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El caníbal de la fiesta: la novela de Joaquín Gallardo entre psicoanálisis, deseo y transformación

El caníbal de la fiesta, de Joaquín Gallardo, es una novela que explora el deseo, la identidad y los vínculos desde una mirada atravesada por el psicoanálisis, con la influencia clave de su maestro, el escritor Luis Mey.


El caníbal de la fiesta: la novela de Joaquín Gallardo entre psicoanálisis, deseo y transformación

El caníbal de la fiesta: la novela de Joaquín Gallardo entre psicoanálisis, deseo y transformación - Créditos: Gentileza



Joaquín Gallardo es psicoanalista, además de escritor, y se nota. En su novela El caníbal de la fiesta (azul francia) y en la entrevista sobre su libro. Palabras cuidadas, justas, pulidas. 

El autor nació en Neuquén y se vino a Buenos Aires a estudiar y a desarrollar su vida profesional y creativa. Esta, su primera novela, surgió de un viaje a su tierra. Allí, de vacaciones en su lugar de infancia, empezó a delinear esta historia dramática y adictiva en la que hay amor, goce, amistad y muerte.

En su escritura hay talento, sí; intuición; pero también formación y trabajo. Joaquín hoy estudia la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Aunque fue su maestro el escritor Luis Mey quien —dice— le cambió la vida. “Me re enseñó a leer”, dice. Leer a los clásicos que no había leído, pero, por sobre todo, aprender a leer con otra mirada. Esa que lo convertiría en escritor.

Joaquín —que tiene 32 años— escribió, además de El caníbal de la fiesta, cuentos que fueron publicados en antologías en Argentina y Colombia, y en Fantiction, volumen I (Ojo de Loca, 2025).

 

La contratapa de esta novela que leímos y nos convoca sintetiza así de qué trata: “Tras la muerte de su madre enferma, Julián vacía la habitación y encuentra una camisa que desencadena una transición: no a una mujer, sino a su propia madre. Al mismo tiempo, escribe la tesis de Antropología sobre el trato a la homosexualidad en las diferentes culturas. Las visitas de su padre se vuelven cada vez más hostiles y Julián descubre que, junto a su mejor amigo, le esconden un secreto. Mientras tanto, el aniversario de sus abuelos se acerca y Julián anhela presentarse desde un lugar nuevo, uno que solo él conoce”.

Luis Mey destaca “el sentido del humor exquisito y el dolor que nos encuentra cada vez que queremos relajarnos”. Y también advierte, respecto de lo atrapante de un libro que se lee velozmente y luego se extraña: “Una mirada inolvidable, un libro que se presta y no vuelve”.

Joaquín Gallardo junto a su maestro, el escritor Luis Mey.

Joaquín Gallardo junto a su maestro, el escritor Luis Mey.  - Créditos: Gentileza

—¿Cómo se cruzan en vos el psicoanálisis y la literatura, tanto a la hora de escribir como de leer ficción?

—Mi formación en psicoanálisis me dio herramientas para interpretar y abordar la literatura; muchas veces me ha llevado a escribir análisis psicoanalíticos sobre lo que voy leyendo. En relación con la escritura de mis cuentos y novelas, creo que el psicoanálisis me ayuda en la construcción de los personajes, en las capas que cada uno de ellos tiene. Busco que mis personajes estén muy diferenciados unos de otros, que estén atravesados por deseos, conflictos y contradicciones como cualquier neurótico.

—¿Nos contás el origen de la historia de El caníbal de la fiesta? ¿Qué te inspiró en un inicio y cómo se fue desarrollando?

—Empecé a escribir El caníbal de la fiesta en enero de 2021, de vacaciones en Neuquén, donde nací. Los personajes de Julián y su padre los tenía muy claros: sabía cómo se veían y sus formas de ser. También tenía notas de algunas escenas: el velatorio, las gamas de la transición y cierta escena final entre Julián y su padre. El trabajo fue ir entretejiéndolas. Cuando volví de ese viaje, en un encuentro con Luis Mey, le conté sobre lo que estaba escribiendo y cuál era el final que había elegido. Me dijo que esa escena tenía que ir mucho antes. Volví a casa, la moví, reestructuré la trama y fue necesario escribir un nuevo final. Confieso que hubo dos escenas que me costó mucho escribir; fue muy difícil.

—¿Cómo trabajaste el tema de la transexualidad, si es que lo hiciste, antes de escribir esta novela? ¿Intentaste un verosímil? ¿Qué rol juega esa camisa de la madre de Julián?

—Para el momento de escritura de esta novela, llevaba años de investigación. En 2016 escribí mi tesis de licenciatura en Psicología y elegí la transexualidad como tema; específicamente, critiqué un postulado de Lacan en el que da a entender que cualquier sujeto transexual es psicótico, lo cual me parece disparatado e incorrecto. La escritura de mi tesis apuntó a refutar la cita de Lacan.

El caníbal de la fiesta llevaba un tiempo gestándose en mi cuaderno de notas, pero necesitaba ubicar cuál era el desencadenante y el fundamento orgánico de la transición en Julián. La escena de la camisa, que abre este proceso, es una escena que dialoga con la película La chica danesa, de Tom Hooper, en la que Einar Wegener inicia su transición a partir de vestirse de mujer para que su esposa lo pinte.

 

—¿Qué concepciones de familia propone la novela?

—Es una pregunta interesante y compleja. Diría que son distintos los lazos que Julián construye con su madre y su abuela de los que su padre construye con esa misma familia. Si bien Julián es el narrador, la novela gira alrededor de la patología de su padre.

—¿Qué te interesó mostrar respecto de la amistad, que me resultó nodal en la historia?

—En principio, me gustaría aclarar que Joni es mi personaje favorito; hay algo de su forma etérea de habitar la vida y su sentido del humor que me gusta mucho. El destino que sufrió me costó escribirlo, pero era algo necesario. A fines de 2020, un pibe de veintitrés años que se prostituía fue asesinado por dos hombres en un hotel de Retiro. Eso me impactó muchísimo y quise introducirlo en El caníbal de la fiesta; quería darle visibilidad a algo tan terrible. El lugar que Joni tiene en la novela es ponerle una capa de ligereza y cariño a un trasfondo de amargura: peso y contrapeso, como me enseñó mi maestro.

—¿Cómo se trama en el libro la tesis académica con la vida de Julián? ¿Por qué te interesó ese cruce?

—La tesis, la lectura y el estudio hacen al personaje de Julián. Él es un ratón de biblioteca, nada cómodo entre libros. El caníbal de la fiesta, por su lado, trata de finales, pérdidas y duelos. La transformación de Julián abarca varias dimensiones: de hijo a huérfano, de hombre a mujer, de estudiante a graduado. La tesis es un recorrido histórico del lugar de la homosexualidad en las culturas y el recorrido de la novela va mostrando distintos matices de la homosexualidad en nuestra época; no todos, claro.

—¿Qué aprendiste trabajando con Luis Mey, a quien mencionás como tu gran maestro de escritura?

—Me gusta esta pregunta. En primer lugar, Luis me re enseñó a leer. A medida que fue dándome clases y nos hicimos amigos, me compartió los grandes autores de su biblioteca, a quienes yo no conocía: Fante, Carver, Cheever, Marguerite Duras, Eugenides, Alejandro López, Nabokov, y podría seguir en una lista inmensa porque leí toda su biblioteca. Luis me enseñó a leerlos con atención: cómo escribían, cuáles eran sus trucos, dónde estaban los giros narrativos. Después me tomaba exámenes de lo que leía, sobre todo de Pedro Páramo. Hubo una época en la que no parábamos de tomar vino y hablar de ese libro.

En simultáneo, con su generosidad infinita, fue enseñándome a escribir. En principio, a editar. Me afiló la mirada para saber ubicar qué está de más en un texto y eliminarlo. Me enseñó a “pintar la aldea”, que el escenario y el tiempo son personajes que interactúan con la trama. También insistió en que narrara lo importante, que abandonara los textos que yo creía que “debía” escribir y que fuera una escritura más honesta. Mientras tanto, me ayudó a pulir mi estilo. Luis es muy exigente y el tiempo que trabajamos juntos lo aproveché para intentar sorprenderlo con los giros narrativos. Cada vez que eso ocurría, para mí era un logro. Estoy muy agradecido con él; sin dudas, me cambió la vida.

—Vi en una entrevista que te interesó mucho el libro de Alejandra Kohan, Y sin embargo, el amor. ¿Creés que hay algo de habitar la diferencia con un otro que los personajes de tu novela no terminan de abrazar? ¿Qué concepción de amor sobrevuela tu novela?

—El libro de Alejandra me parece maravilloso, actual y súper enriquecedor. Ella propone que amar al otro es amarlo con su falta y con la diferencia. Es una propuesta en contra de la corriente capitalista de la época, donde los discursos que circulan nos dicen que, cuando aparece la falta del otro o algo no nos gusta, descartemos. Estamos en una época de consumo de personas; atrás quedó el amor.

En El caníbal de la fiesta, la diferencia es castigada, es sancionada. No hay una mirada amorosa al otro; hay juicios que anulan. Creo que los lazos que se desarrollan son de goce, no amorosos. Podría explicar cuál es la diferencia entre ambas modalidades, pero mejor en otra oportunidad.

—¿Hay algo que no pregunté y te gustaría comentar?

—Aprovecho para agradecerle a Mayra Andrade y su agencia Relámpago, que se está encargando de la difusión de la novela y está haciendo un trabajo maravilloso.

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