
Un álbum familiar que se transforma en obra de arte, un fotolibro para emocionarse
La fotógrafa venezolano-coreana Suwon Lee rescata las imágenes de sus abuelos para crear un fotolibro que entrelaza memoria, migración e identidad.
28 de noviembre de 2025

Retrato de Suwon Lee - Créditos: Gentileza
Cuando Suwon Lee regresó a Corea en 2018, no esperaba que unos viejos álbumes familiares cambiaran su manera de ver la historia de su propia familia —y de ella misma— para siempre. Lee encontró un tesoro: nada menos que antiguos álbumes de fotos de su abuelo y su abuela, tomadas a lo largo de más de cinco décadas, donde queda en evidencia la historia familiar, la migración de Venezuela a Corea, de amores, pérdidas y resiliencia.
De esos álbumes surgió Mr & Mrs, un libro editado por RM y Goma Editora, que no solo conserva las imágenes sino que las reinterpreta: fotografiadas nuevamente, respetando cada pliegue, desgaste y marca. Cuenta con un formato reversible, tipografías distintas para cada abuelo y un texto que dialoga con las imágenes. Con la mano del historiador Horacio Fernández, especialista en fotolibro, esta obra tiene una mirada que lleva a un viaje íntimo, melancólico y profundamente humano.
Seleccionado como finalista del Premio Internacional FELIFA 2025 al mejor fotolibro, Mr & Mrs no solo invita a descubrir la historia de una familia, sino a explorar la propia memoria y las conexiones invisibles que nos unen a nuestros antepasados. Así Suwon Lee conversó con Ohlalá desde España, donde vive actualmente.

Fotolibro Mr & mrs (coeditados por RM y Goma Editora) - Créditos: Gentileza de Luis Marino Ciguenza
- Mr & Mrs surge de un hallazgo íntimo y fortuito: los álbumes de tus abuelos. ¿En qué momento de tu vida se produjo esto y cómo fue el proceso en que comprendiste que ese archivo familiar podía transformarse en una obra artística y no solo en un recuerdo personal?
-Me mudé de vuelta a Corea en 2018, después de haber dejado Venezuela en 2016 y tras una breve estancia en Panamá. Fue un período de quiebre en mi vida. Aunque ya había vivido en Seúl durante los noventa para estudiar en la universidad, esta vez regresaba a la casa paterna, junto a mi familia, en un momento de grandes cambios personales.
Al llegar, descubrí en una esquina varias torres de álbumes familiares de mi padre. Los abrí uno a uno, y al verlos todos de principio a fin quedé profundamente conmovida. Me impresionó no solo la cantidad de fotografías, sino también su antigüedad y la continuidad temporal que revelaban: era como ver la vida de mi familia pasar ante mis ojos, como en una película. Supe en ese mismo instante que debía hacer algo con ese material tan valioso, era como descubrir un tesoro, aunque aún no sabía qué forma artística adoptaría.
-En el libro, la memoria se materializa: aparecen las huellas del tiempo, el desgaste del papel y las texturas. No escaneaste las fotos sino que las fotografiaste. ¿Qué significado tiene para vos conservar esas marcas físicas frente a la inmaterialidad de la imagen digital contemporánea?
-Ese desgaste, esos pliegues, marcas y roturas en las fotografías contienen una gran belleza. Son testimonio del paso del tiempo, de un recorrido: de que varias manos las tocaron, varios ojos las miraron, de que sobrevivieron al olvido y al deterioro. Son frágiles y, al mismo tiempo, resistentes. Hablan de otro momento, de otra tecnología y también de otro tipo de conciencia. Hay algo profundamente conmovedor en eso. Las imágenes de hoy, en cambio, son intangibles; permanecen en una dimensión abstracta, aunque formen parte de nuestra memoria. Es curioso pensar en cómo han cambiado las fotografías: aquellas que imprimíamos y llevábamos con nosotros a lo largo de la vida, frente a las que ahora solo habitan en nuestros dispositivos digitales. También ha cambiado la manera en que nuestra mente las procesa y las recuerda: antes las fotos físicas se anclaban en la memoria a través del tacto, el olor y la repetición de mirarlas, mientras que las digitales se deslizan con rapidez por nuestras pantallas, dejando huellas más fugaces.

Mr & Mrs.,coeditado por RM y Goma Editora - Créditos: Gentileza Goma Editora
-Tu proyecto entrelaza memoria, migración e identidad. ¿Qué lugar ocupa la nostalgia en esa búsqueda? ¿Sentís que la fotografía puede ser también una forma de reparación o reconciliación con el pasado?
-Para mí, descubrir este archivo fue como abrir la puerta a un universo desconocido, lleno de rostros y nombres que hasta entonces no tenían lugar en mi memoria: mi tatarabuela, los hermanos de mi bisabuelo, toda una generación que de repente se hacía presente ante mí. Parientes, amigos y una Corea que me era ajena comenzaron a formar parte de mi imaginario gracias a esas imágenes.
Los álbumes reúnen fotografías que van desde los años treinta hasta los ochenta, cuando mi padre enviaba a mis abuelos fotos de mi hermano y de mí creciendo en Venezuela. En ellos hay un recorrido de más de cincuenta años y un sinfín de historias. Al contemplarlas, sentí que empezaba a armar un rompecabezas que desconocía, una historia familiar que me incluye y que, al mismo tiempo, me reconcilia con mis raíces y con la distancia. La nostalgia en este proceso no es solo melancolía, sino también una forma de reparación: mirar hacia atrás con ternura y comprender de dónde vengo para poder seguir adelante.
-Trabajaste con Horacio Fernández, referente y figura clave en la historia del fotolibro. ¿Qué aprendizajes te dejó ese diálogo entre tu mirada personal y su texto con la carga de su experiencia como historiador y curador?
-Trabajar con Horacio fue un verdadero regalo. Lo conocí hace muchos años, cuando vino a Caracas a dar una charla, y volvimos a encontrarnos en Madrid en 2020, cuando me mudé y me inscribí en un máster de fotografía en el que él impartía clases. La asignatura: historia del fotolibro. Justamente en esa clase nos pidió crear la maqueta de un fotolibro, y de ahí surgió la primera idea de Mr & Mrs. Escucharlo hablar sobre fotolibros era un placer: es un tema que lo apasiona profundamente, que conoce a fondo y que transmite con una enorme generosidad. Admiro su sensibilidad y su comprensión del formato. Al mostrarle mi maqueta, me dijo que entre los distintos géneros del fotolibro existía el del álbum familiar, pero que no había visto uno como el mío. Entonces pensé que, si no existía, había que hacerlo. Le pedí que colaborara en la edición del libro, pero me respondió que el libro ya estaba hecho y que lo que podía aportar era un texto que acompañara las imágenes. Así nació nuestra colaboración. Decidimos que su texto se basaría en la historia de mis abuelos, contada por mí. Nos reunimos varias veces, y Horacio comprendió con gran precisión cómo debía dialogar el texto con las imágenes: que cada frase tuviera el peso de una imagen y que el conjunto fluyera con ritmo, pausas y giros poéticos. El resultado fue magistral. Aprendí de él el poder de la síntesis, la importancia del ritmo narrativo y la fuerza de las palabras cuando se usan con la misma economía y precisión que una imagen.

Mr & Mrs.,coeditado por RM y Goma Editora - Créditos: Gentileza
- El diseño del libro es un capítulo aparte —su formato reversible, el estuche, la tipografía— parece funcionar como una extensión del relato. ¿Cómo se desarrolló la concreción en el formato definitivo y qué te interesaba transmitir con esa estructura física y simbólica del objeto-libro?
-El diseño del libro, con su formato reversible, el estuche y las tipografías, fue el resultado de un proceso largo y muy reflexivo. Surgió después de haber realizado dos maquetas iniciales que envié a varios concursos. La primera consistía en dos libros dentro de un estuche, y aunque llegó a ser finalista, no ganó, en parte porque el jurado comentó que su producción sería demasiado costosa. En la segunda maqueta decidí eliminar el estuche y unir ambos libros en uno solo. También quedó finalista, pero sobre todo me permitió descubrir algo esencial: al unir las dos historias en un solo cuerpo estaba, simbólicamente, uniendo a mis abuelos en un mismo ser. Esa decisión tenía mucho sentido, ya que vivieron prácticamente toda la vida juntos, desde la adolescencia hasta la muerte de mi abuela en 2017. Me interesaba confrontarlos y, al mismo tiempo, hacerlos dialogar, como dos caras de una misma moneda, como el yin y el yang. El formato reversible permite dos maneras de entrar en la historia de esta pareja: desde su lado o desde el de ella, y ambos caminos se encuentran en el centro del libro, justo donde aparece la única fotografía de ellos juntos. El diseñador Jaime Narváez tuvo la brillante idea de usar distintas tipografías para cada uno: una sin serifa para él y otra con serifa para ella, una sutileza que sugiere sus personalidades opuestas. Ella, más expresiva, compleja y ornamentada; él, más sobrio y seco, de ahí el “palo seco”. Todo el objeto libro se convierte así en una metáfora de su relación, una unión de contrastes que, al encontrarse, genera equilibrio y sentido.
-Tus abuelos, protagonistas del libro, también fueron autores de muchas de las fotografías. ¿Cómo fue el proceso de selección y que sentimientos te generó descubrirlos como narradores visuales?
-Mi abuelo era un gran aficionado a la fotografía. En su casa siempre había una cámara, y fue él quien tomó muchos de los retratos familiares. Mi abuela, en cambio, no hacía fotos, pero adoraba retratarse y ser fotografiada dondequiera que iba, además de registrar su casa y su entorno cotidiano. Gracias a ambos no solo existen estas imágenes, sino que también se conservaron durante décadas.
Me resulta fascinante descubrirlos como narradores visuales y sentirme unida a ellos a través de la fotografía, especialmente porque en vida no tuvimos una relación fácil ni muy cercana. Al mirar sus imágenes, me conmueve ver la coquetería y vitalidad de mi abuela, y reconocer el ojo sensible de mi abuelo. Ambos, cada uno a su manera, entendían el poder de la imagen como una forma de afirmación y de memoria.
En cuanto a la relación entre la historia de mi familia y la diáspora venezolana o coreana, creo que ninguna historia está aislada. Cada una es el resultado de muchas otras, y todas, de algún modo, están conectadas. En Mr & Mrs esa conexión se hace visible: las migraciones, las distancias, los reencuentros y las pérdidas familiares se entrelazan con las de tantas otras personas que buscan, a través de la memoria, entender su propio lugar en el mundo.
-El libro es una coedición entre RM y Goma Editora, ¿cómo fue ese proceso y cómo influyó cada editora en el desarrollo de esta obra?
-RM tuvo un rol clave a nivel de producción. Cuando me reuní con Ramón Reverté, su editor en jefe, decidimos retomar la idea del estuche, y fue él quien me sugirió la imprenta con la que finalmente trabajamos. Esa decisión determinó el diseño final, con las solapas donde pudimos incluir el colofón y la información técnica del libro. Con Goma Editora, en cambio, el acompañamiento fue más cercano y constante desde el inicio. María Antonia Rodríguez me apoyó en cada decisión, analizándola conmigo para encontrar siempre la mejor opción. RM aporta su larga trayectoria, experiencia y una red internacional de distribución muy consolidada. Goma, aunque es una editorial joven, está haciendo una labor admirable de difusión en redes y presencia en ferias de fotolibros en América Latina y Estados Unidos, en lugares como Argentina, Perú y Nueva York. Ambas editoriales se complementaron de forma perfecta: una aportando estructura y alcance, la otra cercanía, entusiasmo y cuidado artesanal.
- ¿Qué esperás que cada lector encuentre en Mr & Mrs cuando abra el libro? ¿Qué tipo de emoción o reflexión te gustaría despertar? En mi caso, me generó mucha emoción, también tristeza por esas vidas duras llenas de resignación y también mucha ternura. Al día siguiente me puse a buscar fotos de mis abuelas y a charlar con mi madre sobre su mamá y abuela.
-El formato libro me encanta porque tiene su propio recorrido, distinto al de una obra de arte que solo circula en galerías o museos. Mr & Mrs es, sin duda, una historia triste, pero también profundamente humana. Puede despertar melancolía, ternura o incluso incomodidad, y todas esas emociones me parecen valiosas. Tu reacción es, de hecho, exactamente la que espero: que el libro mueva algo íntimo, que invite a mirar hacia adentro, a buscar fotos familiares o a conversar con los propios padres o abuelos. Me gustaría que Mr & Mrs genere en cada lector esa curiosidad por su propia historia, por la memoria de sus ancestros y por los lazos invisibles que nos unen más allá del tiempo.
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