Vivimos en un presente acelerado y fragmentado, donde buscamos atajos para todo: para pensar y también para vincularnos. En ese contexto, es lógico que los vínculos estén cambiando. Lo virtual prometió conectarnos y facilitar el encuentro. Pero después de la pandemia algo se movió: muchas personas empezaron a valorar otra vez los vínculos más reales, más profundos, incluso más demandantes. Esas conexiones que no se resuelven con un clic: necesitamos volver a encontrarnos, mirarnos, tocarnos.
Al mismo tiempo, la soledad se volvió tema global. Gobiernos la declaran un problema de salud pública y el mercado la lee como oportunidad: apps para generar encuentros, regreso de eventos presenciales, clubes sociales curados, startups que prometen combatir el aislamiento mientras también monetizan la sociabilidad. Son intentos de resolver una crisis vincular que ya muestra impacto en la salud mental.
A nivel industria y consumo, vamos a ver todo un reaprendizaje en lo vincular que implica, en su faceta más visible, una vuelta a lo presencial, a los vínculos más lentos, pero no solo eso, también habrá una necesidad de dinámicas que busquen otro tipo de compromisos, aunque con flexibilidad y acorde a estos tiempos. Vamos a ver más servicios y actividades IRL (in real life), pero también crece la demanda y la búsqueda del llamado “tercer espacio” (lugares para la interacción social fuera del hogar o el trabajo): clubes de fitness, de bienestar, clubes privados para hombres o mujeres, servicios de viajes con amigos y también una reivindicación de los espacios e identidades culturales y barriales.
Por otro lado, las mascotas ganan un lugar central en el hogar y hasta transforman la fisonomía urbana. Libros de autoayuda para dueños de mascotas, guías pet-friendly de la ciudad, “tenencias compartidas”, Prozac para animales y hasta un mercado de variadas opciones funerarias para mascotas, son solo algunos de los tantos ejemplos de productos y servicios que ofrece el sector pet-friendly.
Por aquí, en la ciudad de Buenos Aires hay una mascota cada dos hogares, y hay aproximadamente 1,95 mascotas por cada menor de 10 años, marcando el rol cada vez más preponderante que los animales tienen en nuestra cultura, así como su impacto socioeconómico. Pero el segmento mascotero no solo apunta los animales, también a sus dueños, con espacios gastronómicos, festivales, retiros y hoteles pet-friendly pensados para hacerles la vida más fácil a los nuevos “mapadres” de las mascotas.
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