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 • Historias

De abogada a artista plástica: un camino que la ayudó a salir del cáncer

Cynthia Miguel siempre se conectó con el arte, pero decidió dedicarse a la abogacía y lo hizo con éxito. Hacía tiempo que necesitaba un cambio y su cuerpo "se adelantó" a su cabeza. “Me enfermé de cáncer", revela. Y cuenta cómo cambió su vida desde entonces. En estos días, expone en una galería de arte de la ciudad de Buenos Aires.




Cynthia Miguel, cuando tuvo que decidir qué estudiar, a los 17 años, estaba entre Bellas Artes y Abogacía. Se inclinó por esta última carrera. Durante años ejerció, se movía con “comodidad” y hasta en forma muy “exitosa”. Pero un día todo cambió.  

En realidad, su cambio interno ya se venía produciendo. “¿Cuándo dejé de ser abogada? Cuando empecé a describirme a mí misma como “artista plástica”, responde Cynthia, justo el día que inaugura en la ciudad de Buenos Aires su muestra “Festival”, que incluye 26 cuadros creados a partir de la vuelta a la tierra y sus materiales, como barro y yeso, con imágenes logradas a partir de elementos naturales, entre ellos, limón y té. 

“Conquistar este espacio no fue un recorrido fácil e implicó renuncias muy concretas. Si pienso en las más evidentes: soltar una relativa estabilidad económica, dejar de buscar la “validación” en la mirada ajena”, dice a OHLALÁ! “Pero, para mí, cuando pude ser absolutamente sincera conmigo misma, cuando pude conectarme con mi ser más esencial, mis fibras más auténticas, la decisión de comprometerme finalmente con mi quehacer artístico fue, simplemente, la única alternativa”. 

 

Cynthia cuenta que dibujar, pintar y modelar es algo a lo que se dedicó desde su infancia. “Hablo de dedicación, porque, en mi caso, esas actividades nunca fueron un juego más, ni una forma de entretenimiento. Criada en el Taller de Cerámica de mi mamá, lejos de distraerme, siendo muy niña, me sumergía en mis dibujos, témperas y acuarelas, con absoluta seriedad”, rememora. “Eran los momentos en los que más conexión sentía conmigo misma, dialogaba con esos dibujos, inventaba historias. Podía pasar horas, dibujando, mezclando barbotina para las alumnas del Taller, sumamente concentrada, y aparentemente ausente del mundo, pero mi conexión interna era más fuerte que en ningún otro momento del día”. 

Sin embargo, en lugar de arte decidió estudiar formalmente una carrera “Humanista”. “El estudio del Derecho me resultó interesante, sobre todo la formación en filosofía, pensamiento científico e Historia de las Ideas. La construcción de los distintos sistemas jurídicos, tan ligada a la sociología, el pensamiento y la historia de los pueblos, la pregunta por los fundamentos del ser, el libre albedrío, la construcción de un sistema que regulara nuestra convivencia, la disidencia entre los grandes pensadores en relación a la naturaleza misma de los seres humanos, los que sostenían su absoluta inocencia, su llamado natural a socializar y vivir en comunidad y los que lo concebían como un ser dotado de enorme maldad y egoísmo, que necesariamente debía ser “controlado” para poder sustentar la existencia misma de las naciones como hoy las concebimos”.  

 

La artista se detiene en lo que considera la eterna pregunta por el ser, el devenir, la razón de nuestra existencia, el sentido de nuestro paso por este mundo, el llamado a trascender. “Paradójicamente, esas preguntas, siguen siendo las que hoy sostienen mi quehacer artístico. Cuando trabajo, lo hago desde mi necesidad interior, desde un lugar intuitivo. Permito que mi obra transcurra en un espacio vulnerable y se nutra de tramas y texturas que, partiendo de relaciones aleatorias, encuentren sentido al acontecer”. 

- ¿Cómo retomaste la carrera artística? 

- Cuando me recibí de abogada, continué estudiando en Estados Unidos. En esa etapa, ya retomé mis dibujos y pinturas y, sin analizarlo en ese momento, hoy entiendo que ese quehacer era esencial en mí para no desdibujarme, para no correrme irremediablemente de mi eje. Mi trabajo artístico, aún antes de desarrollarlo en forma profesional, era mi refugio y mi forma de mantenerme a flote. La práctica profesional del Derecho, en un momento, lo abarcó prácticamente todo. Me aferré a la pintura. En la minuciosidad del trabajo al óleo, entre pinceles y espátulas, era el espacio que encontraba para seguir dialogando conmigo misma, con mi necesidad. Sabía que la decisión de comprometerme definitivamente con mi arte era inevitable para mí. La demoraba en parte por el miedo a la inseguridad económica. Sin embargo, hoy creo que, si bien esto era un factor influyente, no era el motivo con más peso. Hoy pienso que, sin saberlo, de a poco, el no haber dado lugar a mi verdadera vocación, me había transformado en una persona que funcionaba en modo automático. Y encuentro que esa instancia es enormemente traicionera y peligrosa. Me atrapó en un momento. Cuando pude salir, ya no hubo vuelta atrás. 

La noticia del cáncer la impulsó al cambio de vida

Cynthia considera que está conectada con su cuerpo, que escucha sus necesidades. “Cuando trabajo con mis obras, las manos, la espalda, los ojos, se funden con las herramientas. Pero, cuando funcioné en forma autómata, mi cuerpo mismo pasó a ser algo casi ajeno a mí. Y mi cuerpo, se adelantó a lo que mi cabeza, no terminaba de decidir”, relata.  

“Me enfermé de cáncer. Y la noticia llegó cuando nacía mi tercera hija. Me golpeó, pero sabía que, de alguna manera, me venía traicionando a mí misma desde hacía mucho tiempo”, dice. Cree que el cuerpo le pasó esa factura, le envió una señal contundente. 

“Transité ese camino con mucha esperanza, y rodeada del inmenso amor de mi familia y amigos. Sabía lo que debía soltar, y sabía muy bien lo que debía abrazar. Esta vez sin excusas, sin demoras”, dice. “El arte, para mí, está en mi esencia. Es lo que me sostiene y me ayuda a ser mejor persona. El lugar donde descubro mis silencios en medio del caos, la fuerza que nace de mis estados más vulnerables, donde trabajo las heridas desde un espacio de luz y trascendencia. Y vuelvo a ser esa niña”. Habla de esa niña que entraba en su mundo, el mundo del arte que hoy la abraza y la cura. 

Uno de los cuadros de Cynthia Miguel.

Uno de los cuadros de Cynthia Miguel. - Créditos: Gentileza

Dónde podés ver su exposición 

Cynthia Miguel expone la muestra “Festival”: la fascinación por los metales preciosos y la textura de lo imperfecto, en una vuelta a lo natural. La artista utiliza diferentes técnicas, incluyendo encáustica y collage y una textura que invita al tacto. Inauguró el 22 de mayo, en Roldán José María (Libertad 1033, CABA). Entrada libre y gratuita. 

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