“La madre es la vida”: qué significa esta frase y cómo puede transformar el vínculo con mamá

Jazmín Gulí, psicóloga y especialista en Constelaciones Familiares, explica cómo trabajar el vínculo con la madre en la adultez y qué significa aceptar a la madre real.

Por Redacción OHLALÁ!

2 de octubre de 2026, 13:10

madre e hija
“La madre es la vida”: qué significa esta frase y cómo puede transformar el vínculo con mamá - Getty

La relación con la madre puede ser uno de los vínculos más significativos de nuestra historia. También puede ser uno de los más complejos. Expectativas, heridas, reclamos, ausencias y diferencias pueden permanecer durante años y reaparecer en la vida adulta, incluso cuando creemos que ya quedaron atrás.

Desde la mirada de las Constelaciones Familiares, ese vínculo ocupa un lugar central. Jazmín Gulí, licenciada en Psicología y especialista en Constelaciones Familiares, explica que los primeros momentos de nuestra existencia dejan una marca en la manera en que construimos nuestros vínculos. Según plantea, ese impacto puede expresarse en la vida de relación y también en la manera en que nos vinculamos con el dinero.

Para este abordaje, además, existe una idea central: “La madre es la vida”. ¿Qué significa? ¿Qué pasa cuando llegamos a la adultez todavía cargando resentimiento o esperando de nuestra madre aquello que sentimos que no nos dio?

“La madre es la vida”: qué significa esta frase

Desde la perspectiva de las Constelaciones Familiares, la relación con la madre comienza incluso antes del nacimiento. “Desde el instante en que una mujer se entera de su embarazo, comparte todo con el hijo: su vida, su cuerpo y su alimento en una entrega absoluta”, explica Gulí.

Para la especialista, esa experiencia de gestación, en la que el bebé depende completamente de la madre, es la que da origen a una de las máximas de este abordaje: “La madre es la vida”.

La idea no supone que todas las experiencias maternas sean iguales ni que el vínculo esté exento de conflictos. Por el contrario, uno de los puntos que plantea Gulí es justamente cómo hacer lugar a la historia real de cada madre, con sus posibilidades, errores y limitaciones.

“Gracias por la vida, lo demás lo hago yo”

Hay una frase que suele utilizarse como cierre en un proceso de constelación: “Gracias por la vida, lo demás lo hago yo”.

Para Gulí, esta expresión no busca que el hijo “libere” a su madre de sus responsabilidades ni que asuma una función que no le corresponde. El movimiento, explica, ocurre en quien pronuncia la frase.

“Es fundamental cuidar la posición que adoptamos al buscar sanar el vínculo con los padres. Lo primero es reconocernos como hijos (los pequeños) y a ellos como padres (los grandes)”, señala.

Desde esta perspectiva, la madre no necesita que el hijo la salve o la libere. Lo que cambia es la posición del adulto frente a su propia historia: “Se libera quien enuncia la frase sintiéndola desde el corazón”, sostiene Gulí.

Dejar de buscar a la madre ideal

Uno de los puntos centrales del planteo de la especialista es diferenciar a la madre imaginada de la madre real.

Durante la infancia, explica, la familia es el mundo que conocemos. Las dinámicas que existen dentro de ese hogar pueden parecernos naturales, incluso cuando son disfuncionales. La comparación con otras familias aparece más adelante.

Por eso, cuando una persona adulta mira hacia atrás, puede encontrarse todavía esperando a aquella “madre ideal” que construyó en su fantasía infantil.

Para Gulí, sanar el vínculo implica poder abandonar esa expectativa y mirar a la persona que efectivamente estuvo allí. “Cuando dejamos de exigir la ‘madre ideal’ que construimos en nuestra fantasía infantil, podemos ver y agradecer a la ‘madre real’ que nos dio el regalo más grande posible: el soplo de la vida”, plantea.

Y agrega una idea que resume buena parte de su propuesta: “Todo lo demás nos toca construirlo nosotros”.

Qué pasa con el resentimiento hacia la madre

¿Qué sucede, según este enfoque, cuando una persona llega a la adultez con resentimiento o juicio hacia su madre?

Gulí sostiene que esa postura puede trasladarse a otros ámbitos de la vida. “Generalmente, replicará esa misma postura ante la vida y sus relaciones de pareja; se convierte en una posición existencial que se trasluce en sus frases y opiniones”, explica.

Según su mirada, también puede aparecer una sensación de falta de vitalidad o una tendencia a reproducir en el trabajo y en la profesión dinámicas similares a las del reclamo hacia la madre.

La especialista vincula además esta dificultad con la manera en que algunas personas se relacionan con el dinero y la abundancia. Según plantea, puede expresarse tanto en el derroche como en la carencia.

“Si hay resentimiento y juicio hacia la madre, la persona no logra valorar realmente la vida que la habita”, afirma.

Aceptar no es resignarse

Una distinción que Gulí considera fundamental es la que existe entre aceptación y resignación.

Aceptar la propia historia, desde su perspectiva, no significa aprobar todo lo ocurrido ni negar el dolor. Tampoco supone decir que aquello que sucedió estuvo bien.

La aceptación, explica, tiene un carácter activo: permite reconocer la historia tal como fue y, a partir de ahí, tomar decisiones propias. La resignación, en cambio, implica una posición pasiva frente a aquello que ocurrió.

“Al asentir a la propia historia como parte de la misteriosa trama que a cada uno le toca, la persona queda libre para actuar a su modo”, plantea.

¿Cuál es el primer paso para sanar el vínculo materno?

Para Gulí, el punto de partida es sencillo de nombrar, aunque no necesariamente fácil de transitar: tener un deseo genuino de sanar ese vínculo.

“Es fundamental el anhelo genuino de querer sanar este vínculo primordial y fundacional”, afirma. Al mismo tiempo, advierte que no siempre alcanza con la voluntad individual y que puede ser necesario recurrir a un profesional.

Desde su perspectiva, las Constelaciones Familiares pueden aportar una mirada transgeneracional para trabajar estas dificultades. Según explica, aquello que una persona vive como un problema en el vínculo con su madre puede estar relacionado, dentro de este abordaje, con dinámicas de generaciones anteriores y no necesariamente exclusivamente con el linaje materno.

El objetivo no sería borrar la historia ni convertirla en otra, sino poder mirarla de una manera diferente.

En ese recorrido, la propuesta de Gulí es dejar de perseguir a la madre que hubiera sido ideal tener y comenzar a reconocer a la madre real. No para negar las heridas, sino para que la propia vida adulta pueda construirse sin quedar atada para siempre a aquello que faltó.

Experta consultada: Jazmín Gulí, licenciada en Psicología (M.N. 13.175) y especialista en Constelaciones Familiares. IG: @jazminguli

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