Mundial Qatar: cómo manejar las emociones de los chicos en los partidos

Te acercamos herramientas para que puedas dialogar en familia sobre lo que nos despierta el Mundial: ansiedad, nervios, ilusiones, frustración… de todo eso podemos aprender.


Mundial Qatar: puede ser una oportunidad para dialogar con nuestros hijos.

Mundial Qatar: puede ser una oportunidad para dialogar con nuestros hijos. - Créditos: Getty



Estamos en pleno Mundial Qatar 2022 y los partidos nos generan emociones potentes. Y a nuestros chicos, por supuesto, también. Existen muchos motivos por los que racionalmente podemos decirnos que no deberíamos ponernos ansiosos o tensos por un partido, por el resultado de un marcador, etc. Pero hay algo que no podemos evitar y es sentir. Y es saludable.

La experta en crianzas Carolina Muñoz Agopian, fundadora de experiencias canguro, nos habla de este tema y nos ofrece algunas estrategias para ayudarnos en esto del manejo de emociones frente a los partidos.

Reconoce que aparecen ansiedad, nervios, tener ilusiones, expectativas puestas en un juego, una competencia y sostiene que son emociones que muchas veces no sabemos cómo manejar. Según propone, de una mirada de adultos, podríamos acompañar a los chicos, contener y reforzar con ellos habilidades de gestión emocional, comprensión, tolerancia de la frustración. “Pueden ser momentos de compartir con ellos, tanto los logros como las desilusiones”, dice.

Carolina habla de poder mirar que un equipo no es una estrella que hace magia, que se trata de un trabajo colaborativo y participativo funcionando de manera integral. “El Mundial puede ser una oportunidad para aprender que el mejor plan para conseguir el resultado anhelado es el esfuerzo, la planificación, prepararse y que, en definitiva, tanto en el  fútbol como en la escuela o en los trabajos se trata de sinergia y un poco de suerte”, dice.

La experta suma que la ansiedad, los nervios y todas las emociones que nos despiertan los partidos de Argentina en el Mundial –este sábado nuestra selección juega con México-, pueden ser una gran oportunidad para tomarlas como recurso. “No es necesario reprimirlas: si nos animamos a hablar de ellas podremos encontrarnos con un diálogo fundamental y muy valioso con nuestros hijos”.

¿Qué podría hacer la próxima vez si las cosas no salen como esperaba? Y, si sale todo como espero, ¿qué pasó para que así sea? ¿En qué otro escenario podría servirme de inspiración? Carolina lanza estos interrogantes que son, al mismo tiempo, herramientas que podemos usar en nuestras familias.

“Todos queremos ganar y a nadie le gusta perder. No hay nada de malo en eso. Pero, muchas veces, para aprender a ganar es necesario también aprender a perder. Y aprender a perder nos habilita para hablar de lo que sentimos y lidiar con la frustración”, dice. Hace hincapié en que es importante aprender a sobreponerse, a poder mirarse a uno mismo y ver en qué mejorar para la próxima vez, aprender a volver a intentarlo una vez más. Aprender de resiliencia. Aprender es, también, ganar el partido.

En este punto se detiene y habla de que en este proceso la humildad es una gran compañera. “Quizás una de las mayores virtudes de nuestro capitán, Leo Messi, sea esa, la humildad. Humildad en su trayectoria y en la manera en la que comparte y brinda posibilidades a los demás miembros de su equipo. Humildad en su forma de comportarse dentro y fuera de la cancha.  No es algo menor de ser resaltado y es una virtud que en el mundo y en la vida es de las más valiosas”.

La pasión, comprometernos emocionalmente con lo que hacemos, de lo que participamos es sano y enriquecedor. Está en la esencia de nuestra naturaleza y todo lo que nos llene de sentido, profundo y sano, es bienvenido. “¿Acaso está mal que mi hijo/a llore desconsolado/a por un resultado? Claro que no. Bienvenido sea, es una gran oportunidad para acompañarlo a que aprenda a gestionar sus emociones”, insiste Carolina.

¿Ganar o perder? La invitación es a querer construir en conjunto, con pasión y disfrute, a generar momentos compartidos memorables, a poder abrir el diálogo de qué hacemos con lo que sentimos y, ni más ni menos, estar presentes en la vida de nuestros hijos.

Experta consultada: Caro Muñoz Agopian, IG: @expcanguro
 

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