
Posting zero: por qué cada vez más personas eligen no mostrar su vida en redes
Del oversharing al silencio digital: una nueva tendencia propone dejar de postear como forma de recuperar lo íntimo, escapar del cansancio del feed y volver a vivir sin cámara en mano.
19 de enero de 2026

Posting zero: por qué cada vez más personas eligen no mostrar su vida en redes - Créditos: Getty
Fotos del viaje de egresados, el primer día en la universidad, una cena improvisada con amigas... Antes, cuando las redes todavía eran espontáneas y verdaderamente sociales, subíamos todo sin pensar. Hoy, en cambio, la frase “si no lo subiste, ¿realmente pasó?” perdió sentido: publicar dejó de ser un juego para convertirse en una tarea más, en un ritual que exige intención, estética y estrategia.
En redes dominadas por marcas y creadores que producen contenido casi profesional y cada vez más pulido, los usuarios dejan de participar y pasan a mirar, se convierten en espectadores de un feed profesionalizado, predecible y poco espontáneo. Cada vez más lejos de lo genuino, lo orgánico se diluye y, ante esa saturación, el silencio aparece como una forma de resistencia, incluso de los perfiles más buscados. Pasamos del oversharing al ghosting digital. Archivamos fotos, dejamos de postear, cerramos perfiles y así surge la tendencia del posting zero: la decisión de dejar de contar nuestra vida online y, quizá sin buscarlo, dar paso al final de una era.
¿QUÉ ES EL POSTING ZERO Y DÓNDE NACE?

Posting zero: por qué cada vez más personas eligen no mostrar su vida en redes - Créditos: Getty
Durante años, las redes sociales nos invitaron a compartir cada momento, cada viaje, cada comida. El mundo digital nos empujó al “más es más”: más posteos, más visibilidad, más validación. Un poco agotador, ¿no? Lo era, y lo es, pero algo empezó a cambiar. El algoritmo se volvió impredecible, el contenido se volvió repetitivo y excesivo y la exposición constante se volvió cansadora.
En un artículo publicado en The New Yorker, el periodista Kyle Chayka propuso el término posting zero para describir este fenómeno creciente: el deseo de no compartir nada. De volver al silencio. No por falta de experiencias, fiestas, comidas o momentos importantes en nuestra vida, sino por falta de ganas de exponerlos. Porque en un entorno saturado de contenido, el acto más disruptivo puede ser no publicar nada.
DEL OVERSHARING AL SILENCIO
En los primeros años de las redes, la autenticidad era sinónimo de mostrarlo todo. El oversharing se convirtió en una forma de conexión, pero también de exposición extrema. Con el tiempo, lo que parecía genuino y real comenzó a sentirse forzado. Inventarse un contenido para cada día comenzó a ser agotador, mostrar vulnerabilidad empezó a sentirse parte de la estrategia, ser real también se convirtió en una pose y muchos hoy deciden dejar de posar y, en consecuencia, de postear.
Hartas de ver tanto contenido, el oversharing nos cansó, el content fatigue nos alcanzó y derivó en silencio, en dejar de “existir” en redes sociales. Hoy la pregunta no es “si no publico, ¿existo?”, sino “¿para qué publico?, ¿para quién?, y ¿con qué propósito?”. Como dejó de haber una respuesta clara, preferimos no hacerlo. La analista de tendencias Gaba Najmanovich lo explica así: “Los consumidores se cansaron de que sus espacios de ocio y conexión se disputen constantemente su atención. Estamos entrando en una era post redes sociales”.
EL AUGE DE LOS CLOSE FRIENDS
En este nuevo escenario, los círculos cerrados ganan protagonismo. Las listas de close friends, los perfiles privados y los finstas (cuentas secundarias solo para personas de confianza) permiten recuperar el placer de subir contenido sin pensarlo ni exponerse tanto, y permiten —como explica Gaba— “tomar el control de cómo se está en redes”.
La idea de compartir para todos se reemplaza por la de compartir con pocos. O, directamente, con nadie. El contenido se convierte en algo más íntimo, menos producido, más humano. Se vuelve a la sensación inicial de las redes sociales, en la que no se dudaba tanto antes de apretar “publicar”. Hoy, se prioriza la seguridad emocional por sobre la exposición pública.
Menos feed, más mensajes
Al dejar de publicar, los usuarios migran hacia espacios más íntimos: mensajes privados, grupos pequeños, notas de voz. Lo social pasa de lo público a lo conversacional. El feed pierde terreno frente a las interacciones privadas y un gran reflejo de esto es la última actualización de Instagram, en la que lanzaron un rediseño importante en su interfaz: la pestaña de mensajes directos (DM) —históricamente relegada en un rincón— fue movida al centro de la barra inferior de navegación, ocupando la posición que antes tenía el botón de “publicar”.
El mismo Adam Mosseri, director de la plataforma, explicó: “Estamos organizando la app en torno a lo que la gente usa más, que cada vez más son reels y DM”. Este simple reordenamiento simbólico (y funcional) dice mucho: ya no es tanto el post público, lo central es la conversación privada, los videos cortos y las interacciones directas. Al cambiar la interfaz, la plataforma facilita ese desplazamiento hacia lo privado, pero también lo vuelve normativo: lo “normal” ya no es postear, sino chatear o ver reels.
Quiénes cambian el paradigma
La Generación Z y, todavía más, la Generación Alfa son las protagonistas de este cambio. Crecieron frente a una cámara, pero hoy eligen la privacidad y están reescribiendo las reglas del juego digital. Según un informe de GWI (2024), el 58% de los usuarios de entre 16 y 24 años prefieren usar redes como forma de entretenimiento o consumo pasivo, pero no necesariamente para publicar su propia vida.
Este cambio silencioso es la respuesta al agotamiento digital, a la presión de performar constantemente y al deseo de preservar algo propio en medio del ruido. La Gen Z y la Alfa dieron el primer paso y el resto de las generaciones parece estar siguiendo su ritmo. La autenticidad ya no se mide en likes, sino en la capacidad de decidir qué no mostrar. “Mucha gente más joven está reconfigurando su vínculo con las redes. Hay una movida incipiente que prefiere vivir la vida offline, o al menos sin la necesidad constante de mostrarse”, señala la experta en tendencias Ximena Díaz Alarcón.
Perfil limpio
El gesto de tener un perfil prácticamente vacío —con 0 posts, o apenas una foto simbólica y una biografía mínima— se convirtió en un nuevo signo de distinción y una declaración: quien tiene algo que decir, no necesita mostrarlo todo. Milo J en la escena local, o Bad Bunny a nivel global, son ejemplos de este “statement del silencio”.
Pese a su popularidad, sus cuentas oficiales tienen unas pocas publicaciones —o ninguna—. Su “perfil silencioso” es un modo de reapropiarse del control sobre su narrativa digital y un recordatorio potente de que, a veces, lo que no se muestra puede resonar más fuerte.
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