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 • HISTORICO

Eial Moldavsky, el comediante que conquistó las redes hablando de filosofía y ahora la rompe en Olga

Elial Moldavsky la rompe en las redes sociales con sus videos en donde habla de los mandatos sociales, estereotipos y problemas actuales desde la mirada de la filosofía. Charlamos con él y descubrimos cómo piensa y cómo ve a la sociedad este filósofo que lleva la comedia en la sangre.


Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa

Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa



Eial Moldavsky es, entre tantas otras cosas, filósofo y comediante. Mientras que su apellido seguro resuena, ya que es uno de los dos hijos del comediante Roberto Moldavsky, también logró construir su propio camino en el mundo del entretenimiento. Desde las redes hasta la radio, el teatro y el streaming ¿quién es este chico que nos enseña sobre las ideas de diferentes filósofos mientras limpia y ordena su casa?

Por muchos años tu papá fue comerciante en Once y, de repente, cambió su estilo de vida para dedicarse al humor. ¿Su historia te sirvió como un puntapié?

Sí. Con la vida de mi viejo, además, pasa algo como con todas esas historias que cuando las escuchás decís “qué lindo”, pero nunca terminás de creértelas. Querés creerlas y es lindo, pero nunca me imaginé que iba tener una experiencia tan directa de un cambio tal de la vida de alguien. Ya tomar la decisión de probar algo que te hace feliz es muy valioso... Te impulsa a un montón de cosas. Aparte, tanto a mi hermana como a mí nos agarra grandes. No es que pasó cuando tenía 9 o 10 años, sino que yo tenía 20 años y vi cómo –de un día para el otro– dejó de ir al Once y empezó a dedicarse a hacer humor. También siempre fue una persona realmente muy generosa y le gusta ayudarte a crecer junto con él.

En tu propio recorrido, ¿qué impacto tuvo la pandemia?

La pandemia lo que hizo fue enfrentarme a un profundo desempleo. A decir: “Todo lo que estaba haciendo no está más. Todo lo que pensaba que iba a decir, que era escribir o acercarme al mundo del guión, todo se detiene”. No estoy ni cerca de pertenecer al rubro de los más damnificados, pero sí me encontré con muchísimo tiempo y ahí aceleré mi compromiso con las redes sociales. Dije: “Bueno, lo voy a sostener con más profundidad”, y generó este impacto increíble.

Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa

Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa

¿La idea de los videos surgió de vos o te la ofrecieron?

Estábamos cenando con mi viejo y los chicos de la banda después de un show. Ahí empezó como esta cosa de “bueno..., cómo vamos a amortizar la filosofía, qué hacemos con la filosofía, estás terminado la carrera, no hay a dónde ir, no queda claro qué voy a hacer con todo esto en lo que invertí...”. Al otro día me levanté y dije: “Tengo que hacer algo”. Justo estaba leyendo La angustia, de Heidegger, porque tenía que rendir. La angustia tiene mucho de universal y creo que también me habían llegado unas facturas de Edenor y era domingo.

¿Y por qué creés que pegó tanto?

Creo que es una mezcla entre expectativa y realidad. Mi expectativa es que nadie salga diciendo “ahora sé lo que dice Heidegger sobre las cosas”. Sí creo y me ha pasado en muchas instancias de la filosofía de decir: “Bueno, acá hay gente increíble diciendo cosas increíbles sobre el mundo y sobre la vida. Esto debería ser mucho más universal y no tan lejano”.

No es fácil hacer reír a las personas y tu papá lo logra. Él más de una vez expresó que es una de sus mayores satisfacciones. ¿Te pasa algo similar con tus videos?

Hay una mezcla de las dos cosas. Para mí, en el teatro hay algo muy concreto de ver a la gente reírse y esa fuerza no está en las redes. Hace poco fui al festival “Bellamente”, hice un momento de filosofía y tuve una pequeña sensación de “acá están pasando cosas”. Y eso no hay ningún video que lo tenga porque, por más que se llene de likes y comentarios, la pantalla siempre tiene un algo de frialdad. Hay una distancia, algo de lo físico, hay algo de ver a la gente, ver los cuerpos, ver lo que les pasa en las caras cuando vos estás diciendo X cosa, que no te lo puede dar la red.

Un tema para tu nuevo video sería...

“La tesis” (risas). Voy a ser yo haciendo todo menos la tesis para recibirme. Doblando las sábanas, comiendo medialunas. 324 actividades que se pueden hacer antes de hacer la tesis. ¡Que bueno que soy procrastinando!

Expectativa versus realidad... ¿Cómo lo manejas?

Odio la expectativa. Para mí es lo peor que hay. Es la fuente de todas las destrucciones.

¿Vivís sin expectativas, entonces?

¡No! Yo vivo en una angustia total y en la tristeza absoluta de saber que nada va a salir como esperaba. Pero odio la generación de expectativas. Sobre todo cuando la expectativa tiene que ver con uno. Es una tarjeta para el fracaso.

Bueno, pero las redes sociales tienen mucho de eso...

Porque las redes son una narración de todo lo mejor, entonces la expectativa es total. En general, somos todos más normales, más parecidos a lo que ya sabemos. No existe esa fiesta a la que no te están invitando, donde la gente está de joda todo el día, pasándola bien, y sale a laburar 10 minutos por día y después va a dormir la siesta. Eso no estaría pasando, y si está pasando, prefiero creer que no está pasando, que no es que nadie me invitó.

Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa

Foto: Mariana Roveda. Producción: Manuel Aversa

Pasemos a “la nueva masculinidad” y a esa frase tuya que dice: “No seas trolo, man”. ¿Sentís una exigencia de tener que responder de determinada manera por ser hombre?

Sí. Los chabones, o al menos mi grupo de amigos, no es que somos los reyes de la deconstrucción. Pero sí me pasó que hace unos años yo estaba muy mal por una chica que me había roto el corazón y me costaba mucho hablarlo con mis amigos. Porque somos hombres y “qué hacés sufriendo, pedazo de cagón”. Me acuerdo de que una vez tuve una llamada con un amigo y le dije: “Escuchame, este tema me tiene muy mal, real, necesito que lo podamos hablar. Necesito que no me descanses cada vez que lo hablamos porque no lo estoy pudiendo resolver”. Y ahí empezamos los dos un proceso de ser más genuinos. Porque, en realidad y al final de cuentas, toda la cuestión de desnaturalizar y deconstruir encierra mucho humanismo. Uno a veces lo enmarca en categorías de la militancia y en realidad la búsqueda es ser gente un poco más piola, más copada, más amena, más sincera y menos cargado todo. La masculinidad puede ser una gran carga. Es inevitable la tristeza, el dolor, la emoción en los chabones. No hay ningún tipo que pueda decir que no le está pasando. Va más allá de los géneros, la tristeza es universal..., entonces la búsqueda es mucho más humana de lo que discursivamente suena.

¿Creciste bajo el mandato de “los nenes no lloran”?

No, no. En mi familia son todos muy divinos. Salvo el temita de ver poca tele, el resto, divino.

Hablando de masculinidad y estereotipos..., ¿qué sentís que pasa en el universo de las mujeres frente a esto?

Estamos todos operados porque la cultura como suelo, como piso, como lo que está bueno o malo, lo que es lindo o feo, eso está operando a todos. Podemos darlo todo en el intento de hacer un mundo más lindo, pero nadie puede decir que está exento del mundo en que vivimos. Con las mujeres, lo único que creo es que está un poco más instalado el debate entre ellas. Sin ser hegemónico, sin que el proceso haya terminado, ni que estén todas deconstruidas –yo no voy andar, obviamente, midiendo a ninguna mujer–, porque no es que el proceso de la lucha feminista o las discusiones que están dando las mujeres en el interior está terminado, pero por lo menos es una discusión planteada producto de la enorme violencia, que es muy categórica para plantear la discusión.

Entonces, ¿pensás que quizás en el universo masculino está faltando esa discusión?

Exacto. Estamos muy lejos de tener esa discusión. Creo que el gran mérito de las mujeres, además de los avances concretos que hay, más allá de las cosas terribles que siguen pasando de forma sistemática, es, por lo menos, tener la discusión. Es raro pensar que una mujer no esté sintiéndose interpelada. En cambio, en los chabones eso no pasa. Al revés, pareciera que todavía es casi un esfuerzo plantear las cosas.

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