Justo cuando parecía que todo se empezaba a acomodar tras el torbellino de la maternidad, a Caro Trippar la vida le dio la cachetada que menos esperaba: le diagnosticaron cáncer de mama con metástasis en el esternón. La youtuber y creadora de contenido —con más de dos millones de suscriptores— fue mamá de Milo hace un año y medio, y así como siempre mostró su intimidad sin filtro, desde el diagnóstico decidió que esta etapa no sería la excepción. Usar su micrófono para concientizar y crear el contenido que a ella le hubiese gustado encontrar es su mejor manera de transitarlo. Desde los estudios, la espera de resultados, el miedo y las lágrimas hasta la búsqueda desesperada de respuestas. En el mes de la Lucha contra el cáncer de mama, amplificamos su mensaje sobre la importancia de la detección temprana en una charla honesta, sensible y con la luz propia que irradia una mujer que, aun en los momentos duros, sabe encontrarle a todo su lado positivo.
Hace poco compartiste públicamente que te detectaron cáncer de mama. ¿Cómo estás? ¿Cómo te encontramos hoy?
Bien, ya arranqué con un tratamiento. Estoy bien, mentalmente mucho mejor. Creo que todo esto me afectó mucho mentalmente, más que físicamente. Es un diagnóstico que no me esperaba. Cuando fui a hacerme los chequeos, pensé que era otra cosa, pero poniéndole mucha onda.

¿Cómo fue que lo detectaste? ¿Lo confundiste con una mastitis?
Sí, tuve a Milo, hace un año y medio, pero le di la teta hasta el año. Dejar de darle la teta fue una decisión que ya había sido un montón, porque arranqué un trabajo, no podía sostenerlo y ya de por sí me daba mucha culpa. A las dos, tres semanas, empezaron como pinchazos en la teta, tenía la piel un poquito rara, como que los poros se veían raros, y me apareció una mancha roja. Y, obviamente, lo más importante es que me noté algo duro adentro de la teta. Lo primero que pensé fue: “Tengo mastitis”. O sea, ¡no puede ser cáncer de mama, tengo 35 años! Quiero mencionar los síntomas por si hay justo del otro lado alguien que está teniendo los mismos, que se los vaya a chequear... Tal vez no es nada, pero por las dudas hay que hacerlo, porque yo esperé... y me lo fui a hacer ver, me mandaron a hacer una ecografía y ya lo que vieron no les gustó. Entonces me derivaron a un mastólogo de urgencia. Ya cuando te dicen “mañana tenés que ver un mastólogo”... ¿Qué está pasando? Fui a verlo muy confiada, entré y le dije: “Hola, tengo mastitis, ¿no puede ser una calcificación de leche?”. Había entrado a Internet y había buscado todas las posibles cosas que te pueden pasar cuando dejás de dar la teta: “Tal vez hice mal el proceso de cortar”, porque fue bastante abrupto. Me hicieron todos los estudios, biopsia, y salió que tenía cáncer de mama y también en un ganglio en la axila.
Me imagino que al principio debe haber sido una montaña rusa de emociones. ¿Por qué etapas pasaste?
Negación absoluta. La espera desde que te hacen la biopsia hasta que te dan los resultados se hace eterna, porque son como dos semanas que estás con una incertidumbre de “tal vez tenés, tal vez no tenés”, y todo mi entorno me decía: “No te hagas la cabeza”. Y yo, que tengo niveles de ansiedad por el techo, estaba: “Ya sé que esto no pinta bien”. Mismo el médico cuando me vio, y la ecografista cuando me hizo la ecografía..., todo indicaba eso. Dicho esto, cuando me dieron el resultado, me acuerdo de que le dije: “¿Estás seguro de que no es una mastitis?”. Era negación absoluta. De hecho, de ahí me fui a trabajar porque no sabía ni cómo procesarlo. No caí. Y para mí trabajar era una desconexión de todo lo que estaba pasando, ir a fingir que no está pasando nada, porque real que ahí, por dos horas, como que no pasaba nada.
"Lo primero que pensé fue: “Tengo mastitis”. O sea, ¡no puede ser cáncer de mama, tengo 35 años!"
Caro Trippar
Después lo compartiste con tu comunidad. ¿Cómo fue tomar esa decisión?
Me costó un montón. Y eso que yo siempre fui un libro abierto. Cuando lo tuve a Milo filmaba todo y lo compartí de manera muy cruda como comparto todo. Cuando pasó todo esto, entre todos los estudios, fue un mes en el que vivía dentro de la Clínica Fleming: tomografía, resonancia, sangre, esto, lo otro. Al descubrir que lo tengo en el esternón, y además tengo tres en los ganglios, en la axila, y el de la teta, como ya tenía metástasis, me dijeron que no tenía cura, que lo voy a tener de por vida. En su momento pensé que me iba a morir, pero con el tiempo entendí que va a ser una enfermedad crónica que me voy a tener que chequear todos los años. Por lo menos hasta que salga una cura, porque con el cáncer de mama, que hay muchos, también están avanzando mucho los tratamientos. Yo tengo esperanza de que en diez años salga algo y que me puedan decir: “Ya está”. Pero cuando me dieron ese diagnóstico entré en crisis y necesitaba una distracción, y me agarré de grabar los videos. Por lo menos, sacar algo bueno: “Si me voy a morir, que esto valga la pena, si esto puede ayudar a alguien para que no le pase o, por lo menos, que si le pasa, que lo agarren a tiempo”. Una crisis existencial de: toda mi vida vengo grabando videos, tal vez es hacer algo que realmente importe, que tenga un impacto, para poder ayudar a otras mujeres a identificar síntomas que yo no había visto, que yo desconocía, y darle visibilidad para que les llegue a más mujeres.
¿Y con qué te encontraste cuando lo compartiste?
Con mucho apoyo, una red de contención que no solo era mi familia, sino un montón de mujeres que también pasaron por lo mismo. Yo me sentí muy sola cuando recibí el diagnóstico porque en mi familia nadie tuvo cáncer de mama y mis amigas tampoco. Nadie lo podía creer. Acudí mucho a las redes sociales para tratar de encontrar a alguien que tuviera el mismo cáncer que yo, lo más parecido, porque hay muchos cánceres de mama y ver cómo lo transitó, cómo fue todo el proceso.
¿Valió la pena exponerte?
Me hizo muy bien compartirlo. Me llegaron muchos mensajes de mujeres que tenían pausados los estudios que se tenían que hacer o chequeos y que lo pusieron como prioridad. O sea, sirvió. Con que una que justo tenía algo vaya al médico a tiempo porque vio un video y lo haya agarrado a tiempo, para mí ya está, valió la pena al 100%. Me sentí muy expuesta, sí, pero hace poco me crucé en la calle con una enfermera y me contó que su hija de 14 años había visto el video, que no sabía lo del cáncer de mama y que pudo tener esa charla, explicarle todo, y me dijo: “Creo que no sabés el impacto que tuvo que vos compartieras toda esta información”.
En tus videos “Los viernes de cáncer” mostrás todo muy crudo.
Estoy haciendo el contenido que a mí me hubiera gustado encontrar cuando me lo diagnosticaron. Había encontrado contenido, pero el típico “cuatro síntomas...”, todo muy superficial. Pero no mostrando lo que es ir ahí, hablar con el médico cuando te dan el diagnóstico, la espera de la biopsia, de tener el diagnóstico completo, porque en mi caso fue todo bastante rápido, pero igual es lento y todo eso te daña la psiquis.

¿De dónde sacás la fuerza?
De mi hijo. Soy una mamá cualquiera, pero real, de mi hijo. Que es gracioso, porque es el único que no entiende ni que tengo cáncer, para él soy mamá... Y podré tener cáncer y ser una paciente oncológica y estar menopáusica con 35 años..., pero primero soy mamá. Yo me levanto y da igual, estoy para él siempre, entonces me da energía. El médico me preguntó si estaba cansada y estoy cansada, sí, pero no sé si es porque estoy corriendo atrás de un nene de un año y medio que no para. Y me dijo: “Creo que no sentís todos los síntomas de las pastillas porque estás a mil maternando. Seguramente, si no tuvieras hijos y estuvieras tirada en un sillón, lo sentirías más”, pero mi cuerpo está siempre en constante movimiento, siempre atrás de él. Y ahora arrancó a caminar, nadie lo para, está todo el día “mamá, mamá”. Él es mi motor.
Compartiste mucho sobre tu maternidad, que te costó la lactancia, que te dolía un montón, ¿no tiene que ver con el cáncer? ¿Podría haberte pasado igual?
Me costó muchísimo la lactancia y no tiene nada que ver con el cáncer. Hay muchas mujeres a las que les duele la lactancia. El problema es que está el mensaje de que te la tenés que bancar, todas dan la teta, a todas les duele, “hay que poner el cuerpito, mamá”, “es lo mejor para tu bebé”. Pero, al mismo tiempo, tu hijo lo que quiere es que vos estés bien, porque es muy mental lo de la lactancia también, además de muy demandante, estar ahí disponible para tu bebé las 24 horas. Me pasó que me había agarrado resentimiento con mi marido, porque él podía irse de casa ocho horas si quería y yo no. Yo tenía que salir con las bolsas, el sacaleches, ver que tenga una heladera para poner la leche... Y a la noche también. Él dormía, pero si le daba mamadera, igual tenía que levantarme a sacar leche. La mujer pone un montón el cuerpo, no solo en el embarazo, sino en el posparto, es tremendo.
Hablando de maternidad, con la llegada de Milo y ahora a partir del diagnóstico, ¿cómo fue cambiando el vínculo con tu mamá?
Pasó de ser mi mamá a ser la abu Moni. Mi mamá es incondicional. Me tocó la mejor mamá del mundo, se lo digo todo el tiempo. Soy muy afortunada... Porque no solo me ayuda con Milo y está muy presente como abuela, sino que también está presente como madre. No me olvido más el día que nació Milo, todos vinieron a verlo a él y ella me vino a ver a mí. Quería conocer a su nieto, pero primero quería ver cómo estaba su hija. Y en su momento no lo entendía tanto y ahora lo entiendo, porque me pasa a mí con Milo. Es un amor muy incondicional el que tenés con tus hijos. Una de las cosas que más me había costado aceptar con el diagnóstico del cáncer era que esas puertas se me cerraron, pero después entendí que tengo que estar bien para el que tengo, no arriesgar todo por un posible futuro hermano...
Para poner en contexto, el tratamiento que estás haciendo te pone como en una menopausia.
Claro, mi cáncer es hormonal, tiene receptores de estrógeno, entonces me tuvieron que apagar todo lo que es hormonal. Todos los meses me doy una inyección y, además, tengo que tomar una medicación. 35 años y menopáusica. Estoy con los calores, a la noche me prendo fuego. Aire acondicionado en invierno. Me mandaron al gimnasio, todo lo que te dan cuando entrás en la menopausia, y, obviamente, un poco más intenso, porque fue de un día para otro.
Y antes tuviste que decidir si congelar óvulos o no.
Yo no congelé porque cuando me dieron el diagnóstico y vieron que se me había ido al esternón, quería arrancar el tratamiento lo antes posible, frenarlo cuanto antes. Lo hablé con mi marido, porque esto lo afecta a él también, a toda la familia. Y la que estaba en duda era yo. Todo mi entorno diciendo: “Ni lo pienses, arrancá ya con el tratamiento”. La verdad que cuando lo tuve a Milo, con todo lo del posparto, estaba determinada en que quería tener solo un hijo, porque no la pasé bien. Pero te olvidás y después te queda un niño tan hermoso que decís: “Quiero 15 más”. Él viene y yo sé que soy el amor de su vida. Y estaba en los planes tener otro, pero arrancó todo esto. Hubo que tomar la decisión y eso fue lo que más me afectó.
¿Y qué lugar tiene el miedo en todo este proceso?
Al principio tenía mucho miedo a morirme, mucho miedo. Sentía que me quedaban muchas cosas por hacer, que no podía dejar a Milo sin mamá, por más que sé que va a estar bien y que me iba a perder cosas de él.
¿Sigue presente ese miedo?
Ya estoy más confiada. Tengo mucha esperanza de que está avanzando tanto la medicina que tal vez más adelante salga algo. Estoy haciendo el tratamiento al pie de la letra y me puso en perspectiva que ahora mi tiempo es limitado. Cosas que decía: “Esto lo hago en tres años”. Y ahora, ¿a cuántos años estoy proyectando? Todo lo que no me suma lo quiero dejar, lo que me resta, lo dejo partir. Ver lo que realmente quiero hacer, qué es lo que me da placer. Me di cuenta de que a mí me encanta YouTube. Me da igual todo el resto, a mí me gusta todo lo creativo y grabar mis videos. Me divierto mucho y me encanta. Es un hobby que se volvió mi trabajo y ahora medio que se volvió a convertir en mi hobby.
"Estoy haciendo el contenido que a mí me hubiera gustado encontrar cuando me lo diagnosticaron"
Caro Trippar
Hace poquito dejaste el streaming que hacías en Telefe...
Eso me dio mucha lástima, igual, porque la verdad es que la pasaba muy bien. Pero me llevaba mucho tiempo, eran dos horas, el stream, pero eso es solo lo que ve la gente, eran cinco horas todos los días. Era en Martínez, perdía dos horas: una de ir, otra de volver, más todo el tiempo ahí. Y cuando me pasa esto, que en serio mi tiempo se convirtió en limitado, es: “¿En qué quiero gastarlo? ¿Lo quiero gastar yendo a Telefe y en volver y todo esto?”. Y la realidad es que prefiero estar más tiempo en casa con Milo, más tranquila. Valorás mucho más el tiempo y las cosas que te da placer hacer.
Hablabas del apoyo de tu familia, ¿qué consejo le darías a esa persona que acompaña y que por ahí no sabe cómo?
Uno de los temas por los que no quería que la gente lo supiera era porque sentía que me empezaban a tratar distinto y de repente todo giraba alrededor del cáncer. “¿Qué te dijo el oncólogo? ¿Cómo te fue hoy acá?”. Y al final estaba todo el día hablando del cáncer. Creo que podés preguntar si está bien preguntar. Y, por sobre todo, distraer y estar ahí. Yo sé que toda mi familia está para lo que necesite. Me di cuenta de que lo más importante, cuando te dicen que te vas a morir o vos creés que te vas a morir y que todo se termina, son los vínculos. La gente que te ama y que tenés alrededor. Del resto no te llevás nada. No te llevás el trabajo, no te llevás la plata, no te llevás las cosas materiales. Todas las cosas que te estresaron son boludeces. Te llevás los lindos recuerdos, la gente que te acompaña. Todo lo que quieras hacer, hacelo hoy porque no sabés mañana qué puede pasar. Y no porque te vayan a diagnosticar cáncer, las vueltas de la vida no las conocés. Si estás dudando en dejar la carrera porque no te suma, hacelo. Si no estás cómoda en donde estás, buscá la disconformidad y arriesgate. Porque después te terminás arrepintiendo de lo que no hiciste, no de lo que hiciste.
¿Vos qué hubieras hecho distinto?
Trabajar menos, tal vez. Yo trabajaba mucho. Le daba mucho peso al trabajo y a veces cancelaba cosas con mis amigas porque tenía que subir un video o tenía que grabar. No priorizaba los vínculos. Priorizá el tiempo de estar con tus amigas, de divertirte, de relajarte, esos recuerdos sí te quedan para siempre. A mí mi trabajo me divierte mucho, me da placer, pero hay que saber poner el corte por más que una lo disfrute. Todas mis amigas quieren construir carrera, ser mujeres empoderadas y querés que te vaya bien, pero hay que saber balancear. Es difícil irse de proyectos, de cosas que te funcionan o con las que estás cómoda. Pero hacelo.
¿Qué otro consejo le darías a alguien que está pasando por lo mismo que vos?
Que vaya a terapia. Algo tan sencillo como eso. Ir a terapia y poder sacar todos los miedos, todo lo que tenés en la cabeza, con alguien y que te lo acomode.
"Priorizá el tiempo de estar con tus amigas, de divertirte, de relajarte, esos recuerdos sí te quedan para siempre. A mí mi trabajo me divierte mucho, me da placer, pero hay que saber poner el corte"
Caro Trippar
¿Hay algo que estés haciendo para despejar la cabeza?
Tiempo para mí, que yo antes no tenía. No me lo hacía. Era trabajo, Milo, todo muy así, no había tiempo. Puede ser ir a una clase de cerámica o lo que sea, pero tener tiempo conmigo para desconectarme y volver a conectarme conmigo misma. Porque vengo de una maternidad que me descolocó. Te desconectás mucho en la maternidad y esa era una de mis grandes broncas, que justo había salido de ahí. Estaba empezando a trabajar de nuevo, estaba encontrando el tiempo de ir a comprarme ropa, volver a sentirme un poco más linda, que el cuerpo se me acomode, de priorizarme..., y ahora, cáncer.
Un cachetazo que creo que también fue así para tus seguidores. Porque una en redes ve una vida maravillosa, los viajes, la familia, y a veces se idealiza.
Viajé a Orlando y estaban todos como: “¡Qué mala madre, deja a su hijo!”. Era mi primer viaje después de muchos años, sola, cuatro días, que encima casi cancelo porque me enteré de que tenía cáncer unos días antes. Y Seba me decía: “Tenés que ir y aprovechar para descansar y procesar esto también estando sola”, porque con la vorágine de la familia es muy difícil encontrar tiempo siendo mamá. Tu tiempo sola es cuando todos se van a dormir. Y estaban todos criticando y yo del otro lado: “Tengo cáncer”.
¿Ahora te siguen tirando hate en redes?
Hay hate. Me toman de muy boluda, pero hay que estar en mi situación. Una de las cosas que me tomaron de boluda fue que, cuando conté que el médico me dijo que no tenía cura y que le pregunté cuántos años iba a vivir, él me dijo que no me podía decir, que es la realidad. Y en mi cabeza dije: “No me está queriendo decir porque no se anima”, porque para mí era cáncer + metástasis = me voy a morir. No había otra. Mi abuelo tuvo cáncer con metástasis y se murió, entonces para mí A + B es C. Y le tiré todos mis estudios a ChatGPT, desde el primero hasta el último, no es algo de lo que estoy orgullosa, pero estaba desesperada por respuestas. Y, además, tengo un hijo: ¿de cuánto estamos hablando? ¿Me queda un año? ¿Me quedan meses?, ¿Me quedan diez años? Y entré en una espiral que de ahí no me sacaba nadie. Y hace poco subí ese video.
¿Y te criticaron por eso?
Es que, bueno, soy una boluda, ¡cómo le voy a preguntar a ChatGPT! Y te juro que lo entiendo, pero fue un manotazo de ahogado, un grito en serio, desesperado. Después dije: “Chicos, no”, hablando con el oncólogo, con el tiempo entendí. Pero yo quería mostrar todo para que entiendan todo lo que fue mi proceso mental también, porque ahora me ves acá sentada, nadie se dio cuenta, pero estuve en una de verdad.
¿Hay algo que ya puedas encontrarle de positivo a esto que estás pasando?
Sí, me hizo priorizar mucho la salud, los vínculos, poner un montón de cosas en su lugar: decir no a cosas que no quiero hacer, decir sí a cosas que sí quiero hacer, entender qué es lo que me da felicidad, qué no, qué cosas estaba haciendo en piloto automático y en qué cosas tengo más ganas de poner mi tiempo. Justo me robaron el teléfono a los tres días de que me dijeron que no tenía cura. Y yo estaba en un: “No entiendo la vida, por qué me está pasando todo esto”. Encima, la persona que me lo roba era una enfermera, poesía pura. Si esto hubiera pasado y no me hubieran recién dado el diagnóstico del cáncer, me hubiera quedado semanas diciendo: “Ay, me robaron”... Y ahora es como: “Mamita, no te llevás nada. Tenés la plata, comprate el teléfono, no pierdas tiempo”. No te enrosques en cosas que no te tenés que enroscar, yo era muy de enroscarme. Y vivir, por sobre todo, más el presente. Estar más tiempo en familia. Eso ahora es mi top 1 de prioridades: disfrutar a la familia.
Candela Blanco Colaboradora de lifestyle en OHLALÁ!, escribe sobre viajes, gastronomía, arte, cultura y más. Actual productora del streaming OHLALAND!, le apasiona comunicar y el mundo digital. Es periodista, community manager y creadora de contenido.



