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Perimenopausia: sequedad vaginal, deseo sexual y cómo volver a disfrutar

Sequedad vaginal, cambios en el deseo y nuevas formas de vivir la intimidad: cómo impacta la perimenopausia en la sexualidad y qué recursos pueden acompañar esta etapa.


mujer de 40 años seductora

La perimenopausia no es el fin del deseo, sino que implica una nueva forma de abordarlo. - Créditos: Getty



A diario recibo mensajes de mujeres que sienten que ya no son las mismas que antes, que ya no se excitan y, detrás, lo primero que aparece es la culpa como como si el cuerpo estuviera fallando. Pero lo que veo no son cuerpos fallando: son cuerpos cambiando.

La perimenopausia trae modificaciones hormonales que impactan directamente en la sexualidad. Con la disminución de los estrógenos, las mucosas se vuelven más secas y puede impactar en los ojos, en la boca y también en la vagina, influyendo en la lubricación y provocando encuentros que ahora necesitan más tiempo y más preparación. Por eso, el famoso “rapidito” de funcionar como antes. No porque esté mal, sino porque el cuerpo pide otro ritmo, ahora con más estimulación, más contacto y presencia.

Siempre digo que el dolor no es algo que se tenga que soportar y, aunque muchas veces resulte frecuente, no es normal. Si duele hay que consultar. La ginecóloga es una aliada clave en esta etapa para evaluar opciones y acompañar el proceso.

Hay muchas más cosas que cambian, pero no se dice, como puede suceder con la forma de la vulva, los labios, el tejido y hasta el olor. Todo es parte natural del proceso hormonal: no es falta de higiene ni deterioro, es transformación.

Durante muchos años, cuando el deseo femenino cambiaba o disminuía, la mirada médica adjudicaba el cambio con categorías como “trastorno de deseo sexual hipoactivo” o “trastorno de excitación sexual femenina”, de acuerdo a distintos manuales diagnósticos como el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales). 

 

La baja del deseo o la dificultad en la respuesta sexual era leída automáticamente como un problema individual que había que corregir. Por eso, durante mucho tiempo, los síntomas vinculados a la menopausia (como la disminución del deseo o la sequedad) se interpreten rápidamente como disfunción, sin considerar el contexto hormonal y vital que estaba atravesando la mujer.

En la actualidad, ya no consideramos que el cuerpo tiene un problema, sino que está transitando una etapa. Por eso el lubricante deja de ser un accesorio y se convierte en una gran herramienta. Hay opciones con ácido hialurónico que ayudan a hidratar los tejidos, siempre eligiendo productos aprobados por ANMAT y específicos para el pH vulvar. Incluso muchas mujeres incorporan hidratación vulvar nocturna como parte de su rutina de autocuidado, casi como un skincare íntimo. El objetivo no apunta a “arreglar” nada, sino a acompañar los cambios naturales de nuestro cuerpo.

La sexualidad en la perimenopausia no se termina: cambia de ritmo. Y cuando ese ritmo es respetado, muchas veces aparece una forma de disfrute más consciente, más tranquila y, para muchas mujeres, incluso más profunda.

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