
El silencio digital: el fenómeno que crece en el mundo de las redes sociales
Mientras que en algún momento resultaba imposible pensar vivir una experiencia sin compartirla en redes sociales, cada vez son más las personas que dejan de postear y convierten sus perfiles en cuentas silenciosas.
5 de enero de 2026 • 10:47

Cada vez son más las personas que se van al "silencio" en redes sociales. - Créditos: Canva
Durante años, vivimos bajo una lógica que se fue instalando de manera silenciosa, pero contundente: si una experiencia no se registraba en redes sociales, parecía no haber ocurrido del todo. Un viaje, un paisaje, incluso un desayuno cualquiera, tenía que convertirse en imagen para adquirir existencia en la economía de la atención, en donde lo que vale no es lo que hacemos, sino lo que otros ven que hacemos. Esto se convirtió en una forma de construir identidad.

Vivir una experiencia y postearla, se había convertirdo en la rutina más común. - Créditos: Canva
Las plataformas pedían visibilidad constante, y nosotros organizamos la vida entera para producirla. Creamos experiencias “instagrameables”, nociones como “storyficar”, “autobranding” o incluso el famoso FOMO, que no describen la vida tal como ocurre, sino la presión de vivirla de un modo que pueda ser registrado y exhibido en nuestra versión del “superyó” digital.
Hoy, ese modelo empieza a mostrar sus grietas. No dejamos de usar las redes, pero algo del impulso performativo se desgasta. Se sube menos contenido, para grupos más cerrados, se duda antes de postear. No está claro si es cansancio, saturación o intuición de que la vida no puede sostenerse como espectáculo permanente.

Las cuentas "fantasma" crecen en el mundo de las redes sociales. - Créditos: Canva
En ese corrimiento se filtra una incomodidad nueva: la sensación de que, durante años, actuamos para una audiencia difusa que dictaba cómo debíamos narrarnos. Muchas experiencias fueron vividas a medias, pendientes de su registro, y ahora aparece la duda: ¿cuánto de lo que mostramos tenía que ver con deseo propio y cuánto con responder a una demanda externa?
Quizás este giro no sea una renuncia a las redes, sino un modo de tantear sus bordes. Una forma provisoria de marcar que la vida también ocurre fuera del registro, incluso cuando no sabemos del todo cómo sostener esa distancia. ¿Qué queda de una experiencia cuando no la mostramos?, ¿qué parte de nosotras se libera cuando dejamos de narrar en tiempo real?, ¿hasta dónde estamos dispuestas a seguir ofreciéndole nuestra atención a un sistema que parece solo devolver frustraciones y ansiedad?
En tiempos de burnout afectivo, este silencio podría estar diciéndonos algo que todavía no sabemos nombrar.

Agustina Kupsch Antropóloga, estratega cultural, y cuestionadora serial. Fundó Panóptico Cultural y conduce el podcast norma(l)mente.
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