail.com
  • Mercedes García Santillán, Psicóloga y Psicoanalista Vincular, con posgrado en psicoanálisis de pareja y familia (IUSAM). Vicepresidenta de la Comisión Directiva de AAPPG (Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo). IG @nuevas.huellas
  • Alejandro Viedma, Lic. en Psicología (UBA), Psicoanalista, Coordinador de grupos LGBTQ+, Supervisor de terapeutas y Escritor. IG @aleviedmapsi

 

 

Alejandro Viedma

Alejandro Viedma Licenciado en Psicología (UBA), psicoanalista, coordinador de grupos LGBTQ+, supervisor de terapeutas y escritor.